Pablo Sánchez, de Medical Open World: El emprendedor que ha salvado 4.500 niños con sus incubadoras de bajo costo
El ingeniero español partió con la idea en 2017: inventar incubadoras accesibles para hospitales que no podían pagar las comerciales. Las suyas cuestan cien veces menos. Hoy tiene 252 instaladas alrededor del mundo y otras 200 en fabricación. En 2025 se ganó el Premio Princesa de Girona, y esos 20.000 euros le dieron mayor impulso al proyecto. Pablo Sánchez, que cuenta aquí la historia, estará en Chile la próxima semana.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 9 de mayo de 2026 a las 21:00 hrs.
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Pablo Sánchez tenía 6 años. Estaba en un parque de Pamplona. Asustado. Mientras jugaba a las escondidas con sus amigos, se había caído y tenía la cabeza rota. Sangraba. Le pidió ayuda a una pareja de adultos que iba pasando. Les mostró sus manos manchadas de rojo. Para su sorpresa, no lo tomaron en cuenta y siguieron de largo. Sería algo que él nunca olvidaría y que, con los años, decantaría en una pregunta: ¿Cómo ignorar a un niño indefenso?
Sánchez, ingeniero, 33 años, recuerda perfecto esa historia. Dice que esa pregunta le quedó dando vueltas. Lo mismo otra interrogante que se le cruzó cuando tenía 18. Era adicto a los videojuegos, reconoce, al punto que le interfería los estudios universitarios y la vida social. Como hombre de fe, pidió que se hiciera el milagro de superar el vicio. Y cuando lo logró, gracias a que se fascinó con un curso de electrónica que cambió su foco de atención, se preguntó: ¿Cómo tener una vida con sentido, que merezca la pena?
Con el tiempo encontró las respuestas en un emprendimiento tecnológico que no sólo le cambiaría la vida a él sino sobre todo a 4.500 niños prematuros, de 37 países, que ya han usado la incubadora neonatal que él creó y que cuesta 100 veces menos que las que se venden comercialmente. Es una cruzada solidaria que Sánchez realiza a través de su ONG Medical Open World y que el próximo martes lo traerá a Chile, como speaker en un encuentro de la Fundación Lo que de Verdad Importa, que organiza eventos en distintas partes del mundo para compartir historias humanas inspiradoras.
El crowfunding
Todo comenzó en 2017. Sánchez se había movido de Pamplona a Madrid por trabajo y leyó una noticia: cada año morían en el mundo cerca de un millón y medio de bebés prematuros por no tener incubadora. La nota decía también que había un grupo de voluntarios en la capital española viendo cómo ayudar. Preguntó si un ingeniero electrónico como él -que es su juventud había sido un inventor de mil cosas, desde ampolletas que se encendían con un aplauso hasta pequeños robots- sería de utilidad. Le dijeron que por supuesto.
A los pocos meses, él quedó a cargo de esta iniciativa que buscaba crear una incubadora con todas la funcionalidades básicas -temperatura, humidificación, luz- pero más accesible, de menor costo (las comerciales, dice, se mueven entre los 35.000 y 50.000 euros) y fácilmente transportable, que entrara en una maleta. Fue una larga ruta de ensayo y error, que Sánchez realizaba en el tiempo libre que le dejaba su trabajo formal. Hubo frustraciones, retrocesos, volver a empezar de cero. “Pensé en abandonar, sentía que no podía solo. Pero se me vino mi imagen de niño herido en un parque, pidiendo ayuda. Y ahora era yo esa pareja que pasaba por ahí… No podía ignorar a esos bebés indefensos”, cuenta. Así que juntaba fuerzas y continuaba.
“Pensé en abandonar, sentía que no podía solo. Pero se me vino mi imagen de niño herido en un parque, pidiendo ayuda. Y ahora era yo esa pareja que pasaba por ahí… No podía ignorar a esos bebés indefensos”, cuenta.
