9 am en Santiago, 8 am en Caracas y 7 am en Boston. “Ha sido una noche muy movida”, dice Daniel Lansberg-Rodríguez al teléfono desde la ciudad estadounidense. Creció en Caracas, estudió en Carleton College, es doctor en Derecho por la Universidad de Chicago y máster en Políticas Públicas en Harvard.
Trabajó en el sector público y ONGs en Venezuela, pero dejó su país hace 15 años y vive junto a su familia en Boston, donde es docente e investigador en Kellog University. Lansberg-Rodríguez es además socio fundador de Aurora Macro Strategies, empresa dedicada a la investigación, inteligencia y asesoría macroeconómica y geopolítica que presta servicios a clientes financieros, comerciales y gubernamentales.
Su análisis es consultado frecuentemente por medios internacionales, como CNN, France24, Al Jazeera y NPR y es colaborador habitual de Foreign Policy Magazine, Financial Times, The Atlantic y The New York Times, entre otros.

Las primeras noticias de la acción militar en Caracas las tuvo la noche del viernes: “Me llamó una tía desde Venezuela, contándome que había aviones sobrevolando y que estaba asustada. Y después ya empezaron a entrar todas las llamadas. Tengo un equipo allá, entonces empecé a coordinar con ellos... Es una mañana muy tensa, hay fuerzas especial y patrullas en las calles, están suspendidas las garantías y el chavismo lo que está intentando proyectar es que siguen en control”.
-Ya vimos a Diosdado Cabello en la calle con chaleco antibalas llamando a la calma. -Y rodeado de hombres armados. Vladimir Padrino López también declaró que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sigue con el régimen. Constitucionalmente Delcy Rodríguez tendría que ser quien ejerza. La pieza más importante ahora es Diosdado Cabello que básicamente ha vuelto. Desde las últimas elecciones se ha acaparado del Ministerio del Interior y tiene a su gente tanto en la seguridad interna militar como la civil, lo cual significa que está a cargo de juzgar y deshacerse de cualquiera. Con eso se ha vuelto una especie de ‘Diosdado todopoderoso’.
-¿Y qué pasa con las Fuerzas Armadas?-La cadena de mando en Venezuela está muy desconectada. El núcleo civil y el militar se ha combinado de tal manera que un capitán que tenga contactos con Cabello, Maduro o López, le puede estar dando órdenes a su general. Eso es algo que distorsiona mucho. En Venezuela las Fuerzas Armadas son muy acéfalas, hay diferentes facciones y se controlan principalmente con corrupción. El riesgo más grande no es una guerra civil entre la oposición y el chavismo, donde podría haber violencia es entre diferentes facciones dentro de las Fuerzas Armadas, porque muchas están corrompidas.
-Teniendo en cuenta todo eso, ¿extraña que la operación de Estados Unidos no haya incluido a líderes como Cabello?-No sé si me extraña. A nivel operativo lo que logró Estados Unidos con la extracción de Maduro fue tremenda operación. Es casi milagroso que les haya ido tan bien, operativamente es un gran éxito. Dicho eso, el marco legal en que actuaron no tiene que ver con un cambio de régimen, es un marco de antinarcotráfico y lo que realmente importa fue la designación del Cartel de los Soles como una FTO (Foreign Terrorist Organization). Ahí el único sindicado es Maduro. Hay diferentes interpretaciones de por qué eso es así, pero el enfoque es la lucha contra el narcotráfico.
- ¿Eso los protege además de críticas por parte del derecho internacional?-También. Eso es algo que han logrado bastante bien: modificar la narrativa al plantear que el problema de Venezuela no es de democracia, incluso no es un asunto de inmigración, es un problema de droga. Y con Maduro tienes alguien que puedes atacar y que pocos van a defender. No hay mucha simpatía internacional para Maduro. Esta operación deja al régimen de Venezuela acéfalo. Estados Unidos ha tenido experiencia bastante traumática con cambios de régimen externos. Nadie se siente bien con lo que ocurrió en Irak o Afganistán. El superpoder de Estados Unidos siempre ha sido logístico, pero no son particularmente fuertes en
nation building.
Dicho eso, creo que una transición en Venezuela no se parecería para nada a lo que pasó en Irak o Afganistán, porque, a diferencia de estas naciones, es un país que hace un par de décadas tenía instituciones que funcionaban y todavía hay gente que recuerda cómo es vivir así. Lo importante es que va a haber una transición en Venezuela. No queda claro cómo va a ser esa transición ni a qué. Y hay escenarios en los que la transición podría tal vez producir algo igual de nefasto que Maduro y menos estable. Es un momento muy tenso. Pero hay muchos venezolanos que habían perdido esperanza y que van a amanecer con esperanza hoy. ¿Qué se hace con esa esperanza? Veremos. Lo que sí es claro es que la realidad en Venezuela ha estado estancada por muchos años y ya no lo está.
