David Cameron, primer ministro británico, está dispuesto a
colaborar en el rescate de Irlanda, aunque Reino Unido no sea parte de la zona
euro y pese a la tradicional aversión de los votantes a la implicación de
Downing Street en los problemas del resto del continente.
En esta ocasión, los lazos comerciales de Reino Unido e
Irlanda y la exposición de los bancos británicos a la economía de la isla
vecina hacen que Cameron esté dispuesto a sumarse al plan de ayuda. "Tenemos
una economía abierta y la estabilidad o inestabilidad de otros países tiene un
impacto en Reino Unido", dijo un portavoz de Downing Street para justificar el respaldo
británico al lanzamiento de un salvavidas a Irlanda.
En función del mecanismo europeo que se active, el Gobierno
británico podría poner sobre la mesa hasta 6.000 millones de libras (US$ 9.666
millones). Mientras, los inversores de la City dan por segura la
puesta en marcha del plan de ayuda a Irlanda. "Creemos que un programa de la UE
y el FMI va a ser necesario", dice Antonio García Pascual, economista de
Barclays en Londres.
"Las preocupaciones sobre la estabilidad financiera en
Irlanda y el potencial contagio a otros países de la periferia hacen probable
el uso del plan de ayuda". Ben May, de Capital Economics, indica que "la
presión de los mercados va a hacer que Irlanda pida ayuda, más pronto que
tarde, pese a disponer de liquidez".