"Este contexto ha reforzado la percepción de la joyería como un bien de valor, más cercano a un activo que a un producto puramente decorativo, lo que ha cambiado la forma en que muchos clientes se aproximan a la compra". La frase es de Laura Barros, gerente comercial de Casa Barros, en una de sus respuestas sobre cómo se ha sentido en Chile la vertiginosa alza en los precios del oro y la plata, que se han disparado como no se veía hace décadas debido a la demanda como refugio seguro en medio de la incertidumbre geopolítica internacional.
En las pantallas de Bloomberg en la mañana de este miércoles las cotizaciones mostraban que el oro contado se negociaba sobre US$ 5.000 la onza -unos US$ 500 por debajo del máximo histórico que registró recién el 29 de enero-, pero todavía acumula un avance de 17% en el inicio de 2026 y un 152% en el último año. La plata contado, en tanto, cotizaba a US$ 89,2 por onza -tras anotar un récord de US$ 121,65 por onza a fines de enero- y suma un impresionante 177% en 12 meses.
Barros explica que el aumento en los precios internacionales ha tenido un impacto directo en la joyería, ya que por una parte ha presionado los márgenes del negocio, y por otra, ha afectado la disponibilidad y planificación de materiales, que hoy es más compleja que hace una década. Sin embargo, asegura que aunque las joyas hoy tienen un precio mayor, no ha habido un ajuste lineal en los precios frente a los valores de las materias primas internacionales.
"El mercado de la joyería es altamente competitivo y el cliente es muy sensible al precio. Además, existe una fuerte presencia de emprendimientos informales o irregulares que generan una presión adicional sobre los precios, incluso de forma desleal. Esto obliga a las joyerías formales a absorber parte de los costos y a justificar muy bien el valor agregado del producto", dice la ejecutiva.
Anillos, oro y platino
Barros explica que el anillo sigue siendo, por lejos, la joya más vendida en Chile, ya que está asociada a hitos importantes como compromisos, matrimonios, aniversarios y celebraciones personales, y además, permite una mayor rotación y variedad de uso en comparación con otras categorías de joyas como collares, pulseras y aros. En cuanto a los materiales, el consumidor chileno es más bien tradicional, privilegiando el oro amarillo y el platino, tanto por aspectos culturales como por su durabilidad y valor a largo plazo.
“El cliente está cada vez más informado y exigente, con mayor sensibilidad frente a temas como calidad, mano de obra, durabilidad y valor percibido”, dice Barros. En la última década "el cliente chileno se ha ido atreviendo a comprar joyas de mayor valor, incorporando piedras preciosas de color -no solo diamantes- y diseños más especiales, que refuercen la sensación de exclusividad y unicidad".

Dos realidades, dependiendo del segmento
George Lever, gerente de Estudios de la Cámara de Comercio de Santiago, explica que si bien no existe información detallada de transacciones finales y consumo interno, de acuerdo con cifras preliminares en el último se estabilizaron las importaciones de joyas medidas en montos en cifras -que habían bajado-, pero se observó una caída superior al 30% en cantidad medida en kilos de joyas.
"Esto indica que el gasto total se mantuvo, pero producto de los precios más altos el volumen de compra disminuyó en forma significativa. Los precios de importación, en promedio, aumentaron en casi un 50%, consecuencia directa de las alzas internacionales del oro y la plata", explica Lever.
"Los precios más altos de los metales preciosos tienen un doble impacto en la demanda final de joyas: por una parte, el segmento más masivo y de menor valor se resiente muy fuertemente, ya que es muy sensible al precio. Por otra parte, el segmento premium, de joyas de alto valor, muestra una mayor resistencia a las alzas, lo que se ve reforzado además por el valor como inversión que se asigna al producto, especialmente en tiempos de buenos retornos de los metales, como ocurre hoy", agrega.
Lever coincide en que en materia del impacto en los precios finales, el traspaso de costos es inevitable debido a la magnitud de las alzas en los precios de las materias primas, si bien se observan distintas aproximaciones dependiendo del segmento en que operan y la estrategia comercial de los minoristas. "En algunos segmentos en que la sensibilidad de demanda al precio es mayor, los esfuerzos por sacrificar márgenes son más intensos que en la categoría premium, donde, como dijimos, el valor asignado a la joya como inversión es mayor", señala.
La votalidad de montaña rusa que marcó las primeras semanas de 2026 debería tender a suavizarse hacia adelante, explica Lever, aunque nada hace pensar en un cambio en los vientos favorables que siguen animando los precios del oro y la plata.
"Para este año se espera una mantención de las grandes tendencias, con precios que se mantendrán elevados aunque con alzas mucho más moderadas que lo que vimos en el último año. La demanda en el segmento de menor valor debiera mostrar mayores signos de estabilización, mientras que se podría observar un moderado incremento en el segmento más premium", dice Lever.

Adaptación, clave
En el tradicional enclave joyero de la Galería Pasaje Matte en el corazón del centro de Santiago, Rubén González, gerente general de Joyería Sebastián, admite un fuerte impacto de la fiebre del oro y la plata que ha obligado ajustar los precios, dado que sostiene que es muy díficil en esta coyuntura absorber internamente estas alzas sin traspasar parte del impacto al precio final. Aunque señala que ha habido una disminución en la venta de joyas de oro, al mismo tiempo se ha dado un leve aumento en las de plata.
"Por un lado, está el cliente que compra por un compromiso puntual, como matrimonios o anillos de compromiso. En estos casos, la compra sigue existiendo, pero se opta por modelos más livianos, diseños más simples o alternativas más económicas, como cambiar de oro a plata", dice González.
"Por otro, ha crecido bastante el cliente que compra metales con un enfoque de inversión. Ya no buscan joyería tradicional, sino láminas de oro o plata, entendiendo estos metales como un resguardo de valor, con liquidez inmediata y, en muchos casos, una mejor rentabilidad que instrumentos financieros tradicionales", añade.
En el caso de los locales del tradicional pasaje en Santiago Centro, González dice que en general el público sigue visitando y cotizando, pero las decisiones de compra se toman con mayor cautela y, en muchos casos, se postergan. "El cliente compara y prioriza. En muchos casos prefiere, por ejemplo, una cadena más gruesa de plata antes que una muy delgada de oro, siempre dependiendo de su presupuesto y situación económica", dice.
"La competencia será cada vez más dura y probablemente sobrevivirán quienes logren optimizar costos, adaptarse al nuevo consumidor y ofrecer alternativas reales, además de depender de una mejora en los indicadores económicos del país que permitan mantener el poder adquisitivo de las personas", dice González sobre lo que puede venir hacia adelante, en un contexto en que en ningún caso se anticipa que el oro y la plata dejen de tener una brillante relevancia.