El economista jefe de Banco BICE dice que las encuestas apuntan a un triunfo de Kast en la segunda vuelta, pero la flexibilidad y composición del Congreso será clave para determinar si es posible alcanzar acuerdos rápidos.
-¿Cuánto esperan para el crecimiento del PIB el próximo año y qué lo determinará?
-Estimamos un crecimiento del 2% en nuestro escenario base, muy cercano al potencial, con consumo privado convergiendo a su tendencia de 2,5%, afectado en parte por un mercado laboral débil. La inversión sería el motor de la demanda interna, con una expansión algo superior a 5%.
Sin embargo, las opciones se abren dependiendo del resultado electoral, en particular de la composición del Congreso, y la viabilidad de alcanzar acuerdos rápidos que destraben temas de inversión, permisos y esquema tributario. Estos factores podrían atenuar el impacto negativo que han tenido los mayores costos laborales de distintas reformas sobre la economía local.
-¿Qué esperan entonces en la presidencial, dado las diferencias entre Kast, Matthei, Kaiser o Jara, que son los mejor posicionados en las encuestas?
-Si bien no hacemos análisis electoral, sino que tomamos de referencia lo que indican las encuestas, el resultado de mayor probabilidad sería una segunda vuelta de Kast versus Jara al considerar el promedio de varias encuestas. Y en segunda vuelta, las encuestas apuntan a un triunfo de Kast, quien apunta a una agenda de medidas económicas que destraben permisos, inversión y crecimiento. El Congreso es clave para aprobar algunos de estos cambios, lo que no solo requiere mayoría en la Cámara, sino que también mayoría o acuerdo amplio en el Senado. Más importante aún, se requiere una señal de estabilidad a largo plazo de estos cambios.
-Pese a las elecciones, el índice de incertidumbre de política económica del Banco Central ha caído este año ¿a qué atribuye la mejoría?
-Más allá de la compilación que podamos hacer del clima de incertidumbre que se mide en el país, creemos que lo más relevante es que los temas de crecimiento, los avances en el diagnóstico sobre permisología y la necesidad de estabilizar nuestra institucionalidad se han tomado la agenda. Ese cambio es necesario como paso preliminar para comenzar a atacar los cuellos de botella de nuestra economía. Sin duda eso cambia el clima. Punto aparte son las extraordinarias condiciones externas que enfrenta Chile.
-Desde el punto de vista económico, ¿cuál debiera ser la tarea número uno del próximo Gobierno?
-Más que dar recetas, estamos expectantes de la velocidad y amplitud de los acuerdos que se puedan alcanzar, sobre todo, en materia tributaria, incentivos a la inversión y en liberar nudos en permisología. No es necesario que todo ocurra en las primeras semanas de gobierno, pero las señales serán clave.
-Los candidatos ya han dado señales en ese sentido en sus programas, ¿hay algo que destaque o le genere dudas?
-Si bien las candidaturas de derecha tienen propuestas ligadas a la reducción del impuesto de primera categoría, integración del sistema e invariabilidad tributaria, dependiendo del resultado del Senado, es posible que deban flexibilizar sus medidas de manera de lograr el apoyo de la mayoría de este. Esta flexibilidad será necesaria incluso dentro de los partidos de derecha, dependiendo de quién gane la presidencia.
El economista jefe del Banco BCI sostiene que el próximo Presidente deberá entregar señales potentes de confianza, de compromiso con la estabilidad y de reconocer el valor de las empresas para generar oportunidades de crecimiento.
-¿Qué implica para la economía chilena esta elección?
-Entendiendo que el crecimiento, la seguridad y la estabilidad son hoy las prioridades de la mayor parte de los chilenos, se lee que la incertidumbre es sustancialmente menor a la que se percibía en la elección pasada. Pareciera que se han aprendido las lecciones, a propósito de los costos que implican medidas populistas y altamente disruptivas como las que se buscaron impulsar en los últimos años.
-¿Cuáles serán los principales determinantes del crecimiento económico el próximo año?
-Esperamos como escenario más probable un crecimiento de 2,1%. Sin perjuicio de ello, en caso de que se elija un Congreso con una mayoría alineada con avanzar en reformas estructurales, veríamos mayor apetito por nuevas inversiones y un alza en el potencial de crecimiento. En ese caso, las proyecciones apuntarían a un crecimiento más cercano a 3% en los próximos años.
-¿De qué depende?
-Más allá de la elección presidencial, donde pareciera haber menos incertidumbre, habrá que mirar con especial atención el resultado en el Congreso. Ello será determinante para ver qué tanto espacio pueda haber para reformas que permitan recuperar tasas de crecimiento económico más elevadas hacia el largo plazo.
-¿Por qué dice que hay menos incertidumbre en la elección presidencial, con Jara, Kast, Matthei y Kaiser liderando encuestas?
-Se ve menor incertidumbre, entendiendo que se ha instalado un mayor consenso en que el foco hacia los próximos años debiera estar en crecimiento y seguridad. Se ha entendido, y así lo recogen las encuestas, que allí están las prioridades de la sociedad. Propuestas refundacionales como las que oíamos al comienzo del actual gobierno hoy día están fuera del debate. Ha sido duro, pero al parecer hemos aprendido de lo que implican las malas políticas públicas.