El financiamiento era un tema preocupante, sobre todo cuando ya necesitó hacer los primeros prototipos de la incubadora que llevaba años creando. Era 2019. Se le ocurrió entonces lanzar un crowfunding en la parroquia a la que siempre iba en Pamplona. El sacerdote lo hizo pasar adelante y Sánchez, desde el altar, explicó su idea. Tuvo éxito. Juntó 2.500 euros. Para transparentar la recolección de fondos creó Medical Open World, la organización que de ahí en adelante soportaría todo su trabajo solidario.
Pequeño milagro en Camerún
En 2020, con la pandemia, Sánchez tuvo más tiempo para dedicarse a dar con la incubadora definitiva. Y lo hizo: ese año encontró el diseño preciso, “ya digno de poder llevar a ciertos lugares necesitados”, comenta. Accesible, además: “El costo de los materiales para producir esta incubadora alcanza los 350 euros, que era y es el precio al que se ofrece”. Para la manufactura se llegó a un acuerdo con los colegios técnicos salesianos de España, cuyos alumnos las fabrican como parte de su práctica. En 2021, primer año de producción, armaron 20.
“Cuando ya tuvimos las incubadoras, la pregunta era cómo las enviábamos. Ahí apareció la ONG Ayuda Contenedores, de Pamplona, que tenía contacto con otras ONGs que trabajaban con hospitales en países de África y Latinoamérica que necesitaban incubadoras. Hicimos la conexión y empezamos a enviar”, explica. La primera partió a Camerún.

“En el hospital Ebomé, en el sur Camerún, envolvían a los prematuros en papel plata y los ponían al lado de un radiador -cuenta-. Cuando llegó la incubadora, pusieron a un bebé de 500 gramos, al que antes habían descartado. Eso pasa en muchos hospitales que no tienen incubadoras: los bebés debajo de un kilo son descartados… Entonces probaron con este niño. Cuando lo pusieron allí, a mí se me encendió el móvil, porque las incubadoras tienen internet y están conectadas para enviar los parámetros. Me dijeron que este bebé en cualquier momento podía fallecer. Me quedé con el corazón en un puño. Fueron pasando los minutos, las horas, los días. Seis semanas después me enviaron una foto: el bebé había sobrevivido. Le llamaron el pequeño milagro. A mí me explotó el corazón”.
Nueve meses después, aprovechando unas vacaciones de su trabajo, Sánchez fue a ese hospital en Camerún. Llevó más incubadoras. “De pronto, a contraluz, vi que se acercaba una mujer. Era la madre del pequeño milagro. Venía de una de las zonas más pobres del país y venía vestida de boda. Con sonrisa de oreja a oreja, con su hijo en brazos. Quería dar las gracias”.
-¿Cómo es cargar la responsabilidad de que la vida de alguien dependa del trabajo que hiciste?
-Es una presión muy grande.
"A contraluz, vi que se acercaba una mujer. Era la madre del pequeño milagro. Venía de una de las zonas más pobres del país y venía vestida de boda. Con sonrisa de oreja a oreja, con su hijo en brazos. Quería dar las gracias”.
El financiamiento
Para crecer, la piedra de tope seguía siendo el financiamiento. “Busqué en fondos de Europa, distintas alternativas, y no salió nada. Fue un momento muy difícil”, señala Sánchez. Cuando flaqueaba, volvía a pensar en esas preguntas que lo sostenían: no ignorar a los indefensos, la vida con sentido. Y seguía adelante con su proyecto, sostenido más que nada en el entusiasmo. Hasta que alguien le sugirió que postulara a los Premios Princesa de Girona, que entrega la Casa Real española. “Y bueno, me apunté; pese a que jamás me había ganado un premio en la vida, que nunca había destacado en nada”, dice.
