Un activo poco habitual comenzó a aparecer en el radar de las AFP en abril: los denominados "bonos catástrofe" o "Cat Bonds".
De acuerdo con HMC Capital, este instrumento financiero funciona como un puente entre el mercado asegurador y el de capitales, permitiendo que un "patrocinador" -aseguradora o reaseguradora- traspase parte del riesgo asociado a eventos como desastres naturales o riesgos cibernéticos a los inversionistas que adquieren este tipo de bonos.
Así, en vez de mantener toda la exposición en su balance, el patrocinador emite un Cat Bond para que inversionistas, generalmente de largo plazo, asuman parte de ese riesgo a cambio de una prima más alta.
En abril, los fondos de pensiones chilenos invirtieron cerca de US$ 79 millones en vehículos ligados a este tipo de instrumentos, de acuerdo con la información agregada de la Superintendencia de Pensiones, reportada por HMC.
“Los Cat Bonds parten de una transferencia de riesgo desde, por ejemplo, un país, región, aseguradora o reaseguradora que tienen en su balance un riesgo muy grande y que no pueden cubrir por sí solos, asociado a un riesgo climático o a un riesgo no natural”, explicó a DF el jefe de fondos mutuos de HMC Capital Chile, Nicolás Fonseca.
Atractivo
La operación se realiza normalmente a través de una vehículo de propósito especial o “SPV”, donde el patrocinador paga un spread cuando transfiere ese riesgo al inversionista comprador de ese bono .
A cambio, el inversionista recibe una tasa base -generalmente vinculada al mercado monetario- más una prima adicional por asumir el riesgo de catástrofe.
Ahí está buena parte del atractivo. En un escenario donde los portafolios institucionales ya tienen alta exposición a renta fija tradicional, los Cat Bonds ofrecen una combinación difícil de encontrar: tasa flotante, spreads altos y baja correlación con acciones, bonos corporativos o deuda soberana.
“Los inversionistas llegan a este tipo de vehículos para diversificar. Primero, porque si uno mira las carteras de los inversionistas institucionales, principalmente en Chile, hay mucho de tasa fija, y estos vehículos ofrecen tasa flotante”, dijo el ejecutivo.
En términos de rendimiento, Fonseca señaló que estos instrumentos pueden entregar spreads de entre 500 y 700 puntos base (pb) sobre la tasa de referencia flotante en dólares SOFR. En algunos casos, eso puede llevar los retornos esperados a niveles de dos dígitos.
“Es difícil encontrar algo en los portafolios de las AFP que rente menos de 7% en dólares. Y, de hecho, si uno piensa en spreads de más de 700 puntos bases, estamos hablando de 11% en dólares en tasa flotante”.
El riesgo, sin embargo, no desaparece. Lo que cambia es su naturaleza. A diferencia de un bono corporativo, donde el inversionista evalúa si una empresa puede pagar su deuda, en un Cat Bond el foco está en si ocurre un evento extremo y si éste genera pérdidas suficientemente grandes como para activar la estructura.
Condiciones
Para que el inversionista empiece a perder capital, según HMC, el evento debe cumplir ciertas condiciones definidas en el contrato y provocar pérdidas económicas severas.
“Tienen que haber eventos extremos, por lo general. Obviamente, si hay un evento y tú tienes el bono que va a solucionar tal evento, hay un golpe. Pero la pérdida más grave empieza cuando ese evento realmente significa pérdidas muy grandes”, explicó Fonseca.
Por eso, para un inversionista institucional, el atractivo no está solo en el retorno, sino también en la descorrelación. Un Cat Bond no se mueve necesariamente por las mismas variables que afectan a una acción, un bono soberano o corporativo. Su desempeño depende más de la ocurrencia de eventos específicos que del ciclo económico global.
“Esto no se mueve ni con la tasa, ni con el crecimiento, ni con nada de lo que mueve a los otros activos financieros”, resumió el ejecutivo.
Por ahora el mercado todavía es acotado. Fonseca estima que bordea los US$ 65 mil millones a nivel global. Sin embargo, viene creciendo y podría seguir haciéndolo, tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda.
Por una parte, más aseguradoras, reaseguradoras, países y empresas necesitan protección ante eventos de baja probabilidad, pero de alto impacto. Por otra, los inversionistas buscan instrumentos con retornos atractivos, tasa flotante y baja correlación.
La tendencia no se limita solo a desastres naturales. También empieza a considerar riesgos no naturales, como ciberataques o terrorismo, ampliando el universo de eventos que podrían ser transferidos al mercado.
En Chile, el Estado no ha emitido directamente bonos catástrofe. Pero sí existen instrumentos ligados a eventos naturales en el país, principalmente a través de estructuras del mercado asegurador internacional.
“Chile no ha emitido per se bonos catástrofe como Estado, pero sí hay compañías de seguros que tienen exposición a eventos catastróficos en Chile, tanto naturales como no naturales”, explicó Fonseca.
Para las AFP, la entrada en abril refuerza una tendencia ya conocida en la industria: la búsqueda de nuevas fuentes de retorno dentro de activos alternativos o de renta fija no tradicional.
Según Fonseca, “las AFP siempre han sido un actor líder dentro del mercado institucional chileno en buscar nuevas estrategias” y, en general, “todo activo que desde un punto de vista de riesgo y retorno entregue un retorno atractivo, las AFP lo están mirando”.