La temporada de resultados volvió a poner a Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) en el centro de la conversación bursátil. La compañía reportó un alza de 35% interanual en su utilidad del cuarto trimestre, superando las estimaciones, y reforzó la lectura de que el ciclo de inversión en inteligencia artificial continua.
Con TSMC como termómetro, el mercado volvió a inclinarse hacia tecnología: el S&P 500 avanzó y el Nasdaq se afirmó tras jornadas más débiles, mientras los semiconductores lideraron el movimiento.
Lo más relevante del reporte no fue sólo el desempeño del trimestre, sino que TSMC elevó su hoja de ruta: proyectó gasto de capital entre US$ 52 mil millones y US$ 56 mil millones para 2026, un salto cercano a 30% frente al año anterior.
En esa línea, el analista de DVA Capital, Fernando Hales, explicó que la lectura interna de la firma respecto de la IA sigue siendo optimista. Según planteó, en los últimos meses TSMC ha buscado “hacer el chequeo de realidad” con sus clientes para distinguir entre entusiasmo y demanda efectiva, y la conclusión habría sido tranquilizadora: ya se observan ganancias de productividad vinculadas al uso de herramientas de IA, tanto en clientes como puertas adentro, con mejoras del orden de 1% a 2%. Con ese respaldo, el giro natural, dijo, es acelerar la inversión para expandir capacidad.
TSMC, además, ajustó al alza su perspectiva de crecimiento asociada al fenómeno. La empresa señaló que ahora espera que sus ingresos vinculados a chips de IA aumenten alrededor de 55% anual entre 2026 y 2029, un ritmo superior al que proyectaba previamente.
Los ganadores
El mercado no lo jugó sólo en el papel de la propia TSMC. El rally se extendió con fuerza hacia los proveedores de equipamiento.
Así se explicó el salto en nombres como ASML, principal referencia europea del sector, y la tracción en compañías estadounidenses vinculadas a fabricación y herramientas para semiconductores, como Applied Materials y Lam Research.
“Prácticamente el 70% del CAPEX de los fabricantes de semiconductores les recae como revenue a las compañías de equipamiento. Por lo tanto, se van a ver beneficiados”, explicó Hales.
Actualmente el principal freno no pasa por falta de pedidos, sino por capacidad física: faltan plantas y, sobre todo, salas blancas listas para operar, que además deben equiparse. En ese contexto, los proveedores de equipamiento aparecen como beneficiarios naturales y, en buena medida, el mercado ya ha venido incorporando esa expectativa en las valorizaciones. Al mismo tiempo, el mensaje de fondo es claro: la demanda vinculada a inteligencia artificial sigue muy fuerte, señaló el analista de DVA Capital.
Qué mirar
La idea es que el buen momento podría continuar, pero con un “pero” que vale la pena monitorear.
Más allá de la capacidad de fabricar chips, uno de los límites más relevantes para que el boom de la IA se sostenga es la energía. La pregunta no es sólo cuántos procesadores puede producir TSMC -y cuánto demandan diseñadores como Nvidia-, sino si esa nueva potencia de cómputo podrá efectivamente ponerse a funcionar: es decir, si los centros de datos podrán conectarse a la red y operar con suministro suficiente.
En esa línea, algunas señales recientes desde grandes tecnológicas y conversaciones en la industria apuntan a lo mismo. “El gran cuello de botella es la energía y que muchos de estos chips que se están solicitando podrían no ser conectados porque no hay energía. Entonces eso es algo que yo creo que hay que estar atento”, indicó Hales.
La magnitud del desafío ya aparece en las cifras: la Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico global de data centers podría duplicarse hacia 2030, y en Estados Unidos el se proyecta que la carga del sector podría duplicarse o triplicarse hacia 2028. En paralelo, la EIA anticipa récords de consumo eléctrico en 2026 y 2027, con los data centers como uno de los impulsores.