Todo partió con un reportaje del Wall Street Journal. Titulado “Trump piensa en reclasificar la marihuana como droga menos peligrosa”, el artículo revelaba que el presidente estadounidense estaba evaluando sacar el cannabis del grupo de sustancias más restrictivas en Estados Unidos. La historia se propagó rápido: chats, foros, redes sociales. También llegó a los pasillos del Capitolio, donde varios aliados del mandatario salieron a respaldar la idea.
La noticia tampoco tardó en llegar al mercado. Las acciones de empresas cannábicas -como Tilray, Canopy Growth, Cronos Group y SNDL- subieron en bloque; un giro para compañías muy golpeadas durante años, desde que el furor por las “pot stocks” se esfumara post pandemia y empezara una caída en picada de la que aún no logran salir.
Aunque en los días siguientes experimentaron leves bajas, esta semana volvió el entusiasmo: el lunes la canadiense Tilray escaló 22% y Canopy Growth, alguna vez bautizada como la compañía de marihuana más grande del mundo y que llegó a acumular inversionistas como Drake, Snoop Dogg y Martha Stewart, subió otro 13%. Esta tendencia alcista se repitió el martes, miércoles y jueves (sólo ese día los papeles saltaron 24%).
Canopy Growth tiene un vínculo con Chile: Agustín Huneeus Jr., empresario vitivinícola radicado en California e hijo de Agustín Huneeus Cox, figura como accionista de una de sus filiales.
Cómo llegó Huneeus
La relación entre Canopy Growth y Huneeus lleva años, y de acuerdo a documentos recientes, el vínculo se mantiene activo. Según la última memoria anual de la empresa -presentada en mayo ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés)-, un trust administrado por Huneeus figura con 28.571.429 acciones ordinarias en la filial norteamericana de la compañía, Canopy USA. Además, este fideicomiso posee warrants (opciones para comprar acciones en el futuro a un precio prefijado) que le permiten adquirir hasta 85.714.284 títulos adicionales válidos hasta abril de 2031. De acuerdo con un documento de junio, el fideicomiso tiene la facultad de nombrar a un director en esa filial.
Por eso, el crecimiento reciente de esta firma favorece las posiciones del trust en Canopy, una compañía a la que llegaron de forma indirecta hace unos años, luego de que ésta adquiriera Jetty, una firma de extractos de cannabis en la que la familia chilena ya había invertido. Así empezó un vínculo que se mantiene hasta hoy.
Y si bien en las últimas semanas la compañía ha repuntado en bolsa -en 30 días sus títulos subieron más de 70%-, el panorama sigue siendo complejo. Desde su peak en 2019, cuando la acción superó los 600 dólares canadienses, Canopy Growth ha caído más de 99%. Hoy se transa en torno a los US$ 2 en las bolsas de Toronto y el Nasdaq. Para revertir ese desplome, la firma ha desplegado una batería de movimientos corporativos y también sigue de cerca los eventuales cambios regulatorios que podrían alterar el tablero.
Unicornio cannábico
En la bolsa de Toronto, el ticker (símbolo bursatil) de Canopy Growth no deja espacio para la interpretación: WEED. Pero para llegar a ese punto, tuvieron que alcanzar varios hitos.
En 2013, Chuck Rifici -exCFO del Partido Liberal canadiense y apodado el “padrino de la marihuana”- y Bruce Linton fundaron Tweed Marijuana Inc., una firma que nació tras comprar una planta manufacturera en Smiths Falls. El ascenso fue inmediato: en 2014 debutaron en el TSX Venture Exchange (una especie de ScaleX en Canadá) y levantaron US$ 24 millones. En ocho meses pasaron a 80 empleados y se transformaron en el principal productor de cannabis del país.
Ese mismo año Rifici dejó el cargo de CEO, reemplazado por Linton. Luego, en 2015, la firma adoptó el nombre de Canopy Growth Corporation y en 2016 alcanzó el estatus de primer unicornio cannábico de Canadá. La salida de Rifici terminó en tribunales, luego de que demandara a la empresa por despido injustificado. Años más tarde, en 2019, la historia se repitió con Linton, cuando el directorio también lo forzó a salir.
El período de mayor visibilidad llegó en 2018. Canopy se convirtió en la primera productora de marihuana en cotizar en la Bolsa de Nueva York (NYSE) y en octubre de ese mismo año, Canadá legalizó el uso recreativo de esta sustancia, lo que potenció aún más su rendimiento bursátil. Linton celebró el hito en una tienda vendiendo el primer gramo de marihuana a medianoche.
No fue lo único que ocurrió ese año. Constellation Brands, gigante global de la cerveza, el vino y los destilados, irrumpió en el negocio del cannabis al comprar cerca del 40% de Canopy Growth y convertirse en su mayor accionista. Desde el directorio impulsó una reestructuración que terminó con la salida de Bruce Linton.
