Greenspan llevaba poco más de dos meses en la Fed cuando Wall Street sufrió el crash de octubre de 1987. La autoridad monetaria salió a respaldar la liquidez del sistema y ayudó a contener una venta que pudo haber derivado en una crisis bancaria de mayores proporciones.
Esa reacción fijó una marca: la Fed no miraría pasivamente una dislocación financiera capaz de golpear la economía real. Desde ese episodio, los mercados aprendieron que Washington podía actuar rápido cuando el pánico amenazaba al crédito.
Fuente: Reserva Federal y Federal Reserve History.
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