Además de ajustar sus proyecciones para la economía global este martes, hoy miércoles el Fondo Monetario Internacional (FMI) también entregó sus perspectivas fiscales para el mundo en un contexto de incertidumbre debido al conflicto en Medio Oriente.
En su Monitor Fiscal, el organismo advierte que los países llegan a enfrentar los impactos de la guerra ya desde una posición más débil fiscalmente.
“La evolución de la deuda pública mundial no mejoró de forma significativa en 2025, y el estallido de la guerra en Medio Oriente ha añadido una nueva fuente de presión fiscal a un panorama mundial ya de por sí tenso”, indicaron los autores del informe, entre ellos el exministro de Hacienda chileno, Rodrigo Valdés.
De esta manera, indicaron que la deuda pública bruta mundial alcanzó el 94% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025 y, de mantener esta trayectoria, alcanzará el 100% en 2029, un nivel que solo se había alcanzado anteriormente tras la Segunda Guerra Mundial.
Al mismo tiempo, el déficit fiscal mundial fue de 5% del PIB el año pasado y el gasto de intereses pasó de un 2% a cerca del 3% del PIB en cuatro años.
“Las finanzas públicas de muchos países se encuentran en peor situación que antes de la pandemia”, advirtió el FMI.
Al igual que en las proyecciones de crecimiento, el organismo planteó un escenario de referencia -en el cual las perturbaciones por la guerra se atenuarán en el segundo semestre- y que contempla que la deuda en riesgo del mundo sería de 117% del PIB.
En el escenario severo, que implica que los precios del petróleo se mantendrán 100% por encima de lo previsto en 2027, resurgirían las presiones inflacionistas y se endurecería las condiciones de financiación. De esta manera, la deuda en riesgo del mundo superaría el 120% del PIB, concentrada en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.
Los apoyos
Frente a este contexto, el organismo hizo un llamado a mantener la disciplina fiscal y optar por políticas que protejan la estabilidad hoy sin socavarla mañana.
“Si los gobiernos deciden ayudar a las empresas y las familias que se enfrentan a un aumento de los costos de la energía o los alimentos, este apoyo debe ser específico y temporal, centrándose en los más vulnerables y menos capaces de absorber las subidas de precios. Muchos países crearon redes de seguridad social eficaces durante la pandemia; estos mecanismos pueden -y deben- volver a utilizarse”, indicaron.
De esta manera, señalaron que los países con un margen fiscal reducido deben evitar financiar las medidas de apoyo mediante un endeudamiento adicional y que un mejor enfoque sería reasignar el gasto dentro de los mismos límites y dar prioridad al gasto relacionado con la crisis.
Además, sostuvieron que las políticas fiscales y monetarias deben coordinarse estrechamente. “El gasto de emergencia no debe generar nueva demanda agregada, de modo que las medidas de apoyo no socaven los esfuerzos de los bancos centrales por contener la inflación”, explicaron.
En tanto, calificaron las medidas generales, como los subsidios a los combustibles, como “costosas, mal orientadas, difíciles de revertir y fomentan un mayor consumo cuando la oferta es limitada, lo que empuja los precios mundiales aún más al alza”.
Por lo que también instaron a seguir con la meta de consolidación fiscal a medio plazo, hacer frente directamente a las presiones sobre el gasto, reducir las ineficiencias y conciliar las demandas contrapuestas.
“Por el lado de los ingresos, la ampliación de las bases impositivas, la racionalización de las exenciones y el fortalecimiento de la administración tributaria pueden aumentar los ingresos incluso en contextos de restricciones”, indicaron.