“Ésta es la hora de la familia”
Por: Equipo DF
Publicado: Viernes 25 de mayo de 2012 a las 05:00 hrs.
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Del 30 de mayo al 3 de junio de 2012, Milán acogerá el VII Encuentro Mundial de las Familias. El lema será: "La familia: el trabajo y la fiesta". (www.family2012.com) . El evento culminará con la presencia del Papa Benedicto XVI el sábado 2 por la noche con la «Fiesta de los testimonios» y el domingo por la mañana con la misa solemne.
El cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, se refiere en esta entrevista, a la importancia de la familia en la sociedad y la necesidad de conciliar trabajo y familia.
-Eminencia, a fines de mayo Milán será invadida pacíficamente por familias cristianas provenientes de todas partes del mundo para un encuentro de oración junto con el Papa. ¿Qué significado atribuye usted a este evento?
-El significado está indicado por el tema: "La familia: el trabajo y la fiesta"; pero ante todo el Encuentro Mundial es significativo en sí mismo, como evento. Las familias provenientes de los cinco continentes y las familias de Milán y del territorio se encuentran, se acogen recíprocamente, intercambian experiencias. La gran asamblea reunida en torno al Papa expresa y celebra la unidad y la universalidad del pueblo de Dios.
-Este tipo de encuentros –estamos en el séptimo- fueron vivamente deseados por el Beato Papa Juan Pablo II. ¿Recuerda usted alguna anécdota o alguna confidencia que explique la importancia que él les atribuía?
-En el primer Encuentro Mundial, en Roma, en 1994, al ver los flambeaux (las antorchas) en la Plaza de San Pedro, en manos de la multitud, Juan Pablo II exclamó: "¡Toda familia es portadora de una luz y toda familia es una luz! ¡En la Iglesia y en la sociedad, ésta es la hora de la familia!".
Familia: trabajo y fiesta
-¿Quiere usted hacer un comentario sobre el título "La familia: el trabajo y la fiesta", elegido para el Encuentro Mundial de Milán?
-"La familia: el trabajo y la fiesta" no son tres argumentos yuxtapuestos, sino un solo argumento, es decir, la interacción de estos tres valores fundamentales para la vida de las personas y para la sociedad. Desde el primer capítulo de la Biblia, familia, trabajo y fiesta se presentan como tres bendiciones, tres dones de Dios para una buena vida. De hecho, para la felicidad se requieren tanto los bienes materiales como los bienes relacionales, tanto la búsqueda de lo útil como el reposar o el estar junto con los demás y con Dios.
-En un período de gran crisis, tanto el tiempo del trabajo como el tiempo de la fiesta parecen perder su brillo. Muchos jóvenes estudian y se preparan intuyendo una vocación que, sin embargo, a menudo no desemboca en la profesión tan buscada. Y para adquirir una casa o criar a los niños no queda tiempo para festejar en una sociedad que no sustenta políticas para la familia. ¿No cree usted que suena un poco anacrónico hablar de familia e hijos (acaso más de uno) o de trabajo y fiesta en una sociedad utilitaria y despersonalizada como parecería haber llegado a ser la nuestra?
-Hoy me parece más urgente que nunca reflexionar sobre familia, trabajo y fiesta. Todos se percatan de que para salir de la crisis se requieren, por una parte, innovación, inversiones y mayor productividad, y por otra un equilibrado intercambio generacional, y por consiguiente una tasa de natalidad más elevada y una mejor educación. De las indagaciones sociológicas se desprende que precisamente las familias sanas aseguran ahorro, responsabilidad y eficiencia, procreación generosa y compromiso educativo. Por lo tanto es de interés para la sociedad sostener a las familias, ofrecer oportunidades de trabajo, conciliar las exigencias y los tiempos de la familia y de la empresa, conciliar maternidad y profesión, ayudar a las familias numerosas. De las investigaciones sociológicas también se desprende que, para la felicidad de las personas, la salud, la familia y la calidad de las relaciones tienen más importancia que los ingresos. Por consiguiente, es preciso recuperar el sentido de la fiesta, de tal manera que no sea un momento de evasión o dispersión, sino más bien de concentración en los valores esenciales: Dios, familia, comunidad, amistad, cultura, solidaridad. Es necesario especialmente proteger el domingo de la intromisión del mercado.
