Aunque la guerra en Irán y su impacto inflacionario en la energía se configura como uno de los riesgos más relevantes para la economía de Estados Unidos, justamente el dato que debiera mostrar el impacto fue el que destacó positivamente en la lectura preliminar del Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre.
La actividad de la primera economía mundial se ralentizó desde el avance de 2,1% en los primeros tres meses a un 1,5%, cifra que además quedó por debajo de las estimaciones de 2% a las que apuntaba el mercado.
La desaceleración obedeció al giro negativo del gasto público y a un menor impulso de las exportaciones y de la inversión; además, el fuerte aumento de las importaciones restó aproximadamente 1,5 puntos porcentuales al PIB.
Sin embargo, el gasto de los consumidores se aceleró notablemente, al crecer 2,1% anualizado en el segundo trimestre, frente al 0,4% del período anterior.
La fortaleza del consumo de los hogares se explicó, en parte, por un mayor gasto en bienes durables, particularmente vehículos y muebles. En el sector servicios, los consumidores incrementaron el gasto en categorías discrecionales como ocio, restauración y alojamiento.
Además, en junio el gasto en eventos deportivos aumentó un 23,4%, lo que probablemente refleja la demanda generada por la Copa Mundial de Fútbol.
Para el economista de Capital Economics, Bradley Saunders, “la cifra del PIB del segundo trimestre subestima seriamente la salud de la economía”, marco en el que considera que “la desaceleración no modificará la opinión de la Fed sobre una expansión a un ritmo sólido”.
Si bien el economista senior de Barclays, Pooja Sriram, destacó que los consumidores “ignoraron las presiones inflacionarias y siguieron adelante”, planteó: “La pregunta es cuánto tiempo más podrán hacerlo”. A su juicio, hay que tener presente que “las devoluciones de impuestos se han agotado y el aumento de los ingresos se está desacelerando, por lo que ese margen de maniobra al que nos referimos se reducirá en el próximo trimestre”.