Jerome Powell afirmó que la Reserva Federal atraviesa una “prueba de estrés” que amenaza la fortaleza y estabilidad de la mayor economía del mundo, al sostener que los intentos de Donald Trump por destituir a autoridades del banco central socavan el Estado de derecho.
Powell, quien la semana pasada volvió a desempeñarse como gobernador de la Fed tras un período de ocho años como presidente de la institución, señaló el domingo en Boston que el banco central está “como muchas otras instituciones está sometido a una prueba de estrés”.
“Si alguna administración encuentra una forma de remover a autoridades de la Fed por discrepancias de política, entonces las futuras administraciones harán lo mismo”, agregó durante un discurso al recibir el Premio John F. Kennedy al Coraje Público de este año.
“El público perdería la confianza en que el banco central toma decisiones basadas únicamente en lo que es mejor para todos los estadounidenses. La credibilidad de la Fed se perdería. Esa credibilidad permite a la Fed respaldar una economía fuerte y estable”.
Powell agregó que “las diferencias políticas partidistas son normales —e incluso esenciales— en una democracia dinámica. Pero deberíamos estar unidos en nuestro compromiso con los principios superiores que definen a nuestra nación. El principal de ellos es el respeto por el Estado de derecho”.
“Otros países nos conocen como una nación construida sobre la integridad, y esa integridad debe mantenerse”, afirmó Powell en sus primeras declaraciones públicas desde que dejó la presidencia de la Fed. “El Presidente Kennedy defendió esa tradición y se resistió a la expansión del autoritarismo, que es la antítesis de los valores estadounidenses”.
Powell añadió: “Él abrazó y trabajó para fortalecer el sistema de acuerdos económicos y de seguridad internacionales que ha estado vigente durante cerca de 80 años, acuerdos que han respaldado la democracia y la libertad y que han servido extremadamente bien a Estados Unidos y al mundo”.
Los ataques
Powell no mencionó directamente en su discurso a Trump, quien lo ha calificado de “idiota” y “estúpido” por negarse a reducir drásticamente los costos de endeudamiento en Estados Unidos.
Jeanine Pirro, fiscal federal del Distrito de Columbia y aliada de Trump, también abrió una investigación penal contra Powell por la gestión de una remodelación de US$ 2.500 millones de la sede de la Fed. Desde entonces, el Departamento de Justicia transfirió la responsabilidad de investigar sobrecostos por US$ 700 millones en el proyecto al inspector general del banco central.
Trump también intentó destituir a la gobernadora de la Fed Lisa Cook por acusaciones de fraude hipotecario, cargos por los que aún no ha sido formalmente acusada. Cook, quien ha negado las imputaciones, obtuvo autorización de la Corte Suprema para permanecer en el organismo mientras los jueces preparan su pronunciamiento sobre la demanda presentada contra el mandatario.
La Fed mantiene el derecho a fijar las tasas de interés sin presiones del poder ejecutivo y responde ante el Congreso.
Tras concluir su mandato como presidente de la Fed en mayo, Powell adoptó la inusual decisión de permanecer como gobernador, convirtiéndose en el primer exlíder de la institución en seguir en el banco central durante casi 80 años. Su decisión estuvo motivada por la preocupación ante las amenazas de la administración a la independencia de la Fed.
Durante la ceremonia de juramento de Kevin Warsh, sucesor de Powell, Trump declaró en la Casa Blanca que quería que el nuevo presidente de la Fed fuera “totalmente independiente”.
“Quiero que sea independiente y que simplemente haga un gran trabajo. No me mire a mí ni a nadie más. Haga lo suyo”, señaló el mandatario pocos minutos antes de que Warsh asumiera el cargo ante el juez de la Corte Suprema Clarence Thomas.