Quedó entre los cinco finalistas. Y en febrero de 2025, tuvo que presentar su proyecto en Barcelona frente a 2.500 personas, incluido el rey y los ministros. Al final del acto, Pablo Sánchez fue elegido ganador. “Y ahí estaba yo, sorprendido, con la cara de tonto que se me quedó”, se ríe. Además de toda la exposición mediática, el premio incluye 20.000 euros, que a él le cayeron como anillo al dedo. “Ahí decidí que iba a dejar mi trabajo, que aún mantenía, y me iba a dedicar totalmente a las incubadoras. Era ahora o nunca”. Cuando se lo comentó a sus padres, dice que ellos se llevaban las manos a la cabeza en señal de preocupación, pero él no dudó: “Yo prefería quedarme con la seguridad de que lo había intentado todo a la incertidumbre de lo que podría haber pasado si hubiera dado un poquito más”.
Hoy Medical Open World, con Sánchez como CEO, tiene tres personas fijas -que recién empezarán a cobrar sueldo en un mes más- y 20 voluntarios. Además, han ido aceitando un sistema de financiamiento que les permita seguir ofreciendo las incubadoras sólo al precio del costo de materiales. “Tenemos donantes que nos ayudan a eso. El 2025 tuvimos unos 150.000 euros en donaciones. El 80% aportado por personas naturales muy generosas; el resto por empresas”.
Y sigue: “Luego, tenemos charlas y conferencias, con las que el año pasado conseguimos unos 20.000 euros. Entre otras convocatorias y premios, logramos otros 20.000”. Empresas colaboradoras, en tanto, donan materiales como la funda de los colchones o algunas piezas específicas de las máquinas. “Y buscamos patrocinadores que, por una cantidad de dinero, puedan poner sus logos en el producto o en nuestra página web”.

Este 2026, Sánchez lanzará otra idea para levantar dinero. “La idea está todavía en el tintero, estamos desarrollándola”, dice. Entonces se para y aparece luego en la cámara de Zoom con una pequeñísima incubadora entre las manos. “Se trata de que los donantes, las empresas, puedan apadrinar una de nuestras incubadoras, aportando lo que de verdad vale hacerla (entre 800 y 1.500 euros), y a cambio te damos una incubadora en miniatura que está conectada a la real y tiene toda una electrónica dentro. Entonces, cuando un bebé usa la incubadora que apadrinaste, se te enciende tu incubadora en miniatura”. Empezarán a ofrecerlas en septiembre u octubre.
“Hasta ahora, tenemos 252 incubadoras en destino; y otras 200 en lista de espera: ya pedidas y en fabricación”, dice Sánchez. Y hay otras dos cosas importantes, agrega. Primero, que las incubadoras tienen una tecnología con código abierto; es decir, que está disponible para quien quiera desarrollarlas. Porque aquí, insiste, todo esfuerzo suma. Y segundo, que si una ONG requiere una incubadora, no tiene recursos para comprarla y justifica bien la necesidad del producto en un hospital, se le entrega gratis. “Eso pasa con el 10% de las ONGs que piden nuestras incubadoras. Y lo hacemos porque la premisa del proyecto es que las incubadoras deben llegar a cualquier sitio que las necesite. Esa es nuestra filosofía”.
-Inventaste una incubadora que le ha dado posibilidad de vida a 4.500 niños. ¿Qué sientes?
-Mucha gente me dice: “Es que tú ya tienes el cielo ganado”. Pero yo, siendo totalmente sincero, creo que la grandeza no está en hacer cosas grandes, heroicas. La grandeza está en responder con generosidad al llamado que tiene cada uno. Y en ese sentido, creo que yo tengo el mismo mérito que mi madre, que dejó su trabajo para cuidarme a mí, o que una persona que puede ser un camarero o chofer de autobús.
"Mucha gente me dice: 'Es que tú ya tienes el cielo ganado'. Pero yo, siendo totalmente sincero, creo que la grandeza no está en hacer cosas grandes, heroicas. La grandeza está en responder con generosidad al llamado que tiene cada uno".
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