Preocuparse en forma activa de la probidad y la ética como pilares centrales al interior de las organizaciones y medirla constantemente, tendría resultados positivos. Eso quedó de manifiesto tras el ejercicio que realizaron Fundación Generación Empresarial (FGE) e Ipsos, el cual consistió en comparar los resultados del último Barómetro de Valores e Integridad Organizacional (BVIO) de 2025 que elabora la primera -para saber cómo se entiende y comunica este tipo de temática y medir la prevención de conductas indeseadas y la presencia de conflictos éticos- con una encuesta que le encargó a la segunda, considerando su experiencia en investigación de mercado.
El estudio comparó respuestas asociadas a cultura ética, valores corporativos, liderazgo, prevención de malas prácticas y percepción de integridad dentro de las organizaciones.
¿Qué arrojó el cruce de antecedentes? Que lo que no se mide no existe, ya que la percepción sobre la cultura ética al interior de las organizaciones presenta diferencias significativas dependiendo de si las empresas miden constantemente este tema.
Mientras un 62% de los encuestados en la medición interna BVIO aseguró estar “completamente de acuerdo” con que su organización comunica claramente sus valores, principios y propósito, en la encuesta Ipsos esa cifra cae a 30%.
La brecha también se replica en la frecuencia con que las personas reciben información sobre ética y valores.
Entre aquellas que participaron del barómetro, un 66% señaló que esto ocurre “frecuentemente”, mientras que en Ipsos el porcentaje disminuye a 29%.
Algo similar ocurre al medir el nivel de adhesión y compromiso con los valores corporativos. En la medición de FGE, un 60% calificó este compromiso como “alto”, más del doble que el 29% registrado por Ipsos.
Las diferencias también aparecen al evaluar comportamientos concretos. Entre las organizaciones que se someten al barómetro, un 84% considera que directivos y trabajadores actúan de acuerdo con los valores y principios corporativos, mientras que en la medición externa esa percepción baja a 64%.
“Hay un estado muy dispar dentro de las organizaciones respecto de la madurez de su cultura de integridad y de qué manera los avances en este ámbito permiten generar organizaciones más sostenibles”, advirtió la presidenta de FGE, Janet Awad.
De ahí que el Barómetro, dijo, “al ser una medición aplicada a colaboradores de organizaciones más sensibilizadas en integridad, muestra niveles más altos de confianza y adhesión ética. Ipsos, en cambio, al capturar una percepción más transversal y externa, revela una mirada más escéptica y crítica respecto de la realidad organizacional chilena”.
“Hay un estado muy dispar dentro de las organizaciones respecto de la madurez de su cultura de integridad y de qué manera los avances en este ámbito permiten generar organizaciones más sostenibles”, dijo Awad.
Confianza y reportabilidad
Uno de los aspectos más sensibles del estudio es la percepción sobre los canales de denuncia y prevención de malas prácticas.
En la medición que realiza FGE, un 77% aseguró que su organización sí cuenta con sistemas o plataformas de reportabilidad que generan confianza respecto del anonimato, la protección de denunciantes y la prevención. En la encuesta de Ipsos, en cambio, esa cifra llegó solo a 44%.
La medición también consultó por las malas prácticas observadas al interior de las organizaciones. Entre las conductas más mencionadas aparecen faltas o incumplimientos de políticas de seguridad, acoso laboral, incumplimientos de compromisos o acuerdos y abuso de poder.
La distancia también queda reflejada en la disposición a recomendar a la organización como un lugar ético o íntegro para trabajar.
“Es una diferencia abismal. Cuando comparamos las organizaciones valientes, que se miden voluntariamente y quieren hacerse cargo de los resultados, el 61% declara con la nota máxima que recomendaría a su lugar de trabajo como un lugar ético e íntegro para trabajar, en comparación a los trabajadores de empresas que no se miden, donde la misma afirmación solo alcanza al 20%”, agregó Awad.
A modo de cierre, para la vocera estos resultados refuerzan lo importante es que la integridad pase del discurso a la acción.
“Muchas empresas creen que basta solo con el cumplimiento normativo y no tienen conciencia de las transformaciones culturales que se producen al trabajar la cultura de integridad en un espacio más reflexivo que vaya más allá de un protocolo”, expresó.
Y añadió que, “aunque muchas de ellas cuentan con estructuras, códigos y discursos de integridad, las personas siguen evaluando la ética principalmente a partir de las conductas concretas que observan en el día a día, las decisiones que toman sus líderes y sus experiencias cotidianas en el trabajo, la capacidad de escuchar y de ser autocríticos. Esa parece ser la gran diferencia entre tener un compliance formal y una cultura ética real”.