Es importante, sin embargo, que el próximo presidente entregue señales potentes de confianza, de compromiso con la estabilidad y que reconozca el valor de las empresas para generar oportunidades de crecimiento y desarrollo a través de nuevas inversiones. Deberá además buscar avanzar a través de consensos lo más amplios posibles, de forma de dar sostenibilidad y seguridad a las políticas que se implementen.
-Desde lo económico, ¿cuál debiera ser la tarea número uno del próximo Gobierno?
Veo clave que se habilite un plan potente pro crecimiento, con medidas en permisología y tributarias pro inversión, al tiempo que se implemente un ajuste del lado del gasto fiscal que asegure el cumplimiento de los compromisos en materia de deuda pública y balance.
-¿Y las perspectivas para la política fiscal?
-En lo inmediato, con lo que hoy se discute para el presupuesto 2026, vemos un déficit fiscal más cercano a 2% del PIB para el próximo año. Las medidas que se adopten serían importantes de forma que, más bien, se sitúe en torno a 1% y no se supere una deuda pública sobre PIB del 45%. Eso va a requerir eliminar aquellos programas públicos mal evaluados y revisar el gasto en dotación, buscando eficiencias y una mejor gestión de los recursos.
-Matthei propone recortar US$ 2.000 millones, Kast plantea US$ 6.000 millones y Kaiser al menos US$ 12.000 millones. ¿Ve posibles ajustes de esa magnitud?
-Lo central es que existen espacios para ajustes. Es probable que se llegue a algo intermedio, alcanzando acuerdos, con un plazo de tal vez dos años, que permita efectivamente implementar el ajuste. Más allá de las cifras, la señal que se entrega es la correcta.

Sergio Lehmann.
Andrés Pérez, Itaú.
“ Es clave asegurar que la recuperación de la inversión privada en curso se mantenga.”
El economista jefe para Latam de Itaú dice que la propagación de la mayor inversión minera en curso hacia el resto de la economía sería más rápida si es que se confirman resultados que sean coherentes con medidas pro mercado.
-¿Cuánto esperan en Itaú para el crecimiento del PIB el próximo año?
-Proyectamos un crecimiento del PIB este año de 2,5% y una moderación hacia 2,2% en 2026, la cual obedece principalmente a nuestra visión de menos vientos de cola en el escenario externo. Es decir, algo menos de crecimiento en nuestros principales socios comerciales. Ahora, de mantenerse el ritmo favorable de la inversión, perfectamente podríamos crecer entre 2,5% y 3,0% el próximo año.
Para sostener esas tasas de crecimiento en el tiempo se requiere elevar el PIB potencial, dinamizando la inversión y fortaleciendo la productividad.
-O sea que el resultado de la elección puede cambiar las proyecciones…
-Probablemente la propagación de la mayor inversión minera en curso hacia el resto de la economía sería más rápida si es que se confirman resultados que sean coherentes con medidas pro mercado. De todas formas, es probable que la recuperación del mercado del trabajo tome más tiempo, derivado de los incrementos de los costos laborales de los últimos años, sumados a dudas sobre los efectos de la IA y automatización, entre otros.
-Hoy el mercado anticipa el triunfo de un candidato de oposición. ¿Está eso también incorporado en las proyecciones para la economía real o es solo un financiero que se observa en los precios de activos?
-Bueno, si bien los mercados financieros suelen incorporar la información y expectativas rápidamente, también éstas últimas se ven reflejadas en las decisiones de consumo, ahorro, e inversión de los agentes económicos en el tiempo. Vale la pena recordar que la revalorización del crecimiento económico pareciera ser de consenso, y ello favorece a los “animal spirits”.
-¿Cuál debiera ser la tarea número uno del próximo Gobierno?
-En el plano económico, es clave asegurar que la recuperación de la inversión privada en curso se mantenga. En esa línea, medidas concretas que agilicen los plazos de aprobación y reduzcan la discreción en dichos procesos son de primer orden. En paralelo, sería conveniente además tener mayor claridad acerca de los planes de reducción de la tasa de impuesto corporativo.
Finalmente, hoy existen varias dudas sobre el proceso de implementación de la reforma de pensiones, con lo cual convendría ir despejando las intenciones de las próximas autoridades en el cortísimo plazo.
-¿Qué espera para la política fiscal, con candidatos en la derecha y centro derecha que proponen sendos recortes de gasto público?
-Hace cerca de un año ya habíamos alertado que los ingresos efectivamente se estaban finalmente recuperando. Esperamos que ello continúe el próximo año, de la mano del impacto rezagado de la mayor actividad sobre los ingresos y los favorables precios del cobre. Con todo, bien vale la pena realizar una revisión exhaustiva a la evolución de la deuda flotante y obligaciones bajo la línea.
Más allá de lo coyuntural, llevamos varios años de incumplimiento de metas y el escenario fiscal de mediano plazo preocupa. Un ajuste fiscal del gasto es inevitable. Menores necesidades de financiamiento del Fisco contribuirían a mayor espacio de financiamiento para el sector privado, una pronta estabilización de la deuda pública, y abre el espacio para la necesaria discusión sobre nuevos aportes al FEES.