Cuando Zohran Mamdani ganó rotundamente las primarias demócratas a la alcaldía de Nueva York en junio, Wall Street y Silicon Valley estallaron en indignación ante sus promesas de autobuses gratuitos, congelación de alquileres y tiendas de comestibles gestionadas por la ciudad. Los multimillonarios de los fondos de cobertura Bill Ackman y Dan Loeb, Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, y el empresario tecnológico Brian Armstrong, de Coinbase, advirtieron sobre el riesgo de una interferencia excesiva en la economía de la ciudad.
David Solomon, director ejecutivo de Goldman Sachs, utilizó LinkedIn para criticar la propuesta de Mamdani de congelar los alquileres controlados por la ciudad. “Cuando Nueva York lo intentó en las décadas de 1920 y 1960, limitó la vivienda asequible, redujo la inversión en nuevas viviendas y encareció las viviendas fuera del área de control”, escribió.
La reacción durante las últimas semanas, cuando Donald Trump reveló una serie de intervenciones directas en el funcionamiento tanto del sistema financiero como de las operaciones de las empresas privadas, ha sido muy diferente. El lunes por la noche, el presidente anunció el despido de la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, como parte de una campaña más amplia de su administración para ejercer un mayor control político sobre el banco central, mientras el presidente presiona para que se reduzcan los tipos de interés.
“En el corto plazo, el despido de Cook no va a cambiar lo que hará la Fed (...) Pero en el largo plazo, (los ataques de Trump) son gravísimos. La destrucción de las instituciones es un desastre”, dijo el ex gobernador de la Fed, Frederic Mishkin.
El viernes pasado, la administración anunció que adquiriría una participación del 10 % en el fabricante de chips Intel, utilizando fondos concedidos inicialmente durante la administración Biden en un intento por impulsar la fabricación. Intel aceptó el acuerdo dos semanas después de que Trump pidiera la dimisión del director ejecutivo de la empresa, Lip-Bu Tan.
El secretario de Comercio, Howard Lutnick, dijo esta semana que la administración consideraría la posibilidad de adquirir participaciones en empresas de defensa y municiones. La Administración se llevará una parte de los beneficios obtenidos por Nvidia y AMD por la venta de chips avanzados a China y ha negociado una “acción de oro” en US Steel.
Cracker Barrel, la cadena de restaurantes que ofrece comida casera al estilo sureño, principalmente en las autopistas estadounidenses, anunció el martes que abandonaba una iniciativa de cambio de imagen que había sido criticada por el presidente y sus aliados por ser “woke”. Se va a restaurar el logotipo original, conocido como “Old Timer”.
Sin embargo, aunque Trump ha intensificado sus ataques contra la Reserva Federal, las principales figuras de Wall Street sólo han ofrecido críticas limitadas. Y aunque muchas de sus intervenciones corporativas equivalen al tipo de dirigismo al estilo europeo que la élite empresarial estadounidense solía ridiculizar, la respuesta a la agenda de Trump ha sido casi silenciosa.
De hecho, algunos líderes empresariales han elogiado los intentos del presidente de dirigir la economía. Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft, que ha sido durante mucho tiempo un importante cliente de Intel, elogió “la audaz estrategia del presidente Trump para reconstruir esta industria crítica en suelo estadounidense”.
Taylor Budowich, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, dijo que Cracker Barrel había llamado para agradecer a Trump por “intervenir” en su cambio de marca. “Querían que el presidente supiera que le habían escuchado”, declaró en X.
La yuxtaposición con Mamdani es sorprendente: críticas vociferantes de los líderes empresariales al favorito para ser alcalde de Nueva York, pero una moderación calculada mientras el presidente remodela las reglas de la libre empresa en Estados Unidos.
Hay muchas razones para esta reticencia, desde la boyante situación de los mercados financieros hasta la esperanza de que la persuasión privada sea una táctica más eficaz con este presidente que los argumentos públicos. Pero varios directores ejecutivos y asesores afirman que la principal explicación radica en el miedo. Criticar a Trump, argumentan, es arriesgado.
