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REGÍSTRATE AQUÍLa economía necesita a los inversionistas extranjeros para financiar su déficit anual por cuenta corriente (equivalente a un 6% del PIB) y su deuda exterior acumulada.
Por: Expansión
Publicado: Martes 11 de octubre de 2016 a las 07:27 hrs.
Los inversionistas siguieron ayer deshaciéndose de sus libras en el mercado de divisas, manteniendo la tendencia a la baja de la moneda británica desde el referéndum del 23 de junio en que Reino Unido votó por el Brexit (salida de la Unión Europea).
Ante la incertidumbre creada por la primera ministra Theresa May al apostar la semana pasada por un Brexit duro (que implique el abandono del mercado único), los analistas de JPMorgan han revisado a la baja sus previsiones para la libra, estimando que al final de 2016 puede caer a 1,21 dólares (ahora está en 1,235 dólares) y a 1,05 euros (1,11 euros, actualmente).
"La dirección de la libra está marcada por la preocupación a que un Brexit duro haga más daño de lo que esperaban los inversionistas en el crecimiento a largo plazo, agravando los problemas en la balanza de pagos de Reino Unido", explica Paul Meggyesi, analista de divisas de JPMorgan.
Según Meggyesi, Reino Unido necesita a los inversionistas extranjeros para financiar su déficit anual por cuenta corriente (equivalente a un 6% del PIB) y su deuda exterior acumulada, que supone un 400% del PIB. "Esto crea un riesgo serio si los inversionistas pierden su confianza en Reino Unido y hay una gran repatriación de capitales".
En este escenario, JPMorgan recuerda que "las autoridades británicas pueden hacer poco para contrarrestar la situación en el mercado ya que las reservas oficiales en otras divisas ascienden a 31.000 millones de libras, menos del 1,5% del PIB. Esto apenas bastaría para financiar el déficit por cuenta corriente durante tres meses y se agotaría relativamente rápido en caso de una significativa repatriación de capital [por inversionistas extranjeros".
Esto crearía una situación similar a la de 1976, cuando el Gobierno británico se vio obligado a acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para pedir un rescate. Según recuerda el economista Desmond Larchman, del American Enterprise Institute, "Reino Unido ha conocido otras crisis de la libra esterlina como las de 1967, 1976 y 1992. Esto hace difícil de entender la actual complacencia entre los círculos académicos y políticos sobre las consecuencias que tendría un Brexit duro, particularmente cuando el país sufre una aguda vulnerabilidad externa que eleva la posibilidad de otra crisis de la esterlina".
Para evitar esta humillación, Downing Street debe confiar en que el mercado encuentre un suelo a la caída de la libra, que llegará cuando los inversionistas vean la moneda británica lo suficientemente barata para que les compense por los riesgos del Brexit y vuelvan a poner dinero en Reino Unido.
El riesgo que refleja el mercado de divisas se ha empezado a contagiar al mercado de renta fija. El coste de los bonos a diez años del Tesoro británico; es decir, la rentabilidad que los inversionistas exigen para prestar dinero al Gobierno de Theresa May; ha subido 35 puntos básicos (0,35%) desde la semana pasada. La prima de riesgo de Reino Unido (diferencial del coste de su deuda con la de Alemania) se situó ayer en 97 puntos básicos, al nivel de España.
Ello se debe a que un Brexit duro puede ahuyentar la inversión extranjera, y según recuerda Merrill Lynch, un 55% del papel emitido por el Gobierno británico el año pasado fue adquirido por fondos foráneos. "Por tanto, el mercado de deuda pública es tan susceptible como la libra a una crisis de confianza de la inversión extranjera", señala Mark Capleton, analista de Merrill.
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