Con Constellation vino la expansión internacional. Canopy compró productores en España, adquirió operaciones en Alemania y más tarde, en 2022, sumó a su portfolio a Jetty, la firma californiana de extractos de cannabis donde ya participaba Agustín Huneeus como inversionista.
Desde entonces, la firma ha debido lidiar con una industria desinflada, marcada por caídas de precios y sobreoferta.
Negocio en EEUU: nuevo presidente y más adquisiciones
Por eso, este año, Canopy intentó partir “fresco” y dejar los años de polémicas y problemas económicos atrás. Cambió a su CEO, David Klein, y puso en su lugar a Luc Mongeau, exdirector de la firma y con trayectoria en el mundo del retail: hasta hace poco lideraba eSolutions Furniture, un e-commerce de muebles norteamericano. El mandato del nuevo ejecutivo es claro: ordenar las finanzas y volver a crecer.
La demanda del inversionista
No todos, eso sí, celebran el “revival” de Canopy Growth. A comienzos de abril, el accionista Bruce D. Baron presentó una demanda en la Corte del Distrito Este de Nueva York contra Canopy Growth, David Klein y Judy Hong, por presuntas infracciones a la Ley de Bolsa. El escrito -al que tuvo acceso DF MAS- sostiene que la conducta de la compañía perjudicó a inversionistas que compraron títulos entre el 30 de mayo de 2024 y el 6 de febrero de 2025.
El corazón del libelo es financiero: sostiene que, durante ese período, la compañía y sus ejecutivos emitieron declaraciones “falsas y engañosas” sobre costos y márgenes. En particular, sobre costos significativos asociados al lanzamiento en Canadá de los cigarros de marihuana de la marca Claybourne y sobre costos indirectos vinculados a los vaporizadores Storz & Bickel. Según el demandante, estos elementos habrían impactado negativamente los resultados, mientras la empresa destacaba medidas de ahorro y mejoras de rentabilidad.
La “verdad”, plantea el escrito, afloró el 7 de febrero de 2025, cuando Canopy reportó una caída de 400 puntos base en su margen bruto a 32% por los costos del lanzamiento de Claybourne y mayores costos indirectos en Storz & Bickel; ese día las acciones cerraron con una baja de 27,34% hasta US$ 2,02. El caso pide juicio por jurado y compensaciones económicas. Está en tramitación.
Desde que asumió, ha recorrido cultivos, encabezado reuniones con clientes y liderado negociaciones. También ajustó el timón interno. “Reorganizamos el negocio en torno a prioridades comerciales claras, simplificamos las estructuras jerárquicas para acelerar la toma de decisiones y pusimos en marcha una revisión de gastos en toda la empresa que está en camino de generar un ahorro anualizado de al menos US$ 20 millones”, escribió en su carta a los inversionistas en mayo.
El reordenamiento también alcanzó a Canopy USA, la filial norteamericana en la que participa el trust de los Huneeus. A comienzos de año asumió Brooks Jorgensen como presidente, un ejecutivo con trayectoria en las industrias del cannabis y del vino. Un mes antes, en diciembre de 2024, la firma había cerrado la adquisición de Acreage Holdings, compañía con base en Nueva York enfocada en productos medicinales y recreativos. Fue fundada hace 14 años y ha tenido en su directorio a distintos políticos conservadores y republicanos de Estados Unidos.
La ofensiva de esta filial siguió. La semana pasada, Canopy USA oficializó a tres nuevos ejecutivos: Casey Rash como CFO, Rebecca Kirk liderando el departamento de operaciones y Kelly Flores como gerenta de desarrollo de negocios. Esta semana, además, se sumó Eric Ruhle como VP de ventas, considerado un “veterano” en la industria cannábica. El plan es capitalizar el impulso de las adquisiciones y ganar espacio en el mercado estadounidense.
También, a principios de agosto Canopy Growth anunció la expansión de su negocio médico en Australia. El movimiento se alinea con su estrategia de producir en Canadá y abastecer mercados externos.
Los primeros efectos de esa reestructuración ya están en los números. A comienzos de agosto, Canopy Growth reportó un aumento del 24% en sus ganancias del primer trimestre de 2025. También mostró avances en el frente financiero: ya logró US$ 17 millones del plan de ahorro de US$ 20 millones anunciado a inicios de año. En paralelo, redujo en 21% sus gastos generales y administrativos.
Quedan, eso sí, desafíos. Judy Hong, hasta julio CFO de la compañía -licenciada en Cornell, MBA por NYU y ex managing director de Goldman Sachs-, dejó el cargo. Además, persisten tensiones financieras e internas. El año pasado Constellation Brands abandonó el directorio y desde entonces el valor de sus acciones no se ha detenido en su caída.
Por eso, la señal de Trump fue leída como un salvavidas por parte de la industria. Falta por ver si se convertirá en otra promesa incumplida del mandatario estadounidense o en el verdadero jackpot que esperan las compañías del sector.