El 2025 de Nicolás Camhi fue, por decir lo menos, singular. Multiplicó por seis los ingresos de su startup Vambe -que con IA ayuda a empresas a escalar sus negocios-, levantó US$ 14 millones con reconocidos fondos internacionales como Monashees, fue invitado al retiro anual en Stanford de Kaszek -el fondo VC más grande de Latam-, y ya emplea a 90 personas.
Todo con 27 años.
El ingeniero civil de la UC estuvo a punto de dejar la universidad, pero sus padres no se lo permitieron. Sí, en todo caso, congeló un año para irse a vivir a San Francisco. Ahí, dice, conoció realmente lo que era el mundo tech: se ganó una beca en la Universidad de Berkeley, trabajó en una startup y trató de emprender. Desde que tiene uso de razón ha creado negocios, pero confiesa que nunca había vivido una experiencia como la que ha tenido en los últimos meses.
El camino no ha sido fácil. Confiesa que a ratos se siente solo, que trabaja todos los fines de semana. Pero, aclara: “No me asusto porque soy consciente y me trato de ocupar. Este es un camino más solitario. El porcentaje del planeta que hace algo así es muy chico, entonces tienes que estar muy loco, pensar muy diferente”.
Y agrega: “Me ha pasado que hay veces que paso seis meses y estoy muy solo. Ponte tú, para la ronda. Estuve en lockdown cuatro meses en foco absoluto. Me hablaban de algo que no fuera eso y ni siquiera lo escuchaba. Estaba en otra etapa. Ahora que ya se cerró, estoy full operando. Estoy en Chile y me he juntado con mis amigos y mi mamá. Volví a ese balance”.
La universidad, ¿vale la pena?
Le ha tocado contratar y despedir amigos y dice que tal vez uno de los grandes méritos de la startup que fundó con Matías Pérez y Diego Chahuán es el equipo que han armado. Los tres vienen de distintas generaciones de ingeniería en la UC. “Lo primero que hice fue llamar a los más capos de mi generación, a los que tenían las mejores notas, que eran ayudantes, que eran buena onda, que eran deportistas, que tenía ganas de invitar a una parrilla a mi casa. Porque yo sabía que iba a estar todo el día con ellos”, cuenta Camhi.
Ese círculo que le entregó la universidad lo valora, pero, al mismo tiempo, lanza críticas al sistema de estudios superiores chileno. Asegura que un egresado de la universidad en nuestro país sabe poco. “A los que se dedican a lo comercial no les enseñan técnicas de venta, no les enseñan nada de growth, no le enseñan cosas prácticas de marketing. Tampoco enseñan nada de liderazgo. Yo todo lo que sé de liderazgo lo sé porque lo he ido practicando, lo he ido aprendiendo afuera”.
“Las carreras son más largas de lo que deberían. Pero una buena universidad te da dos cosas: una chapita y una red. Vambe se construyó porque yo tenía un círculo de la U muy potente, gente muy capaz, muy inteligente y los conocía de antes. Ellos sabían que yo era movido, trabajador y se subieron al barco”, agrega.
- ¿Recomiendas ir a la universidad?
- Sí, yo lo haría. Pero hay que ser flexible.
- En Berkeley, ¿qué fue lo que te hizo volar la cabeza?
- La mentalidad acá en Chile. Es una sociedad bastante conservadora y el pensamiento es bien corto. Los gringos apuntan a la luna y más. Un gringo a los 21 años dice que quiere levantar 15 palos para hacer algo y nadie se ríe de él. Todo el mundo le dice: “Te presento a esta persona, acá tienes un contacto, te ayudo con esto”. A mí el Seba Kreis (fundador de Xepelin) me decía: “Cuando yo partí era imposible, impensado prácticamente”. Y eso no fue hace tan poco y hoy yo creo que eso fue algo que me marcó muchísimo.
“No sabía lo que significaba la palabra captable”
Hasta hace poco más de dos años, Camhi no tenía idea de cómo funcionaba levantar capital. “No sabía lo que significaba la palabra captable, no tenía idea lo que era un SaaS. Así se parte. Cuando a mí me dicen que tienen que meterse a trabajar para ganar experiencia y poder emprender, les digo que si van a hacer eso, igual van a llegar a emprender y no van a cachar nada”.
Cuando pasaron por la aceleradora de Berkeley, Skydeck (inversionistas de Vambe), aprendieron muchos de estos términos. Pero Camhi recuerda entre risas la primera vez que hablaron con un fondo de VC, Chile Ventures, no sabían mucho.
“Nos llegaron con una oferta, US$ 500 mil. Yo no conocía a nadie del mundo VC, no tenía a quien preguntarle. Entre Mati y Diego buscamos en internet qué hacer. Nunca había visto un número así en mi vida, saqué más o menos la matemática y dije: “Esta cuestión nos va a pegar demasiado fuerte en la dilución. No lo necesitamos. No sé qué hacer con esa plata tampoco”. Éramos tres y no gastábamos ningún peso porque vivíamos en la casa de los papás. Así que peleé para tomar menos recursos. Pero igual fue importante lo de Chile Ventures y haber recibido esos US$ 300 mil porque nos cambió la mentalidad. Dijimos: ‘Tenemos medio millón de dólares en la cuenta, vamos a jugar al siguiente nivel. Vamos con todo”, relata.
El sueño del IPO
Abrir una compañía tech al mercado público norteamericano es el sueño de muchos emprendedores. En Latinoamérica son pocos los que lo han logrado y en Chile nadie lo ha hecho. Camhi tiene esa ambición: “Sería la cúspide de todo el recorrido que partí haciendo en la casa de los papás. Yo progresé porque como ser humano tengo que mejorar a tal nivel que logré llegar hasta acá. Hice todo el flujo, todo el recorrido y ese camino me prende, me motiva mucho. Es mi ambición porque me obliga a ser mejor persona, me va a hacer ser eventualmente un mejor papá, un mejor marido, porque como persona tengo que evolucionar muchísimo. Liderar a 10 personas es distinto que a 100, que a mil, que a 10 mil. Las presiones, las decisiones, todo te obliga a evolucionar como persona. Y ese es el journey. Es mi ambición y lo que quiero lograr”.
Confiesa que ha ido a coach y recomienda leer El ego es el enemigo de Ryan Holiday, El almanaque de Naval Ravikant y Los 15 compromisos del liderazgo consciente, de Jim Dethmer, Diana Chapman y Kaley Klemp.
Y cierra con una reflexión sobre el libro de Holiday: “Es un librazo porque creo que casi todos los emprendedores tienen un tema con el ego. Por algo emprendes. Dicen que hay tres cosas que hacen a un emprendedor: la ignorancia, el trauma y el sentido del llamado de algo más grande”.