La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se sumó a la corriente de recortes que experimentaron las proyecciones para el Producto Interno Bruto (PIB) en el mercado local esta semana luego de conocerse el lunes una caída de 1,2% -la cuarta seguida y mayor a lo esperado- en abril frente al mismo lapso de 2025.
En su informe Perspectivas Económicas, dado a conocer este miércoles en París, el bloque profundizó el ajuste anunciado en diciembre para la expansión de la economía chilena, pero esta vez la baja fue de 2,2% a 1,7%. Es decir, atrás quedó la opción del 2% y se alejó casi un punto menos del 2,5% visto el ejercicio pasado.
Es decir, atrás quedó la opción del 2% y se alejó casi un punto menos del 2,5% visto el ejercicio pasado.
Hacia 2027 habría un repunte al 2,5%, impulsado por la inversión bruta en capital fijo, proyectos de minería, de energía y maquinaria relacionada.
Ya en el terreno de los precios, la OCDE previó un aumento temporal debido a los altos precios de los combustibles que han derivado de la guerra en Irán para luego tender a moderarse. Luego de una inflación de 4,2% registrado en 2025, se prevé un avance anual de 3,8% este año y un 3,2% en 2027.
Una crisis energética más persistente, una baja en la demanda del cobre, el endurecimiento de condiciones financieras y las tensiones de disponibilidad de ácido sulfúrico que pueden frenar la producción minera y exportaciones son factores que podrían influir en el empeoramiento de los pronósticos, alertó el reporte.
Pero, en el lado más positivo, añadió que “una aplicación más ágil de la reforma de los permisos, un aumento de la inversión en minería y energía, o un incremento de los precios del cobre podrían impulsar la actividad”.
Este cuadro, según la OCDE, lo completaría una política fiscal bajo presión. El déficit del gobierno central se reduciría de 2,8% del PIB en 2025 a 2,1% en 2027, mientras la tasa de interés de política monetaria se mantendría en 4,5% hasta principios del próximo año para luego reducirse al 4,25% en el segundo trimestre.
El reporte consideró que el apoyo a la inversión a la productividad y la aplicación “eficaz y oportuna” de la reforma del sistema de permisos sectoriales son “prioridades fundamentales”, particularmente esta última, “ya que contribuirá a reactivar la inversión, con especial repercusión en los sectores energético y de infraestructuras.
¿Y qué pasará en el resto del mundo?
A pesar de que la economía global tuvo un buen inicio de año, impulsada en gran parte por inversiones en Inteligencia Artificial, condiciones financieras favorables y una disminución en tensiones comerciales, el escenario internacional se enrareció debido al conflicto bélico que tiene a Estados Unidos e Israel enfrentados con Irán.
En el contexto de la guerra en Medio Oriente y el consecuente cierre del Estrecho de Ormuz, que derivó en una interrupción en la cadena de suministros y el alza en los precios de combustible, la OCDE elaboró dos escenarios posibles.
El primero considera perturbaciones limitadas en el tiempo, donde las tensiones se aminoran “relativamente pronto”. Si los precios de la energía se comenzaran a moderar de forma paulatina a mediados de 2026, la OCDE previó que el crecimiento económico mundial se ralentizará de 3,4% en 2025 a 2,8% en 2026, antes de recuperarse hasta alcanzar una expansión de 3,1% en 2027.
Sobre la inflación anual en los países del G-20, el organismo apuntó a una transición desde un aumento del 3,4% en 2025 a un 4% en 2026, para luego disminuir hasta 3,1% en 2027, una vez se disipen las presiones sobre los precios de la energía y los alimentos.
El escenario más pesimista, en cambio, considera alteraciones prolongadas con consecuencias duraderas si es que el conflicto se extiende hasta una buena parte del próximo año.
En este caso, la OCDE proyectó que el crecimiento mundial se desacelerará de forma significativa hasta alcanzar solo un 2,1% en 2026 y se reducirá hasta 1,8% en 2027, “lo que podría llevar a algunas economías a entrar en recesión o situarlas al borde de ella”, según explicó el informe.
A la par, la inflación mundial aumentaría en 0,4 punto porcentual en el ejercicio en curso y en 1,3 pp en el siguiente, debido a presiones ejercidas por los altos precios en materias primas.
“La necesidad de invertir más para reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles es hoy más acuciante que nunca”, señaló en el reporte el economista jefe de la OCDE, Stefano Scarpetta.
Las proyecciones para América Latina
América Latina, según el informe, estaría enfrentando el actual shock con mayor resiliencia. La diferencia con otros episodios anteriores radica en que la región ahora tiene una “posición macroeconómica más sólida”, pero el entorno internacional complejo ha vuelto los márgenes de política monetaria y fiscal más estrechos.
“Los gobiernos enfrentan este episodio con niveles de deuda más elevados y costos de financiamiento significativamente mayores”, señaló el análisis y agregó que “la reaparición de condiciones climáticas adversas, como el episodio de El Niño, podría elevar más los precios de los alimentos e impactar la producción en varios países de la región.”
Las proyecciones de crecimiento para la región apuntan a una desaceleración moderada desde 2,2% en 2025 a 1,7% en 2026, para luego remontar a 2,2% en 2027.
Si bien Chile y Perú se estarían beneficiando de los altos precios de minerales, mientras Brasil y Colombia reciben mayores ingresos por los precios de materias primas, estos efectos positivos “solo compensan parcialmente el impacto negativo de mayores costes energéticos”.
Pese a las ventajas en energías renovables y recursos estratégicos como el cobre, litio y grafito en la región, "sin una recuperación más fuerte de la inversión y la productividad, el crecimiento seguirá siendo insuficiente", alertó la OCDE.