Quién podría dudar de los grandes logros macro de Milei en su período en la Casa Rosada. Hasta aquí hay que tragarse su grandilocuencia caricaturesca y falta de formas -o exceso de ellas según el color del cristal con que se mire-, pero el apretón fiscal y la desregulación de la economía ha ido más allá de lo que se creía posible, sobre todo manteniendo el apoyo popular. José Luis Daza, nuestro aporte al gobierno trasandino, viene a Chile y se pavonea cual bonaerense de Recoleta sin escatimar en adjetivos sobre lo magníficos que son. Los chilenos siempre impresionables con lo foráneo asentimos maravillados ante la verdad revelada, a pesar de que las cifras y situación política no tienen ningún parangón con las dificultades locales. No sabemos qué envidiamos, pero los envidiamos igual.
Ya había habido un aviso hace algunos meses con la cripto-estafa en torno a $Libra, la shitcoin (excuse my English) que promocionó Milei a instancias de su entorno. Una de esas situaciones donde no hay solución buena, o eres parte de la corruptela o eres un burro, siendo esta última la mejor opción. Si bien hay investigaciones pendientes en Argentina y Estados Unidos, el tema quedó bajo la alfombra en el ciclo vertiginoso de noticias en que vivimos.
Esta semana nos volvimos a acordar de ello cuando apareció un audio que involucra a la todopoderosa Karina -hermana del presidente Milei- y a su círculo en supuestas coimas ligadas a las compras estatales del sector farmacéutico. Celulares incautados, cajas fuertes vaciadas, sospechosos no hallados son parte de un cóctel al cual se suma el ruidoso silencio oficialista argentino. Nadie dice nada salvo algunas diatribas sobre el kirchnerismo -siempre merecidas e insuficientes- que en nada ayudan a esclarecer el caso.
El Jefe, como la apoda Milei, no ha dicho lo que todos esperan escuchar: que no tiene absolutamente nada que ver con el caso. Hay nerviosismo y los mercados lo han hecho sentir con crueldad aylwiniana.
No puedo evitar que frente a este escenario -triste y decepcionante si termina comprobándose lo que muchos tememos- surja en mí desde este lado de la cordillera un incipiente, pero persistente chovinismo. Obviamente no estamos libres de corrupción y cada gobierno desde el retorno a la democracia ha tenido sus escandalillos y escándalos relativo al manejo de los recursos públicos, algunos bastante feos. No obstante, la figura presidencial y su familia se ha mantenido inmaculada ya por 35 años. Desde Aylwin a Boric nunca ha existido ninguna noticia seria que haga siquiera pensar que el Presidente se ha estado enriqueciendo en el cargo, incluso el comportamiento posterior de todos ellos ha sido ejemplar, cada uno en su cuerda y sus capacidades ha seguido intentando aportar al país.
Nada hace pensar que esto cambie en el futuro inmediato, si uno revisa las tres candidaturas con opciones de llegar a la presidencia pareciera que al menos tenemos asegurada la honestidad. Puede sonar como un desde, pero ya hemos perdido algunos desde en los últimos años. En Chile, al menos nuestro Jefe sigue siendo alguien a quien, independiente de nuestras ideas políticas, podemos humanamente respetar.