A 20 años de la crisis asiática
El rápido crecimiento de Tailandia, Indonesia y Corea del Sur en los ‘80 escondía peligrosos desequilibrios estructurales que causaron una abrupta salida de capitales y depreciación de monedas, desencadenando la crisis financiera de 1997.
Por: María Akbulyakova
Publicado: Lunes 13 de noviembre de 2017 a las 04:00 hrs.
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Hace un cuarto de siglo, el sudeste asiático era la región con el crecimiento más acelerado del mundo, con algunos países superando un 8% anual, y el destino de casi la mitad de los flujos de capital hacia los mercados emergentes. Todo cambió en 1997, cuando los desequilibrios de los sistemas financieros se hicieron evidentes y los inversionistas perdieron la confianza en la región, provocando lo que conocemos como la crisis financiera asiática. ¿Qué pasó hace 20 años? ¿Podría repetirse la situación ahora?
Durante fines de los ‘80 y principios de los ‘90, Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y Malasia disfrutaban de un boom conocido como el “milagro económico asiático”, con un gran flujo de inversión extranjera, superávit en las cuentas públicas, políticas fiscales prudentes y una baja inflación.
A primera vista, parecía que las cifras alentadoras estaban ahí para quedarse. Pero el rápido crecimiento económico escondía deficiencias severas. “En todos los países, los problemas eran principalmente de índole estructural: poca solidez de los sectores financiero y empresarial, deficiente gestión del gobierno y falta de transparencia”, afirmó en su artículo “La crisis de Asia. Causas y remedios” Bijan B. Aghevli, exvicedirector del Departamento de Asia Pacífico del Fondo Monetario Internacional.
Una rápida apertura a los mercados internacionales en los años previos a la crisis llevó al aumento de la cantidad de préstamos riesgosos, muchos de ellos en dólares: en 1996 alcanzaron un 13% del total en Indonesia, un 14% en Filipinas y un 13,3% en Tailandia.
“Un control de riesgos inadecuado en el sistema bancario por parte de los bancos y sus supervisores fue una característica clave: fueron incapaces de controlar sus riesgos por problemas de gobernanza”, afirmó a DF Nicolas Veron, miembro senior del Peterson Institute for International Economy.
La combinación de un débil sector financiero, un fuerte ingreso de capitales y un auge de los créditos resultó en la fragilidad financiera del sector corporativo: el ratio de deuda/capital entre 1991 y 1996 se duplicó en Malasia y Tailandia, de 90% a 200% y de 170% a 340% respectivamente, mientras que en Corea –donde los conglomerados se expandían fuertemente- la cifra llegó 640% y la proporción de las ganancias que se destinaba a cubrir la deuda llegó a 85%.
El sobreapalancamiento privado, junto con una abrupta desaceleración de las exportaciones por la apreciación del dólar y la creciente competencia de China, resultaron en un aumento del déficit en la cuenta corriente, más marcadamente en Tailandia, donde en 1996 llegó a 7,9%. La deuda externa de corto plazo también iba en alza, alcanzando en junio de 1997 un 850% de las reservas en Filipinas y y 217% en Corea.
Piezas del dominó
Los desequilibrios financieros atraían una creciente atención de los inversionistas, que empezaron a cuestionar la disponibilidad de reservas para pagar la deuda por madurar y optaron por retirar su dinero –en gran parte invertido a corto plazo- de la región, provocando una corrida que empezó en mayo de 1997.
La situación se agravó por otro talón de Aquiles: el tipo de cambio fijo que ataba a las divisas nacionales al dólar. Las autoridades empezaron a intervenir en los mercados cambiarios para defender sus monedas, pero no lograron parar la depreciación.
La primera pieza del dominó en caer fue Tailandia, que en julio dejó fluctuar al baht, causando una abrupta devaluación y quiebras masivas. La desconfianza de los inversionistas se propagó a toda la región, contagiando a Indonesia, Corea del Sur, Malasia y Filipinas. Estos últimos –que a diferencia de Indonesia y Corea no mostraban señales claras de deterioro- no pudieron aguantar la presión y tras breves intervenciones dejaron que sus monedas, el ringgit y el peso, fluctuarán casi inmediatamente tras el baht, en julio. En agosto, llegó el turno de la rupia indonesia, que fue la más golpeada, al despreciarse 435% en un año a mayo de 1998; y en noviembre, del won coreano.