El superpoder de Estados Unidos siempre ha sido logístico, pero no son particularmente fuertes en nation building.
Cinco horas después, tras seguir atentamente las declaraciones de Donald Trump y su equipo desde Mar-a-Lago, Lansberg-Rodríguez entrega sus impresiones: “La cobertura va a ser que Trump está a cargo, pero leyendo el contexto interpreté que el plan es que Delcy Rodríguez se quede un tiempo bajo control de Marco Rubio. Y moverse hacia una transición que probablemente sean elecciones nuevas. Puedo estar completamente errado, pero basado en lo que dijeron creo que el enfoque era declarar que ellos están encima de la situación, aunque el chavismo por ahora siga.
-¿Y por qué dejar a María Corina Machado fuera de la ecuación?
-Hasta cierto punto es una transición con menos riesgo de caos porque puede proteger algunos de los intereses del Estado actual. Pero no me queda claro que eso vaya a funcionar si tienes a Delcy, pero no a Diosdado Cabello. Todavía se puede generar mucho caos. Delcy históricamente es una figura diplomática pero no tiene respaldo militar.
-¿Podrían entrar fuerzas militares estadounidenses al territorio venezolano para mantener el orden?
-Dudo mucho que lo vayan a hacer, pero tienen que decir que están dispuestos, porque si no están generando las condiciones para que alguien haga una movida interna. Veo poco apetito en Washington para meter tropas en Venezuela. Creo que planean un periodo de transición de 90 días o un poco más, dependiendo qué se negocie internamente para tener elecciones nuevas. Eso parece ser el escenario más probable. Insisto, es una situación que sigue en flujo. Seguramente hay negociaciones que están ocurriendo entre lo que queda del régimen en Venezuela y los Estados Unidos, pero también conversaciones internas. Quizás con otra parte de la oposición más dispuesta a entenderse con elementos moderados del chavismo. Eso lo hemos visto en figuras como Henrique Capriles o Henri Falcón. Históricamente hay muchos países que han tenido que sacrificar un módico de justicia por paz. Las transiciones no son fáciles. Sí creo que es algo que va a generar cierta decepción en mucha de la oposición que está en el exterior.
-¿Qué opinas de la imagen escogida para mostrarle al mundo la captura de Nicolás Maduro?-Fue una situación muy particular porque a mi hija de siete años le gusta dormir con antifaz y tiene unos parecidos a los de la imagen, que perdió hace un par de semanas y ha estado de luto. Y cuando salió la foto en televisión ella estaba segura de que Maduro se las había quitado (ríe). Hablando en serio, creo que todos los venezolanos estamos sintiendo muchas cosas a la vez. Después de muchos años en que nunca pasaba nada, algo está pasando. No es el sueño que muchos venezolanos tenían, pero tal vez es mejor que la actualidad. El otro tema es qué está pasando en los Estados Unidos. Esto va a generar muchas preguntas, no sólo dentro desde los demócratas, también en algunos de la base de Trump.
-¿Los que votaron por él para que se encargara de Estados Unidos y no del resto del mundo?-Exacto. La otra incógnita es cómo va a reaccionar esa base. Declarar ‘We’re going to run Venezuela’ es porque la prioridad es que esto se vea, al menos al inmediato plazo, como una victoria, por más que el chavismo siga ahí. Ese creo que fue el mensaje principal.
-Y las declaraciones que hizo Trump respecto del petróleo, ¿cómo se pueden interpretar?-Con mi compañía hemos estudiado mucho el estatus de los campos petroleros en Venezuela y la mayoría de lo que se podía arreglar rápido ya sucedió a través de la licencia Chevron. La idea de que, en los próximos diez años, Venezuela pueda empezar a producir es segura, pero Trump no es particularmente paciente. Creo que, a nivel de mensaje, especialmente para esa base ‘America first’, tienes que explicar por qué estás metiéndote en esto y el petróleo es algo que funciona. A corto plazo no veo que sea una prioridad, pero la idea de que el petróleo tarde o temprano va a generar dinero hace más fácil reestructurar la deuda. Y hay muchos intereses que están buscando cualquier tipo de transición para que pueda entrar el FMI o el Club de París, porque Venezuela tiene recursos para ser muy productivo, pero la deuda también es bastante grande.