Una reapertura del estrecho de Ormuz en el horizonte entusiasmó a los mercados, en el contexto de un renovado ímpetu negociador entre Estados Unidos e Irán.
Aunque persistentes obstáculos diluyeron la posibilidad de sellar un pacto al comienzo de esta semana, para los traders fue suficiente el positivo ambiente diplomático entre las partes para impulsar una caída de 7,14% en el crudo Brent, que cerró este lunes en US$ 96,14 el barril, mientras el WTI cedió en 6% hasta US$ 90,3.
Después de todo, trascendidos en la prensa internacional apuntan a que el memorándum de entendimiento (MOU, su sigla en inglés) en el que se trabaja incluye poner término al doble bloqueo de la vía marítima, lo que incluiría el compromiso iraní de retirar las minas e incluso los peajes que estaba imponiendo a los buques que quisieran transitar para garantizar su seguridad. EEUU haría lo propio respecto al cierre que aplica con su fuerza naval al paso de buques de la nación persa.
Con esos antecedentes fueron bien recibidas las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump, respecto a que las negociaciones están “progresando satisfactoriamente”, mientras se ignoró la usual amenaza ante la falta de un acuerdo. “Solo habrá un gran acuerdo para todos o ningún acuerdo en absoluto: volveremos al frente de batalla y a los combates, pero más grandes y más fuertes que nunca”, dijo Trump. “¡Y nadie quiere eso!”.
La comunicación iraní también fue bien recibida entre los mercados. El vocero del ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, aseguró que “es correcto decir que hemos llegado a una conclusión sobre una gran parte de los temas en discusión”. En este caso, se pasó por alto lo que el funcionario dijo a continuación: “Decir que eso significa que la firma de un acuerdo es inminente, nadie puede hacer esa afirmación”.
El optimismo se propagó al mercado nacional, donde el peso chileno cayó $ 4,9 para cotizar a $ 896,1 frente al dólar al cierre de este lunes. Asimismo, el S&P IPSA subió 2,5% hasta los 10.828,05 puntos, dando continuidad a la recuperación desde sus mínimos registrados el pasado martes por la incertidumbre sobre el conflicto bélico en Medio Oriente.
El escollo nuclear
Pese al ambiente de festejo en los mercados, lo cierto es que todavía no se logra sellar el pacto que abra el paso por donde, hasta antes de la guerra, transitaba cerca del 25% del suministro de petróleo mundial. El asunto nuclear, como ha ocurrido en negociaciones previas, se está interponiendo.
Concretamente, mediadores involucrados en las conversaciones -citados por el Wall Street Journal- han señalado que Washington exige que Teherán asuma desde esta fase de acuerdo preliminar compromisos más claros y verificables sobre su programa nuclear. En tanto, Irán insiste en separar el acuerdo de desescalada y cese de hostilidades de una negociación nuclear definitiva.
Lo anterior se da en un marco de discrepancias respecto al uranio enriquecido con el que ya cuenta la república islámica y que prefiere mantener en su poder, frente a la aspiración estadounidense de que ese material sea entregado a un tercero o, simplemente, sea destruido.
Ante la indefinición al respecto, Washington no ha querido comprometer un programa claro respecto al levantamiento de las sanciones y el desbloqueo de activos que aplica a la economía persa, algo por lo que están presionando los negociadores iraníes.
Para avanzar en esas discusiones, este lunes viajó una importante delegación iraní a Qatar, país que ha adquirido un rol relevante como mediador. Puntualmente, llegaron a Doha el presidente del Parlamento y principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf; el secretario de Asuntos Internacionales, Abbas Araghchi; y el gobernador del banco central, Abdolnaser Hemmati.
Este último estaría a cargo de la negociación del descongelamiento de los activos iraníes, de los cuales US$ 6.000 millones se encuentran, precisamente, en Qatar.
A la luz de esta negociación, el editor de opinión de asuntos internacionales del Financial Times, Gideon Rachman, plantea que “Teherán ha tenido la ventaja”, considerando que “Estados Unidos parece dispuesto a llegar a un acuerdo que, a largo plazo, amenaza con dejar a Irán en una posición más fuerte que antes de que comenzara esta guerra”.
El experto argumenta que “la esencia del acuerdo que se está gestando radica en que Irán acepta abrir el estrecho sin cobrar peaje. A cambio, obtiene un alivio gradual de las sanciones, incluyendo el descongelamiento de miles de millones de dólares en activos. Irán se comprometerá a limitar su programa nuclear. Sin embargo, los detalles serán objeto de futuras negociaciones, por lo que este asunto aún no está resuelto”.
Para dar cuenta de lo que esto significa para el reequilibrio de fuerzas post conflicto, Rachman cita a Eli Groner, exdirector general de la oficina de Netanyahu, quien sostiene que saber que Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz en cualquier momento “es una victoria mucho más profunda y estratégica que cualquier logro militar”.