“La política cambiaria era muy rígida, lo que agudizó la situación: cuando el tipo de cambio fijo no fue sostenido y hubo devaluación, los problemas crediticios que ya existían se hicieron mucho más graves, porque las deudas habían sido contraídas en dólares y los ingresos de las empresas eran en moneda doméstica”, explicó a DF Guillermo Tolosa de Oxford Economics.
Ayuda del FMI
Cuando fue claro que la crisis se estaba propagando a toda la región, intervino el Fondo Monetario Internacional. La institución negoció paquetes de ayuda país por país, exigiendo a cambio aumentar las tasas de interés -para parar la salida de capitales y estabilizar la moneda- y bajar el gasto público para disminuir el déficit fiscal.
Del mismo modo, insistió en reformas estructurales para fortalecer el sistema financiero: el cierre de las instituciones deficientes, una recapitalización del sistema financiero y la introducción de cambios regulatorios –como el aumento de requerimientos mínimos de capital- para estimular la inyección de capital privado. En total, las instituciones internacionales desembolsaron US$ 118 mil millones para salvar a los países asiáticos.
A principios de enero de 1998 empezó la fase de recuperación: el acuerdo a fines de diciembre entre la mayoría de los acreedores coreanos para negociar la reestructuración de la deuda hizo subir al won. En abril, el país volvió a los mercados de capital con una emisión de bonos por US$ 4 mil millones. El baht tailandés también estaba recuperándose, gracias a la decisiva implementación de reformas y la rápida recapitalización de los bancos, mayormente a través de inyecciones de capital privado.
El camino ha sido algo distinto para Indonesia. La rupia siguió debilitándose ante una política monetaria más laxa, la mayoría de las firmas estaban técnicamente quebradas y la posición financiera de los bancos continuó deteriorándose, a medida que la falta del compromiso del gobierno con las reformas y del banco central con cerrar las instituciones insolventes frenó el regreso de la confianza.
Efectos en Chile
La crisis dejó repercusiones también en Chile, ya que Asia era el destino de más de un tercio de sus exportaciones y de casi la mitad de los envíos de cobre. El desplome de precios del commodity –que perdió más de la mitad de su valor- llevó a un déficit de la cuenta corriente chilena de 6% del Producto Interno Bruto.
En respuesta, el gobierno recortó el gasto público y el banco central subió fuertemente la tasa de interés real, llevándola de 8,5% a fines de 1997 a 19% en septiembre de 1998, y redujo las reservas internacionales. Antes de recuperarse, la economía cayó un 1,5% en 1999, y la tasa de desempleo saltó de 5% a fines de 1997 a 11,8% en septiembre de 1999.
Lecciones aprendidas
La crisis golpeó con fuerza a los países asiáticos. Después de una expansión impresionante, vieron su PIB caer a territorio negativo: en 1998, la economía de Indonesia se contrajo 13,7%, la de Tailandia 9,7%, la de Malasia 6,7% y la de Corea 5,8%. Los países tardaron años en recuperarse por completo: adoptaron un tipo de cambio flexible, modificaron la regulación financiera, redujeron su deuda externa.
Ahora, 20 años después, están en la vía del desarrollo sustentable. “La mayoría de los países ahora tienen superávit de cuenta corriente y de inversiones internacionales netas, ya que han aprendido las lecciones de la crisis y gradualmente han construido sus reservas internacionales”, aseguró a DF Stuart Allsopp, jefe de Riesgo País y Estrategia de Mercados Financieros de BMI Research.
También han vuelto a ser los favoritos de los inversionistas: los fondos internacionales invirtieron US$ 45 mil millones en acciones y bonos de Indonesia, Malasia, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia en la primera mitad del año.

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