Hubo un tiempo en que invertir en armas militares era tabú en Silicon Valley. Ese tiempo terminó. El escenario internacional marcado por guerras y ataques desde 2022, está impulsando un auge en las defense tech, las tecnologías usadas para defensa, pero también para la guerra.
Drones submarinos que operan sin GPS, buques no tripulados fabricados como autos eléctricos, aeronaves autónomas validadas en combate y chips de inteligencia artificial (IA) diseñados para el campo de batalla concentran hoy las mayores rondas de capital de riesgo del mundo.
El informe Emerging Tech Research Defense Tech VC Trends elaborado por PitchBook, que divide a las tecnologías de defensa en 11 segmentos, incluidos sistemas autónomos, tecnologías espaciales y computación y software avanzado para uso militar, señaló que la inversión global en este tipo de startups cerró 2025 con un récord histórico de US$ 49.900 millones, casi el doble de los US$ 27.300 millones de 2024.
En tanto, el primer trimestre de 2026 mantuvo el ritmo con US$ 17.800 millones en 174 operaciones, una de las marcas más altas de la serie histórica, según información adicional de la plataforma de datos estadounidense enviada a DF.
El ejecutivo senior de tecnologías emergentes de PitchBook, Ali Javaheri, planteó en el reporte que el sector dejó de ser un “ciclo de innovación del Pentágono” para convertirse en un “ciclo de industrialización”. Un cambio que se refleja en el tamaño y en la etapa en que ocurren estas operaciones.

Un prototipo de robot humanoide Apollo, fabricado por Apptronik. Foto: Bloomberg
Por ejemplo, las rondas de crecimiento (venture growth) concentraron US$ 25.200 millones y las de etapa tardía (late-stage) US$ 18.400 millones, lo que equivale al 87% del capital total desplegado para defense tech el año pasado.
La mediana del ticket de crecimiento pasó de US$ 30,7 millones a US$ 50 millones en un año. “Los inversionistas pagan cada vez más por sistemas que pueden escalar la entrega, no solo probar la viabilidad técnica”, comentó Javaheri.
La actividad de exits o salidas de la inversión también validó esa lectura. Sumaron US$ 54.900 millones en el año, frente a los US$ 18.200 millones de 2024.
Los sistemas autónomos lideraron el capital captado por segmento el cuarto trimestre de 2025, con US$ 12.100 millones, seguidos por sensores, conectividad y seguridad (US$ 8.400 millones), generación y almacenamiento de energías renovables (US$ 6.300 millones) y computación avanzada y software (US$ 6.200 millones).

El primer trimestre de 2026 confirmó la continuidad. Según datos preliminares, al 31 de marzo, el sector cerró con US$ 17.800 millones invertidos, encabezado por las megarrondas de Shield AI (US$ 2.250 millones), Saronic (US$ 1.750 millones), Cerebras (US$ 1.100 millones), World Labs (US$ 1.000 millones) y Apptronik (US$ 935 millones).
El analista proyectó que para este año los inversionistas se concentrarán en “compañías que pueden convertir la densidad de obligaciones contractuales en unidades entregadas, como manufactura repetible, cadenas de suministro ajustadas y software que se actualiza en plazos operacionales”.
En tanto, los fondos de capital de riesgo que suelen realizar operaciones tradicionales de software también han invertido en las defense tech. Entre los más activos en 2025 están Andreessen Horowitz, con 37 inversiones; Founders Fund, con 24; y Sequoia Capital, con 20.

Uno de los chips desarrollados por Ayar Labs. Crédito: Ayar Labs
Las startups que redefinen el sector
Anduril fue fundada en 2017 en California, Estados Unidos, por Palmer Luckey, creador de Oculus -vendido a Facebook en 2014-, junto con Trae Stephens, Brian Schimpf, Matt Grimm y Joe Chen.
Es una de las referencias obligadas del nuevo auge militar estadounidense. Construye y desarrolla sistemas autónomos terrestres, aéreos y submarinos, y los integra bajo Lattice, su plataforma de software de mando y control que conecta sensores, drones y unidades en terreno bajo una misma capa de inteligencia artificial.
Su catálogo incluye los drones Ghost y Fury, torres de vigilancia Sentry, vehículos submarinos Dive-LD y munición merodeadora Bolt.
A la fecha, acumula US$ 6.840 millones recaudados, posicionándose como la defense tech con mayor capital levantado, solo detrás de SpaceX (US$ 9.715 millones).
Shield AI fue creada en 2015 en San Diego, EEUU, por los hermanos Brandon y Ryan Tseng -el primero exoficial Navy SEAL- junto con Andrew Reiter. Está especializada en plataformas de autonomía para drones y aeronaves militares.
Su innovación central es Hivemind, un software de piloto autónomo que permite a aeronaves operar sin GPS ni intervención humana, incluso en entornos de comunicaciones interferidas. Su dron de vigilancia V-BAT, de despegue y aterrizaje vertical, ya se usa en operaciones reales.
En marzo de 2026 levantó una serie G por US$ 2.250 millones, la mayor del trimestre, quedando valorizada en US$ 12.700 millones.
Saronic, fundada en 2022 en Austin, Texas, por Dino Mavrookas -exoficial Navy SEAL-, Vlad Suntsov y Rob Lehman, fabrica buques no tripulados de superficie para misiones de reconocimiento, vigilancia y operaciones ofensivas.
Fabrica embarcaciones autónomas a velocidades de astillero comercial. Tiene una línea de seis modelos que va desde el Spyglass de seis pies hasta el Marauder de 40 toneladas.
El primer trimestre de 2026 sumó US$ 1.750 millones en una serie D que la valoró en US$ 9.250 millones.
Apptronik fue fundada en 2016 en Texas, por Jeff Cardenas y Nick Paine, como spin-off del Human Centered Robotics Lab de la Universidad de Texas. Desarrolla robots humanoides para manufactura autónoma con aplicaciones duales, es decir, civiles y de defensa.
Su modelo Apollo, presentado en 2024, es un humanoide de propósito general diseñado para operar líneas de producción, logística de almacenes y, eventualmente, manufactura militar.
Este primer trimestre levantó US$ 935 millones y quedó valorizada en unos US$ 5.300 millones.
Ayar Labs fabrica semiconductores y fotónica de silicio con aplicaciones en defensa. Fue fundada en 2015 en California por Alex Wright-Gladstein, Chen Sun y Mark Wade, a partir de una investigación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y en la UC Berkeley.
Su foco es resolver el gran cuello de botella del cómputo moderno: el movimiento de datos entre chips. En vez de depender de conexiones eléctricas de cobre, desarrolló interconexiones ópticas que envían información mediante luz, con menor consumo energético y latencia, y mayor ancho de banda.
Esa tecnología apunta sobre todo a infraestructura de IA, centros de datos y computación de alto rendimiento. Y en el plano militar, tiene aplicaciones de defensa.
En 2022 cerró un acuerdo con Lockheed Martin, la fabricante del caza F-16, para desarrollar plataformas sensoriales de nueva generación de aplicación en defensa, destinadas a capturar, digitalizar, transportar y procesar información espectral (datos captados de la radiación electromagnética, como luz visible o infrarroja) para detectar blancos o monitorear movimientos.
También cerró acuerdos con el Departamento de Defensa de EEUU para acelerar el uso de su tecnología.