-Hoy, al menos a nivel mediático, prevalece una concepción individualista, de manera que la fidelidad ratificada en el matrimonio, y el sacrificio, que en el cristianismo es siempre connatural con el amor, se visualizan como piedras de escándalo, metas inalcanzables o incluso auténticas transgresiones. Y sin embargo familias de todo el mundo dan testimonio en la vida cotidiana de que el matrimonio cristiano no sólo es posible, sino también bello. ¿Mienten?
-La cultura predominante, que tiene el poder en los medios masivos de comunicación, en la política y en la economía, propone un modelo de vida individualista y consumista: afirmación de sí mismo, incluso sin los demás y contra los demás; asociaciones utilitarias y contractuales tanto en el mercado como en las relaciones interpersonales; búsqueda del placer y de lo útil inmediato; consumo de cosas, emociones, sensaciones y experiencias sin un proyecto y una orientación fundamental. La conclusión lógica de este modo de vivir es la soledad, más bien la angustia de la nada. En cambio, el matrimonio y la familia, si bien implican dificultades y sacrificios, dan significado y valor a la vida. Recuerdo a mi abuelo materno, fallecido a los noventa y cuatro años, que se consideraba afortunado y feliz sobre todo por haber tenido una familia unida y numerosa (ocho hijos). También hoy día, de acuerdo con las observaciones sociológicas, las personas que se consideran satisfechas en la vida son porcentualmente bastante más numerosas entre los casados que entre los single y los separados. Y en todas partes se encuentran en alguna medida bellísimas minorías de familias cristianas ejemplares, generosas, valerosas y contentas.
-Desde el observatorio del Pontificio Consejo para la Familia, ¿considera usted que todavía hay espacio para la institución familiar tradicional en la sociedad del tercer milenio? ¿De qué valor es portadora una familia en sí misma y en la vida de las sociedades que constituye?
-La familia normal, basada en el matrimonio de un hombre y una mujer, abierta a la procreación y a la educación de los hijos, responde a las aspiraciones profundas de las personas y a las necesidades de la sociedad también en el tercer milenio. De las investigaciones sociológicas se desprende con evidencia que ésta, comparada con otras formas de convivencia, proporciona ventajas bastante más relevantes tanto a las personas como a la sociedad: salud psíquica y física, bienestar económico, actitudes de solidaridad, confianza, laboriosidad y otras virtudes sociales indispensables para la cohesión y el desarrollo. Por su propio interés, la sociedad, la política y la economía deben sostener e incentivar a la familia para que pueda cumplir su misión.
La sociedad de Occidente
-¿Hay naciones del mundo donde las familias corren especiales riesgos, siendo obstaculizadas en su obra procreativa y educativa? ¿Existen por el contrario naciones donde la institución familiar goza de óptima salud y es considerada un elemento vivificante de la sociedad?
-La familia está en riesgo, sobre todo en Europa y en los Estados Unidos, incluso por la presencia de poderosos lobbies, movidos por intereses ideológicos y económicos, que la hostilizan valiéndose de los medios de comunicación masiva y de las instituciones judiciales y políticas.
-¿Cómo se visualiza y cómo ve usted, Eminencia, a la familia en el Occidente secularizado y abierto a tantas nuevas formas de convivencia fuera del matrimonio?
-Muchas líneas de tendencia son preocupantes: matrimonios en disminución y celebrados en edad más avanzada, aumento de los divorcios, de las convivencias, de los single por elección, de las relaciones homosexuales; disminución de los nacimientos; aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio. Sin embargo, la familia normal, en todas partes del mundo, permanece en la cima de la escala de valores para la gran mayoría de la población, incluidos los jóvenes. Se asiste además a un nuevo protagonismo de las familias: redes de solidaridad, asociaciones, movimientos en los ámbitos civil y eclesial.
Imagen de la Trinidad divina
-El Papa Juan Pablo II y su sucesor, Benedicto XVI, a partir de la primera encíclica, han prestado mucha atención a la institución familiar. ¿Quiere usted subrayar algún punto del magisterio de ambos que considere de especial importancia?
