John Griffiths, jefe de Estudios de Anthenalab: “Esta es la transformación geopolítica y estratégica más profunda del Medio Oriente”
Para el también exjefe del Estado Mayor del Ejército de Chile, Tel Aviv y Washington pueden sacar cuentas alegres, mientras el Gobierno iraní actúa en lógica de sobrevivencia.
Por: Francisca Guerrero
Publicado: Viernes 27 de junio de 2025 a las 04:00 hrs.
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12 días de conflicto bélico entre Irán e Israel tuvieron al mundo conteniendo el aliento por el temor a que se desatara, nada más ni nada menos, que la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, el mismo hecho que elevó como nunca esos miedos, fue el antecedente del rápido desenlace. A la intervención de Estados Unidos, atacando directamente las instalaciones nucleares iraníes, le siguió un acuerdo de alto al fuego que, aunque frágil, permitió el cese de las hostilidades, abriendo camino para la diplomacia.
Así, llega la hora de los análisis y para el jefe de estudios de seguridad y defensa de AthensLab y exjefe del Estado Mayor del Ejército de Chile, John Griffiths, tanto Tel Aviv como Washington pueden sacar cuentas alegres de lo que, a su juicio, termina por reconfigurar del equilibrio de fuerzas en el Medio Oriente.
“EEUU está en una posición de fuerza y puede negociar (un acuerdo nuclear) con mejores condiciones. Irán, en cambio, ha sido degradado militarmente, golpeado económicamente y deberá reconstruir capacidades básicas”, dice Griffiths.
- ¿Quiénes pueden reclamar la victoria de esta guerra?
- En todo conflicto, los objetivos son esencialmente políticos. En el caso de Israel, su estrategia tuvo dos fases. La primera comenzó tras el ataque del 7 de octubre de 2023, con una ofensiva militar sobre Gaza y, posteriormente, en el sur del Líbano, donde logró una neutralización efectiva de Hezbolá. Esta operación fue fundamental, porque allí actúan los denominados proxies de Irán, es decir, fuerzas como Hezbolá y Hamas que actúan bajo coordinación con Teherán y representan una amenaza directa a la seguridad israelí. A esto se sumaba el frente sirio, con el régimen de Bashar al-Assad como parte de esa red de influencia iraní.
Por eso, para Israel, el primer objetivo fue debilitar esa amenaza inmediata en su entorno. La segunda fase apunta directamente a Irán.
Israel identifica a Teherán como el centro de gravedad del problema: el proveedor de armas, recursos y estrategia de sus enemigos más inmediatos. Y además, un país que estaba peligrosamente cerca de alcanzar el umbral nuclear. Aquí se cruzan dos motivaciones clave: neutralizar a Irán como fuente de desestabilización y frenar el avance de su programa atómico, que alteraría radicalmente el equilibrio estratégico regional.
- ¿Esos objetivos se cumplieron?
- Yo diría que, en buena medida, sí. Lo que falta por confirmar es el alcance del daño a las instalaciones nucleares iraníes y por cuánto tiempo se podrá frenar su avance. Porque estas capacidades no se eliminan para siempre, se retrasan. No obstante, lo relevante es que la capacidad ofensiva de Irán quedó gravemente mermada.
- ¿Qué implica de cara al futuro próximo el que haya alcanzado esos objetivos?
- Aquí se abre una oportunidad histórica para Israel. Porque, probablemente, lo que hemos visto es la transformación geopolítica y estratégica más profunda del Medio Oriente en décadas.
Antes de los ataques de octubre de 2023, Israel vivía rodeado por un “anillo de fuego”: Gaza, Líbano, Siria, Cisjordania. Hoy, esas amenazas han sido severamente contenidas. Hezbolá está debilitado, Hamas golpeado y Siria bajo control parcial. Y el gran articulador de todos esos frentes, Irán, ha perdido capacidad.El mapa estratégico cambió. Y esa es una transformación profunda, de largo alcance.
Por eso creo que Israel tiene una oportunidad histórica, quizás única, para avanzar hacia una solución política más sólida. El uso de la fuerza no tiene sentido si no se traduce en una estrategia de paz. Ese es el verdadero arte de la estrategia: convertir las victorias militares en estabilidad política. Y hoy Israel tiene la posibilidad de hacerlo. Gaza debe ser parte de la ecuación.
- ¿Y el objetivo de EEUU cuál era?
- Impedir que Irán alcanzara el umbral nuclear. Eso ha sido una constante en su política exterior, tanto en gobiernos demócratas como republicanos. De allí su involucramiento directo.
EEUU aportó capacidades clave para atacar las plantas de enriquecimiento de uranio, principalmente Natanz y Fordow. Aunque aún se desconoce el daño total, todo indica que Irán ha perdido, al menos temporalmente, la posibilidad de enriquecer uranio al 60%, un nivel incompatible con fines pacíficos.
Un Irán aislado
- ¿Cómo queda Irán entonces?
- Muy debilitado militar y económicamente. Pero su régimen sigue en pie. La respuesta iraní fue medida y calculada. Por ejemplo, el ataque a una base estadounidense en Qatar fue simbólico: las tropas ya habían sido evacuadas, lo que demuestra que el régimen está actuando con lógica de supervivencia. Su prioridad, hoy más que nunca, es mantenerse en el poder.
- ¿Qué pasó con aliados de Irán, como Rusia o China?
- Irán quedó aislado. Rusia no quiso involucrarse directamente, probablemente porque ya está empantanada en Ucrania y abrir otro frente habría sido riesgoso. Además, la OTAN acaba de reforzar su postura con un acuerdo para aumentar el gasto en defensa al 5%, algo que Moscú observa con preocupación.
China, por su parte, también se mantuvo al margen. Aunque depende del petróleo iraní, su gran prioridad hoy es la competencia estratégica con EEUU. No se va a desgastar en un conflicto regional que no le aporta directamente a ese objetivo mayor.
- ¿Ve condiciones para una negociación nuclear más estable?
- Sí, es el momento para ello. Ahora EEUU está en una posición de fuerza y puede negociar con mejores condiciones. Irán, en cambio, ha sido degradado militarmente, golpeado económicamente y deberá reconstruir capacidades básicas. Eso abre una oportunidad para retomar el diálogo desde una nueva correlación de fuerzas.
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