¿Por qué Estados Unidos tiene tanto miedo al Brexit?
La salida provocaría una reacción en cadena que podría dar lugar a la desintegración de la UE. Eso a su vez podría desencadenar el hundimiento de la alianza transatlántica.
Por: Edward Luce, Financial Times
Publicado: Miércoles 15 de junio de 2016 a las 16:49 hrs.
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¿Por qué Estados Unidos tiene tanto miedo al Brexit? Para los que tengan dudas de ello, he aquí algunos ejemplos: nunca antes un presidente estadounidense en ejercicio había visitado un país demócrata amigo para intentar influir en unas elecciones; tampoco hasta ahora 13 ex secretarios de Estado y de Defensa habían corrido el riesgo de enviar una carta a un electorado extranjero con la misma intención. Y lo mismo han hecho ocho ex secretarios del tesoro y cinco antiguos comandantes supremos de la OTAN. El poder político de Estados Unidos no sólo ha infringido la regla de no interferir en el referéndum del Brexit, sino que además se ha manifestado totalmente en contra de la salida de la UE. Si no supiéramos cual es su verdadera situación, podría parecer que el Reino Unido es un país de enorme importancia para el futuro del mundo.
Aunque esa idea pueda ser seductora, especialmente para un británico que vive en Washington, hay un subtexto nacional que se puede resumir en dos palabras: Donald Trump. Si los británicos son lo suficientemente tontos como para salir de Europa, tal vez los estadounidenses estén lo suficientemente locos como para elegir a Trump. Por supuesto, nadie afirmaría que habrá una relación causal entre lo ocurra en Gran Bretaña el 23 de junio y el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre. La mayoría de los votantes estadounidenses nunca han oído hablar del Brexit. Y si hubieran oído hablar de él, tampoco tendrían una opinión fuerte a favor o en contra.
Sin embargo, hay bastantes conexiones que preocupan a las élites asediadas de Estados Unidos. Al igual que las compañías discográficas estadounidenses prueban sus productos en el mercado británico o las productoras de televisión compran los programas que funcionan allí, el referéndum del Brexit se ha convertido en un globo sonda de la salud de la democracia occidental. La comedia distópica The Office cautivó a los espectadores británicos. Poco tiempo después, la versión estadounidense logró un éxito similar. Por otra parte, durante décadas las tendencias políticas en Estados Unidos y en el Reino Unido se han ido siguiendo una a la otra. Margaret Thatcher llegó al poder en 1979, el año antes de que Ronald Reagan fue elegido presidente. Los Nuevos Demócratas de Bill Clinton allanaron el camino en 1992 para el Nuevo Laborismo de Tony Blair cinco años después.
Los paralelismos demográficos entre los partidarios del Brexit y de Trump también son muy cercanos, casi inquietantes. Sus motivos son igualmente simplistas. Para los defensores del Brexit salir de Europa es lo mismo que para los defensores de Trump construir un muro con México: una guillotina para el multiculturalismo cacofónico de la vida del siglo XXI. Desde un punto de vista empírico, el hermoso muro de Trump no es diferente del espléndido aislamiento de Boris Johnson, el principal defensor del Brexit: ambas son ilusiones imprudentes. Pero desde el punto de vista poético, ofrecen una solución limpia a las alienaciones de la sociedad posmoderna. Winston Churchill dijo en broma que Gran Bretaña y Estados Unidos estaban divididos por una lengua común. Hoy en día, los obreros blancos de ambos lados del Atlántico hablan el mismo idioma. Ambos anhelan la seguridad de una era perdida.
También ambos confían en la jerga legal engañosa de sus principales plutócratas. Johnson quiere liberar el Reino Unido de una red a menudo ficticia de reglas europeas. Trump insiste en que sólo se opone a los hispanos ilegales. Al parecer, los legales son bienvenidos. No obstante, su verdadero atractivo se basa en el populismo nacionalista. Ambos condenan legítimamente la hipocresía de las élites a las que se oponen.
Cameron se comprometió a limitar la inmigración neta en el Reino Unido a 100.000 personas al año, promesa que no cumplió. Sucesivos gobiernos estadounidenses prometieron reforzar las fronteras de Estados Unidos, pero luego ofrecieron una amnistía. La mejor prueba de cuáles son las condiciones del mercado es la lucha entre la hipocresía de las élites y la sinceridad populista en Gran Bretaña.
Y luego está el futuro de Occidente. En su visita al Reino Unido en abril, Barack Obama pronunció un discurso elocuente sobre el papel que desempeña Gran Bretaña en Europa. Recordó a los británicos que la visión de una Europa unida la concibió Churchill como un medio para evitar que hubiera una tercera guerra mundial. Pero las palabras de Obama tuvieron un matiz más grandioso, incluso romántico, que Cameron nunca podría emular. El primer ministro británico ha denigrado tanto a Europa -y ha compartido las preocupaciones de los que están en contra de la inmigración- que si la defendiera ahora no sería creíble; por eso le pidió a Obama que lo hiciera por él. También hay que señalar que Cameron ha contratado a Jim Messina, el director de la campaña de la reelección de Obama en 2012, para que su estrategia económica contra el Brexit basada en el miedo funcione; incluso los jefes de producto son intercambiables.
Aparte de hacer un favor a un amigo, Obama tenía otros motivos más importantes. Las elites de Washington temen, con razón, que el Brexit podría provocar una reacción en cadena que podría dar lugar a la desintegración de la UE. Eso a su vez podría desencadenar el hundimiento de la alianza transatlántica. El poder global de Estados Unidos siempre ha sido magnificado por la fuerza de sus alianzas. El aislamiento auto-infligido de su más cercano aliado europeo podría constituir el comienzo de una gran ruptura.
En este aspecto Trump también es un aguafiestas con influencia negativa. Por primera vez desde que se formó la OTAN, en Estados Unidos hay un candidato presidencial al que le sería indiferente la desaparición de la alianza militar. Por otra parte, Trump es la única figura pública del país que apoya la salida de Gran Bretaña de la UE. "Oh, sí, creo que deberían salir", dijo recientemente. Y añadió que sería decisión de Gran Bretaña quedarse sola e ir por su cuenta. Esto último es cierto. Pero la indiferencia de Trump es lo que preocupa a Washington. Hay momentos en la historia en los que todo lo que es sólido se derrite y se desvanece en el aire. ¿2016 será uno de esos momentos?
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