La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) hoy enfrenta uno de sus momentos más inciertos.
Los intentos del presidente Donald Trump de destituir a Jerome Powell, actual presidente de la institución, las acusaciones de fraude bancario contra la gobernadora Lisa Cook y una investigación del Departamento de Justicia sobre la remodelación de la sede del organismo por US$ 2.500 millones fueron el telón de fondo en el que Kevin Warsh compareció ante la Comisión de Banca del Senado para defender su nominación a la presidencia de la Fed.
En ese contexto, el discurso de Warsh se centró en la independencia institucional, pero también en la necesidad de un “cambio de rumbo” en la política monetaria.
Independencia, pero con condiciones
“Permítanme ser muy claro: la independencia de la política monetaria es esencial. Quienes elaboran la política monetaria deben actuar en interés de la nación”, afirmó Warsh ante los senadores.
Si bien los senadores David McCormick, Thom Tillis y Bill Hagerty dieron su apoyo a la candidatura de Warsh, legisladores como Elizabeth Warren, Mike Rounds y Chris Van Hollen mostraron abierta desconfianza y llegaron a calificarlo como un “títere” de Trump.
Ante esas acusaciones y cuestionado nuevamente por el senador John Kennedy respecto a sus intenciones sobre las tasas de interés, Warsh reiteró que “el presidente nunca me pidió ni una sola vez que me comprometiera con ninguna decisión concreta sobre las tasas de interés y punto; y yo tampoco habría aceptado hacerlo si lo hubiera hecho, pero nunca lo hizo”.
Patrimonio puesto en duda
Otro de los puntos más cuestionados del candidato fue su situación patrimonial. Según los informes financieros presentados para su nominación, Warsh y su esposa, Jane Lauder, heredera de la familia fundadora de Estée Lauder, declararon activos por al menos US$ 192 millones.
Para despejar eventuales conflictos de interés, el ejecutivo bancario informó que, tras llegar a un acuerdo con la Oficina de Ética Gubernamental, venderá cualquier activo no revelado en un plazo de 90 días después de su confirmación como presidente de la Fed.
Por otra parte, Warsh también responsabilizó a la Fed por permitir que la inflación se disparara después de la pandemia de Covid-19.
La Reserva Federal lleva más de cinco años sin alcanzar su objetivo de inflación del 2%. Aunque la pandemia fue el detonante inicial, factores como el impacto de los aranceles del gobierno Trump y el alza en los precios de los combustibles derivada del conflicto en Medio Oriente han dificultado acercarse a la meta.