El Gran Salón del Pueblo, al costado oeste de la plaza de Tiananmén, ha sido el escenario de numerosos encuentros de alto nivel este 2026. El Presidente de China ha recibido a 10 jefes de Estado y un príncipe heredero en estos primeros cinco meses, denotando que la creciente influencia internacional del gigante asiático se está expandiendo más allá de la esfera económica.
En palabras del periódico local Global Times, China está “emergiendo rápidamente como el punto central de la diplomacia mundial”, destacando particularmente que es extremadamente inusual que “en la era posterior a la Guerra Fría un país reciba a los líderes de Estados Unidos y Rusia consecutivamente en el plazo de una semana”, referenciando a las más recientes visitas oficiales de Donald Trump y Vladimir Putin.
China está ante la oportunidad de “expandir su influencia global, pasando de ser un actor comercial indispensable a un árbitro geopolítico clave, orquestando una transición en la que las potencias regionales consolidadas -en lugar de las hegemonías externas- se conviertan en las principales garantes de la estabilidad en su entorno”, sostiene el investigador del Instituto para la Paz y la Diplomacia”, Arta Moeini.
Tenor del diálogo
En los encuentros, los pactos bilaterales han estado a la orden del día y han abarcado diversas áreas.
A modo de ejemplo, con el Presidente surcoreano Lee Jae Myung -quien inauguró las visitas del año el 5 de enero- se acordó ampliar gradualmente la cooperación en los sectores cultural y creativo, lo que permitió el reingreso del cine de ese país al gigante asiático. En tanto, con el mandatario uruguayo Yamandú Orsi -el único latinoamericano en la lista del año- se firmaron pactos en áreas como promoción de inversiones y comercio; carnes; ciencia, tecnología e innovación; ambiente; recursos pesqueros; propiedad intelectual y comunicación.
Pero, Beijing también ha usado estas instancias para posicionarse como un agente relevante en la comunidad internacional.
“El ímpetu de China es abrir y explotar todos los canales con todos sus partners para aprovechar la coyuntura y mostrar su nuevo brazo diplomático”, señala a DF la exdirectora de la Oficina Comercial de Chile en China, Natalia Cortés, quien recuerda que la potencia asiática “había sufrido aislamiento internacional hace cinco años atrás por el Covid-19, con unas fronteras cerradas”. En ese marco, señala que “sorprende que China hoy despliegue una estrategia que lo posiciona como uno de los países diplomáticos más fuertes del mundo”.
En efecto, Xi ha abordado con sus pares temas que escapan a lo bilateral. De acuerdo a lo informado por el Consejo de Estado de la República Popular, el mandatario chino ha recalcado en sus diversos encuentros con líderes europeos que “en un mundo que se enfrenta a múltiples riesgos y desafíos, la comunidad internacional debe unir fuerzas para dar respuesta”, añadiendo que “los principales países deben servir de buen ejemplo para promover la igualdad, respetar el estado de derecho, fomentar la cooperación y defender la integridad”.
A su vez, sus visitantes se han animado a ahondar en este tipo de temáticas. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, se refirió en su encuentro a “un nuevo orden mundial”, celebrando la alianza estratégica entre ambas naciones, que “no solo profundizará nuestros lazos bilaterales en beneficio de nuestros pueblos, sino que, a mi juicio, también contribuirá a mejorar el sistema multilateral, un sistema que en los últimos años se ha visto sometido a una gran presión”.

Una china mediadora
Fue en el marco de su reunión con el Presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en la quincena de abril, que Xi se refirió por primera vez pública y directamente a la guerra en Medio Oriente. “El orden internacional se está desmoronando en el caos”, indicó en esa ocasión, asegurando que China desempeñará un papel constructivo en Medio Oriente.
Poco antes se había reunido con el príncipe heredero de Abu Dhabi, Khaled bin Mohamed, a quien le presentó la propuesta de cuatro puntos de China para terminar con la guerra de EEUU e Israel contra Irán, basada en mantener los principios de coexistencia pacífica, soberanía nacional, derecho internacional y equilibrio entre desarrollo y seguridad. Más tarde, a inicio de mayo, el secretario de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visitó Beijing y recibió la propuesta que su país decidió adscribir.
“China mantiene una postura imparcial en los asuntos de Oriente Medio y desempeña un papel mediador indispensable”, escribió la investigadora asociada del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua (China), Wen Jing, destacando que la positiva recepción emiratí e iraní de la iniciativa china da cuenta de “las expectativas estratégicas de los países de Medio Oriente respecto a la participación de China en la mediación y la promoción de una distensión”.
El rol se repite en lo que respecta a la guerra en Ucrania. Esta misma semana, el canciller alemán, Friedrich Merz -quien visitó a Xi en febrero- posicionó a China como un actor clave para lograr la paz, esperando que influenciara al Presidente ruso, Vladimir Putin, al respecto.
Trump y luego Putin
De todas maneras, el encuentro de mayor connotación global fue el que sostuvo con el Presidente de Estados Unidos. Allí, Xi llamó a Donald Trump a no caer en la trampa de Tucídides -en referencia a la teoría del historiador griego sobre la rivalidad de una potencia establecida y una en ascenso (Esparta y Atenas en su contexto)-, señalando que ambos pueblos pueden verse beneficiados por una relación colaborativa.
A la semana siguiente arribó Putin, con quien el foco estuvo en la “defensa de un mundo multipolar”, idea clave en la concepción china de la dirección que debe tomar el orden internacional.