“Tienen más miedo al hombre que está en el poder en Washington que al posible alcalde de Nueva York”, afirma Ilya Somin, profesor de Derecho en la Universidad George Mason y académico del libertario Cato Institute. “Incluso si Mamdani se convierte en alcalde de Nueva York, no tendrá el tipo de poder que tiene el presidente de Estados Unidos”.
El telón de fondo del relativo silencio de los líderes empresariales y financieros ha sido la moderada reacción de los mercados a las intervenciones del presidente. Después de que Trump anunciara que iba a despedir a Cook por acusaciones sin pruebas de fraude hipotecario, los mercados apenas se inmutaron. Los bonos del Tesoro a dos años repuntaron, los bonos a 30 años se vendieron y la curva de rendimiento se empinó, pero los movimientos fueron modestos y las acciones siguieron subiendo.
Cook, la primera mujer afrodescendiente en formar parte de la junta de la Fed, se ha negado a dimitir y ha presentado una demanda contra su destitución, que, según ella, infringe sus derechos constitucionales.
Robin Brooks, miembro de la Brookings Institution, afirma que el mercado de divisas se vio más afectado por el discurso del viernes pasado del presidente de la Fed, Jay Powell, en la conferencia de Jackson Hole de banqueros centrales, cuando habló de la posibilidad de recortes de tipos, que por el anuncio del lunes del despido de Cook.
Los mercados son “cínicos”, afirma, y se centran en las señales de tipos a corto plazo en lugar del daño a largo plazo a la credibilidad de la Fed. “Los mercados son plenamente conscientes de que, bajo la fuerte presión de la Casa Blanca, la Fed está dando otro giro moderado”.
Algunos economistas afirman que esperaban una respuesta más contundente por parte de los inversores del mercado de bonos, que suelen criticar la extralimitación de los gobiernos.
“Para el tipo de personas que acuden a Jackson Hole, se trata de un evento Defcon 1”, afirma Anil Kashyap, economista de la Booth School of Business de la Universidad de Chicago y asesor del departamento de investigación de la Reserva Federal de Chicago, en referencia al estado más alto de preparación militar. “Me sorprende mucho que el mercado no haya reaccionado más”.
Algunos inversores ven la moderada reacción como una prueba de un nuevo paradigma: el llamado dominio fiscal, en el que la política del banco central se pliega a la política.
“Independientemente de si a la gente le gusta o no el proceso de politización de los bancos centrales, cuando se trata de déficits crecientes, así es como funciona”, afirma Charlie McElligott, estratega de derivados de Nomura.
Los mercados se están comportando exactamente como se esperaba “si se supone que una política monetaria flexible que respalde una política fiscal agresiva ayudará a afianzar la inflación”, añade, citando la venta masiva de bonos del Tesoro a largo plazo y el repunte del oro y el bitcoin, populares coberturas contra la inflación. “El despido de Lisa Cook no cambia nada, es la confirmación de lo que ya hemos estado negociando”.
James Bianco, presidente de Bianco Research, afirma que la falta de reacción no ha sido una sorpresa. “¿A qué hay que reaccionar? No ha cambiado nada. La Fed va a recortar los tipos, esté [Cook] allí o no”, afirma. “Si Trump, por ejemplo, nombrara a [su hijo] Eric presidente de la Fed, entonces tendríamos una reacción del mercado”.
Steven Grey, de Grey Value Management, sostiene que la calma de los mercados no equivale a un apoyo a Trump. “El mercado de bonos no necesita reaccionar de inmediato”, afirma. “Los inversores se han insensibilizado, lo cual es una respuesta natural y lógica. Y las protecciones que se le conceden a Cook son sólidas, incluso teniendo en cuenta la influencia de Trump sobre los tribunales”.
Sin embargo, algunos advierten de que centrarse en el impacto a corto plazo sobre los tipos de interés ignora el hecho de que Trump está impulsando una reorganización fundamental de la forma en que se gestiona la economía estadounidense.
“Si te preguntas por qué un país es rico y otro es pobre... son las instituciones, estúpido”, afirma Frederic Mishkin, profesor de la Columbia Business School y antiguo gobernador de la Reserva Federal.