-Juan Pablo II fue merecidamente llamado "Papa de la familia", además de "Papa de los jóvenes", por su constante y apasionada atención centrada en la familia, que culmina en los tres grandes documentos Familiaris Consortio, Mulieris Dignitatem y Gratissimam Sane. Benedicto XVI interviene en los problemas de la familia aun con mayor frecuencia, casi todas las semanas. Ambos Papas han subrayado algunos temas que me parecen especialmente bellos y actuales. En el plano teológico espiritual, encuentro espléndido el tema de la familia imagen de la Trinidad divina, del amor humano como participación en el amor divino y como síntesis de eros y ágape, deseo y don, amistad y comunión de vida. En el plano eclesial, sobresale el tema de la familia cristiana como sujeto de evangelización, que acoge y manifiesta en su ambiente la presencia de Cristo Salvador y Esposo de la Iglesia, viviendo la fe, el amor recíproco, la apertura a las demás familias, a quienes sufren, a la comunidad eclesial y a la sociedad. En el plano civil, es fundamental el tema de la familia como célula vital de la sociedad, sujeto de derechos y deberes, protagonista a través de las asociaciones familiares de actividades culturales y políticas.
-A partir de la familia de Nazaret, los Pontífices reafirman vigorosamente la familia como núcleo originario imprescindible para una sociedad compleja también de carácter civil. ¿Quiere usted recordarnos lo que es el sacramento del matrimonio y por qué no es asimilable a otras formas de convivencia que hoy caracterizan a las sociedades modernas?
-En las sociedades premodernas, el matrimonio de un hombre y una mujer se considera sobre todo una institución pública y una alianza entre dos familias a menudo con menoscabo de la libertad de los cónyuges. Por el contrario, en la modernidad occidental, el matrimonio prácticamente se reduce a una relación afectiva de carácter privado entre dos individuos, expuesto a la lógica precaria del propio interés y de la propia gratificación. Ya es tiempo de redescubrir la importancia de las relaciones interpersonales y del matrimonio como comunidad de vida y de amor. Toda persona humana es un sujeto individual, autoconsciente y libre, pero también constitutivamente con la finalidad de desarrollarse y ser feliz solamente construyendo buenas relaciones con los demás y con Dios. Los bienes relacionales son más necesarios que los materiales. La pobreza de relaciones es más dolorosa que la pobreza de cosas, hace que la vida carezca de sentido y conduce progresivamente al individuo a la soledad y a la desesperación. El matrimonio se sitúa en la lógica de las relaciones fuertes y estables entre las personas; las otras formas de convivencia se sitúan en la lógica del individuo que pertenece sólo a sí mismo. En el cristianismo, el matrimonio se perfecciona mediante uno de los sacramentos de la nueva alianza y llega a ser participación en el amor con el cual Cristo ama a la Iglesia, que es don total de sí hasta el sacrificio de la cruz, para acoger en la fe, revivir en el amor recíproco entre los cónyuges y manifestar a los hijos y al mundo.
-¿Cuál es el secreto que hace ser fascinante la familia de Nazaret para el hombre de todos los tiempos? ¿Por qué, a pesar de todo, la Sagrada Familia sigue encarnando el arquetipo de toda familia humana?
-Por el hecho de que en ella el cielo ha tocado la tierra, Dios ha encontrado al hombre, y viceversa. La Sagrada Familia de Nazaret es el lugar de continuidad y compenetración perfecta entre la Trinidad divina y la familia humana. Por esto es armonía absoluta de tres vocaciones distintas, máxima comunión y máximo respeto recíproco, unidad y apertura, donde uno vive para el otro y los tres se dan para la salvación del género humano.
-¿Por qué ha elegido Dios una familia como lugar donde hacerse carne y en el cual expresar su amor por el hombre, restableciendo la alianza perdida y manifestando su relación de amor con los hombres?
-Al hacerse hombre, Dios ha asumido todo lo que es humano, excepto el pecado: alma y cuerpo, inteligencia, voluntad y afectividad; ha pasado por las experiencias humanas comunes: la familia, la vida de aldea, la lengua y la cultura de un pueblo, el trabajo, la fiesta, la alegría, el sufrimiento y la muerte. Más aún, es especialmente significativo que haya dedicado la mayor parte de sus años a lo que ocupa la existencia de la gente anónima, que no hace noticia.
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