Francisco Melo: “Se me abrió un mundo que no sabía que existía”
Su explosiva incursión en redes sociales, tiene al actor convertido en estrella del humor. Además está estrenando El quinto paso, título que marca su regreso al escenario tras “un periodo de introspección”. Tanto en el montaje teatral como en esta conversación, Melo se adentra en temas como la masculinidad y la espiritualidad. Aquí parte de la conversación del nuevo capítulo del podcast Fuera de libreto.
Por: Por Sofía García-Huidobro - Foto: Julio Castro
Publicado: Viernes 15 de mayo de 2026 a las 18:04 hrs.
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Llevaba cuatro años fuera de las tablas. Una pausa consciente, dice, tras La clausura del amor, obra donde actuó junto a su pareja, Daniela Lhorente, dirigidos por Alfredo Castro. “Hacer teatro y televisión es intenso. También tiene que ver con el paso de los años y las energías que uno tiene. Decidí tomarme un periodo de introspección. Hasta que apareció esta obra”, dice Francisco Melo (60). Se refiere a El quinto paso.
El quinto paso del programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos (AA) consiste en admitir ante Dios, ante uno mismo y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros defectos. Esta etapa de “confesión” busca liberar la culpa y vergüenza acumuladas, fomentando la honestidad y responsabilidad.
La obra original del dramaturgo norirlandés David Ireland se estrenó en el Festival de Edimburgo en 2024 y llega al escenario de Teatro Zoco bajo la dirección de Jesús Urqueta. La trama muestra a dos hombres, uno más joven, interpretado por el actor Felipe Rojas, y otro más maduro, encarnado por Melo.
“Es la conversación del proceso de sanación de un joven que está tratando de salir del alcoholismo, con su padrino. Además, es una radiografía a la humanidad, a la pareja, la amistad, la confianza, un diálogo donde la masculinidad está muy instalada. El viaje es interesante, vertiginoso y tiene mucho humor. Pasa de todo en esta conversación que va develando cosas que uno no imaginaría”, describe el actor.
También se abre una reflexión sobre una sociedad alcoholizada: “Este es un país en que el alcohol está súper presente. Existe una presión social. A propósito de la obra también me he cuestionado cosas. Con Felipe (Rojas) nos propusimos bajar nuestros niveles de alcohol, para replantearnos. Si eso también pasa en los espectadores, sería maravilloso”.
Francisco Melo y Felipe Rojas protagonizan El quinto paso. Foto: Daniel Corvillón
Volver al escenario no es como andar en bicicleta, afirma. A pesar de su larga trayectoria, los nervios vuelven. “Están las ganas de que el teatro no sólo entregue diversión o distracción. Uno como artista debe ser responsable de provocar emociones. Generar instancias que tengan alguna trascendencia. Entonces estos ensayos han sido un taller de investigación en torno a la responsabilidad social que tenemos frente a gente que decide pagar, venir un día en la tarde y sentarse al teatro”, define.
Comenta: “Hace poco iba caminando por la calle y una mujer se acerca y me dice: El príncipe desolado. ¡Wow! Que me saluden por las teleseries, me calza, pero que alguien recuerde una obra que fue chiquitita y tuvo pocas funciones, tiene un valor especial”.
Reconoce que esa sensación que entrega el teatro del presente absoluto, donde cada función es única y el público distinto, tiene algo de adictivo: “Es catártico y un poco esquizofrénico también. A uno le gusta entrar en el dolor, pero es agotador”.
- ¿Te cuesta despedirte de los personajes?
- Unos más que otros, sin duda. He aprendido a vivir duelos más cortos. Creo que la vida te enseña a desprenderte con mayor facilidad. Pero uno tiene que estar atento, porque en ocasiones los personajes te desestabilizan sin que te des mucha cuenta. Hay veces que hago las escenas más espantosas, me voy a mi casa, y quienes conviven contigo te dicen: “Estás un poquito raro”. Hay una carga que se puede quedar pegada.
La dorada tv
Fue uno de los protagonistas de teleseries que marcaron una época de la televisión, muchas de ellas dirigidas por Vicente Sabatini. Estupido Cupido, Sucupira, Iorana, Romané, Pampa Ilusión, El circo de las Montini, Los Pincheira, también Los 30 y Dónde está Elisa, entre muchos otros títulos.