“A corto plazo, el despido de Cook no va a cambiar lo que la Fed va a hacer con los tipos de interés. Y los mercados se centran en el corto plazo. A largo plazo, [los ataques de Trump] son muy importantes. La destrucción de las instituciones que nos han servido tan bien durante tanto tiempo es un desastre”.
¿Habrá resistencia a Trump?
El mayor obstáculo para el presidente sería la oposición concertada de los principales republicanos del Congreso, muchos de los cuales se consideran defensores de los intereses empresariales.
Pero ha habido pocos indicios de críticas públicas por parte de los líderes republicanos a sus ataques a la Fed o a sus intervenciones en los negocios, para gran burla de los demócratas.
“¿Resistencia? ¿Por parte de los republicanos en el Congreso?”, preguntó Elizabeth Warren, la principal demócrata del Comité Bancario del Senado, en la CNBC esta semana. “Estos tipos van a necesitar un trasplante de columna vertebral”.
Ha habido algunas críticas por parte de intelectuales republicanos y libertarios que han condenado enérgicamente la interferencia de Trump en la gestión de empresas como Intel. Joel Griffith, investigador principal de Advancing American Freedom, escribió en X que “la nacionalización parcial de Intel refleja una realidad inquietante: la política económica es cada vez más una mezcla de socialismo “internacionalista” de la izquierda y socialismo “nacionalista” de la llamada “nueva derecha””.
“Lo siento, no, esto es terrible. Esto es socialismo”, dijo el comentarista conservador Erick Erickson en su podcast sobre el acuerdo con Intel. “Esto es socialismo real llevado a cabo por una administración republicana”. Los nacionalistas tienen una larga historia de este tipo de políticas intervencionistas que tienen mucho en común con las políticas socialistas de izquierda, pero la retórica es diferente.
Somin, profesor de Derecho en George Mason, afirma que Trump ha transformado al Partido Republicano, que era un partido relativamente conservador y generalmente partidario del libre mercado, en un partido más parecido a los partidos nacionalistas de derecha europeos que apoyan un gobierno fuerte.
“Los nacionalistas tienen una larga historia de este tipo de políticas intervencionistas que tienen mucho en común con las políticas socialistas de izquierda, pero la retórica y el simbolismo son diferentes”, afirma.
El otro factor clave sería la oposición pública de algunas de las figuras más destacadas de Wall Street. Dimon, de JPMorgan, ha criticado los ataques a la Reserva Federal. En una llamada con analistas el mes pasado, afirmó que “la independencia de la Reserva Federal es absolutamente fundamental” y añadió que “jugar con la Reserva Federal a menudo puede tener consecuencias adversas”.
Pero Dimon, quien el mes pasado desestimó las opiniones económicas de Mamdani calificándolas de “la misma papilla ideológica que no significa nada en el mundo real” y criticó a los “idiotas” del Partido Demócrata, se ha abstenido de criticar directamente a Trump.
Solomon, de Goldman, también ha defendido la independencia de la Reserva Federal, de la que dijo el mes pasado a la CNBC que era “algo por lo que debemos luchar para preservar”, sin mencionar directamente a Trump.
Trump dijo recientemente que le “encantaría” que Powell dimitiera, pero que temía que despedirlo “perturbara el mercado”. Algunos observadores creen que la ausencia de críticas por parte de los inversores, los líderes empresariales o los senadores republicanos será interpretada por la Administración como una luz verde para seguir atacando la independencia de la Fed.
Otros creen que una forma de interés propio impedirá que los líderes empresariales y financieros se pronuncien públicamente en contra de las políticas intervencionistas de Trump.
“Me parece abominable lo que está haciendo, pero la verdad es que me he beneficiado enormemente de las políticas de Trump”, afirma un alto ejecutivo financiero y donante demócrata desde hace mucho tiempo. “La “gran y hermosa ley” redujo mis impuestos, impulsó el flujo de caja de mi empresa e inyectó estímulos en el mercado, por lo que mi cartera sigue creciendo”.