La Universidad de Chile lidera un equipo compuesto por diversas instituciones nacionales e internacionales, que enviarán a la Estación Espacial Internacional (EEI) un contenedor diseñado para albergar investigaciones que operaran bajo condiciones de microgravedad y radiación. El lanzamiento está previsto para el 8 de abril en el Centro Espacial Kennedy, en Estados Unidos y busca marcar un hito en la exploración espacial del país.
El proyecto se gestó entre 2021 y 2022, a partir de una línea de investigación vinculada al desarrollo espacial en Chile según señala el líder del proyecto. Parte de su origen está en experimentos previos realizados en el satélite CubeSat Platsat, lanzado en 2022, donde ya se habían probado sistemas biológicos en órbita. En esta nueva etapa, el objetivo es avanzar hacia experimentos más complejos y automatizados, ahora en la Estación Espacial Internacional.
Marcos Díaz, director del Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria y líder del proyecto, explica que el contenedor permanece 6 meses en el espacio para luego volver a la Tierra. “Después en septiembre u octubre debería volver y podremos tomar los datos o hacer mediciones mucho más robustas en el laboratorio”, señala el académico a DF.
El proyecto es coordinado por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, quien han sido pioneros en este tipo de proyectos. Incluye además la participación de investigadores de la Usach, la PUCV y la Fundación Biociencia, además de colaboradores internacionales.
"El objetivo primario es aprender a poner este contenedor en la estación espacial, cómo conectarnos de forma segura con sus sistemas de energía y comunicación, y cuáles son las restricciones para poner distintos experimentos en el sistema tanto biológicos como tecnológicos”, señala Díaz.
Si bien, su principal objetivo es aprender, también el proyecto apunta a probar tecnologías que podrían tener aplicaciones en el futuro. Según el académico, “la experimentación con microorganismos, células de sangre y con musgo son parte de los experimentos biológicos que llevamos” que podrían usarse en áreas como la minería, por ejemplo, en procesos de lixiviación, además de agricultura, tratamiento de aguas y biomedicina.
“Los microorganismos tienen posibles aplicaciones en biomedicina, química y farmacéutica, especialmente en todo lo relacionado con el manejo y control de líquidos en el espacio”, agrega Díaz.
Asimismo, explica que los sensores y dispositivos que se están probando podrían adaptarse a sistemas de monitoreo remoto, tanto en satélites como en drones o aviones autónomos.
¿Cuánto cuesta?
En cuanto a los costos, enviar experimentos a la Estación Espacial Internacional puede variar considerablemente, según explica el académico. El acceso a este tipo de plataformas funciona como un “ticket”, que puede ir entre los US$ 80 mil y US$ 100 mil, aunque esto depende totalmente del tipo de experimento.
“Es más caro mientras la empresa intermediaria tenga que hacer más cosas por ti. Si tú haces gran parte del papeleo, en el fondo, los costos son más bajos”, explica, señalando que el valor total de una misión puede superar el millón de dólares, dependiendo de su complejidad.
Por otra parte, el académico señala que buena parte del trabajo se realiza en Chile, lo que concentra gran parte de la inversión en equipos y capital humano local. “Nosotros desarrollamos la tecnología, hacemos el software, adaptamos los componentes, generalmente comerciales, para que puedan funcionar apropiadamente“.
“Lo que tendemos es a preparar gente, a pagarle sueldo o becas a estudiantes y a comprar componentes y adaptarlo, cosa de agregar valor en la cadena tecnológica y no comprar un sistema tecnológico de fuera. Sino que desarrollar el sistema tecnológico acá en Chile y eso es lo que llevamos al espacio”, detalla Díaz.
¿Qué se enviará al espacio? Microorganismos, ADN y más
Según explicó un comunicado de la Facultad de Ciencias y Matemáticas de la Universidad de Chile se analizarán distintos organismos que permanecerán tanto en estados activos (donde el microorganismo cumple sus funciones vitales, crece y se reproduce) y como estado liofilizado (forma de conservación a largo plazo que al eliminar el agua, el metabolismo se suspende sin matar al microorganismo) durante seis meses en la EEI.
En el ámbito de la genética, se llevará a cabo el ensamblaje de secuencias de ADN sintético en condiciones de microgravedad, lo que permitirá estudiar cómo se comportan estos procesos fuera de la Tierra.
Asimismo, se realizarán pruebas ópticas y mecánicas para evaluar el funcionamiento de cámaras infrarrojas y UV, dispositivos láser, fuentes de luz y motores en un ambiente hostil. En paralelo, se investigará el comportamiento eléctrico y conductivo del grafeno como material avanzado en el espacio.
Tambien se incluirá un estudio del procesamiento espacial, que evaluará el desempeño de procesadores al ejecutar distintas tareas y algoritmos, junto con la evaluación de instrumentación especializada para medir variables del entorno espacial, como radiación y campo magnético.