Reconoce que hay una nostalgia instalada respecto de estas grandes producciones con elencos de 40 actores, que se desplazaban por distintos lugares del país y tocaban temas de connotación social. “Me emociona que haya gente que me diga ‘te estoy viendo en Pampa Ilusión’. A veces me quedo pegado viendo alguna escena del pasado y me parece que no envejecieron mal. Pero también valoro lo que está pasando ahora. Por ejemplo, Isla Paraíso, que se metió de lleno en Chiloé o Los Casablancas, una teleserie tremendamente bien escrita”.
Apunta al cambio en las tecnologías y cómo el público consume el contenido: “Están los streaming, la gente ve teleseries por TikTok. No se sientan con el pan con palta a ver la novela en las tardes, eso ya no existe como punto de encuentro familiar o conversación obligada al día siguiente. Entonces creo que hay harta nostalgia con respecto a esa época dorada, que fue súper importante, pero que no dista mucho con lo que estamos haciendo ahora”.
- Estás en Mega pero durante muchos años fuiste parte de TVN, ¿cómo observas la actual situación de la señal pública?
- Si de verdad TVN lograra decantar en una televisión pública con repercusión de Putre a Puerto Williams, entregando no solamente información, sino que cultura y entretenimiento bien puesto, sería maravilloso. Hace poco estuve en el canal y me dio nostalgia caminar por los pasillos, por los estudios cerrados, por toda esa actividad que había antes, hoy no hay nada de eso. Siento que hay una responsabilidad política, un pasarse la pelota de gobierno a gobierno, o de director en director, o de gerente general y gerente general, pero no asumiendo responsabilidades. Están con un hoyo financiero que crece año a año. Tampoco tengo la solución. No sé cuáles son las medidas que se deberían tomar: reducir, invertir, externalizar aún más. Pero uno siente que son décadas de esta conversación. Eso es un poco desolador.
La dimensión espiritual
Antes de convertirse en actor, estudió tres años de ingeniería y ejecución mecánica. Su vínculo con la caja de herramientas viene desde la infancia: “Yo era el que arreglaba la juguera, pero el mundo de las matemáticas me destrozó el alma y apareció el teatro. Me encanta el mundo de la manualidad. Admiro profundamente el oficio del utilero, el sonidista, los eléctricos”.
- Te ha tocado interpretar a muchos hombres distintos, ¿qué has aprendido sobre la masculinidad?
- A mí el hecho de atreverme a cambiar radicalmente de una carrera tan masculina a teatro, que tiene que ver con la sensibilidad, me empezó a abrir ciertas puertas en relación a que el hombre puede ser sensible, puede ser emotivo. También hay un peso generacional: “el padre proveedor, el fuerte, los hombres no lloran”. Me acuerdo de preguntarle a uno de mis hermanos mayores si estaba mal sentarse con las piernas cruzadas. O una vez que me corté este dedo y después de todo el proceso de curación, el médico dice: “Más adelante podemos ver algún tema de cirugía plástica para mejorar la apariencia”. “No, es hombre”, respondió mi padre. Yo tenía 13 años y me quedó marcado.
A pesar de ser muy activo laboralmente, el actor asegura que valora profundamente el ocio de su hogar. “Hay una contradicción rarísima porque yo siento que, a ratos, soy bastante ocioso, pero la gente que me conoce me dice: ‘¡tú no paras! Y yo digo: ¡Sí, paro!”. Cuenta que en su casa tiene un taller de carpintería, el cual lucha porque no se convierta en bodega. También disfruta pegarse una maratón de series o salir a caminar.
“Hay momentos que con la edad he respetado. Ya no estoy en la vorágine, no me critico por no hacer nada. Alcancé a tener dos funciones el mismo día, más la televisión y hacer clases. Todas esas cosas sucedieron y a estas alturas uno valora los momentos de calma”, afirma.
