Londres
Ukrainian Armor, que el año pasado comenzó a producir proyectiles de artillería con calibre OTAN, perdió dos plantas de fabricación en 2022 cuando las fuerzas rusas tomaron partes de la región de Zaporiyia.
Cuatro años después, su gerente general Vladislav Belbas señaló que la empresa con sede en Kiev ha aumentado la producción hasta el punto de que un contrato estatal anual de morteros se cumplió en apenas seis meses de 2026. “Para 2025 alcanzamos un punto en que el presupuesto ucraniano no puede permitirse adquirir todo lo que los fabricantes ucranianos pueden producir”, afirmó.
El giro da cuenta de la notable resiliencia de las empresas ucranianas, y de su economía en general, mientras enfrentan el impacto de la mayor invasión terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La invasión rusa no logró desencadenar un colapso económico total, ni un tipo de crisis bancaria como la que siguió a la anexión de Crimea por parte de Moscú en 2014. Tras la contracción del producto en 2022 inducida por la invasión, el PIB ha aumentado cada año.
El Banco Central de Ucrania prevé que el crecimiento repuntará en 2027 y 2028, tras mantenerse estable en 1,8% este año.
“El crecimiento puede no ser extraordinario, pero es sólido bajo circunstancias extremadamente difíciles”, señaló Dimitar Bogov, economista jefe para Ucrania en el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD).
La velocidad de la innovación tecnológica en curso en Ucrania -en particular en sus programas de drones de última generación- ha tomado por sorpresa tanto a los socios del país como a sus enemigos.
El golpe de la guerra
Sin embargo, la historia de crecimiento no puede ocultar el vasto daño económico infligido a una nación que sigue dependiendo en gran medida del gasto público, con sectores vinculados a la guerra impulsando buena parte de la expansión.
El PIB real aún se sitúa 21% por debajo de sus niveles de 2021 y más de 40% por debajo de los niveles de comienzos de la década de 1990. El país registró el año pasado un amplio déficit en cuenta corriente de poco menos de 15% del PIB, y se proyecta una inflación de 7,5% en 2026.
El apoyo presupuestario occidental sigue siendo crítico para mantener a flote el sector público. Los líderes de la Unión Europea (UE) acordaron en diciembre un acuerdo para prestar 90 mil millones de euros a Ucrania, proporcionando al país un salvavidas para financiarse durante los próximos dos años.
Pero Hungría introdujo un elemento de incertidumbre el viernes, cuando se opuso a que el presupuesto de la UE se utilizara para recaudar los fondos. Un nuevo préstamo de US$ 8.100 millones que el FMI debiera aprobar esta semana también podría verse afectado por el veto húngaro.
“Sin ese apoyo, la economía ucraniana muy probablemente colapsaría, o al menos no mostraría tal resiliencia y recuperación”, según Maksym Samoiliuk, economista del Centro para la Estrategia Económica (CES) en Kiev.
Cuatro años de combates han reconfigurado drásticamente la economía ucraniana, dejando secuelas que persistirán durante décadas más allá de la guerra actual, estiman los analistas.
El conflicto ha envuelto grandes partes del este y el sur del país, donde se ubican algunas de las tierras más fértiles del país, así como sus centros de industrias pesadas. Las exportaciones de sectores clave -en particular agricultura y metales- se desplomaron frente a la ofensiva rusa, mientras millones huyeron del país.
Una encuesta de la Asociación Empresarial Europea publicada en noviembre reveló que 74% de los representantes empresariales experimentaron escasez significativa de personal, mientras que solo 5% indicó no tener escasez alguna. Esto está llamado a limitar el potencial de crecimiento del país, ya que contribuye a déficits de habilidades.
“La escasez de mano de obra será el desafío permanente de Ucrania en el futuro”, afirmó Olena Bilan, economista jefe de Dragon Capital, un destacado grupo de inversión ucraniano.
Las perspectivas del país tras la guerra dependerán no solo de la demografía, sino también de la capacidad de Ucrania para cumplir con las reformas anticorrupción y con los compromisos de reformar y modernizar el sistema tributario.
La presencia de garantías de seguridad también será crítica para las perspectivas de crecimiento, como han mostrado experiencias económicas previas de posguerra.