Estudió en el colegio San Ignacio El Bosque, ha hecho clases de teatro ahí y hace poco participó como rostro en una campaña del Hogar de Cristo. ¿Cuán jesuita es Pancho Melo? “Soy bastante jesuita. ’Trabajo para un hermano’. ‘Contento, Señor, contento’. ‘Dar hasta que duela’. Son frases que entraron de lleno en mí. Son 12 años por lo menos. El espíritu social, tener conciencia del otro, que es algo que también tiene que ver con el teatro. Sin duda los artistas tenemos mucho ego y debemos aprender a convivir con él, no eliminarlo. Es bueno a ratos porque te fortalece ciertas áreas, pero cuando te come el ego es muy malo. Aprender a convivir nos haría bastante más humanos y es casi un mensaje para el mundo político. Escuchen un poquito más. ‘Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación’. (Ríe) Son frases que me han marcado”.
- ¿Y eres religioso?
- Esa pregunta me la hacen en El quinto paso y yo respondo: “Soy más espiritual que religioso”. Y creo que eso también me define hoy en día. A veces envidio la fe. Alguna vez he ido a unos retiros de los monjes trapenses que te invitan a convivir con ellos en silencio durante tres o cuatro días, y me encantaría volver. Son experiencias espirituales, una conexión con un ser superior.
El salto a influencer
Además de ser rostro televisivo, Pancho Melo se ha convertido en estrella de la pequeña pantalla como protagonista de graciosos reels. En sus redes sociales suma más de 700 mil seguidores en Instagram y 800 mil en TikTok.
“Tuvo que ver con el estreno de Oro amargo, una película donde yo actuaba y tenía de productor ejecutivo a Moisés Sepúlveda, que le encanta que lo mencione porque a él se le ocurrió. Me dijo: ‘tienes muchos seguidores, aprovechémoslo para cuando venga el estreno de la película y lo usamos como plataforma de difusión’. Empezamos a trabajar seis meses antes y sucedió lo inesperado, fue una suerte de explosión. A la película no le sirvió de nada (ríe), pero a mí me abrió un mundo porque encontré un espacio de creatividad que me divirtió”, comenta.
No le fue difícil entrar en esa dinámica de humor, a la que luego se sumó su pareja, la actriz Daniela Lhorente. Conoció también el universo del podcast y fue de entrevistado a espacios como los de Luis Slimming, Edo Caroe y Pamela Díaz.
“Se me abrió un mundo que no sabía que existía. En mi espacio de trabajo el humor es fundamental. No soy el rey de la fiesta, ni el mejor para los chistes, pero sí soy de terminar una escena y echar la talla. Soy más o menos rápido en eso. Me acomodó el lenguaje. Tengo un grupo de jóvenes que me ayudan, aunque hay cosas que honestamente no entiendo. A veces me ha dado pudor… pero funcionó”.
Así conoció a Francisco Ackermann, educador financiero, emprendedor e influencer. Por la notoriedad que había adquirido en redes sociales, lo invitaron a Finanzas al desnudo.
- ¿Cuánto sabes de finanzas?
- Extrañamente, y creo que heredado de mi padre, he sido muy cuidadoso con mis finanzas y el ahorro ha sido fundamental. Incluso cuando no tenía ni uno. Me meto y diversifico mis inversiones, juego un poco ahí.
Luego de esa invitación, los productores le propusieron participar en una versión Verano al desnudo, como dupla de Ackermann. Eso fue más allá y ahora tienen el programa Pancho al desnudo en YouTube.
“Con Pancho (Ackermann) tenemos 20 años de diferencia. Podría ser mi hijo. Hay un cruce generacional que se fue adecuando y después se transformó en esta conversación miscelánea que se va para cualquier lado”, comenta.
- Las redes sociales traen otro nivel de exposición, ¿te afecta la mala onda? ¿cómo interactúas con los comentarios?
- Me estorban. No forman parte de mi vida. Cuando empecé a enfrentarme a la crítica especializada, cuando uno presentaba una obra o estrenaba una película, siempre miraba con pudor si te nombraban bien o mal. Evidentemente el ego está ahí bailando adentro, pero aprendí a evitarlas. Pocas veces me meto a los comentarios, no escarbo ahí. Con la imagen de alguien que va en el Metro o en la micro una mañana fría camino al trabajo y se encuentra con alguna pelotudez mía en las redes, y sonríe, me doy bastante por pagado.
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