Alphabet acordó comprar a Intersect -firma de infraestructura energética y de data centers- por US$ 4.750 millones en efectivo. La operación, anunciada el 22 de diciembre, se convierte en una de las mayores adquisiciones recientes de la matriz de Google y refleja un giro cada vez más visible en la carrera por la inteligencia artificial: asegurar energía y capacidad física para sostener la expansión de centros de datos.
El movimiento llega en medio de un superciclo de inversión que, según Renta 4, está reordenando el mapa de gasto tecnológico.
En su reporte sobre IA, la corredora estima un gasto de capital acumulado de US$ 2.800 millones hacia 2029 para los gigantes de la nube, como Amazon, Microsoft, Google y Meta.
Además, el documento agrega otra cifra que dimensiona el fenómeno: US$ 5.500 millones de inversión de capital total asociada al ciclo, con desembolsos récord previstos para 2029 de gigantes de semiconductores, como Nvidia, y operadores de data centers.
Energía
El acuerdo de Alphabet con Intersect se enmarca en el aumento de la demanda energética. Según las estimaciones de Renta4, los centros de datos en Estados Unidos consumirían entre 325 mil y 580 mil GWh al año hacia 2028, un rango que por sí solo equivale al uso eléctrico de cerca de 40 millones de hogares, pero concentrado en infraestructura digital que además requiere suministro estable y permanente para operar todo el día.
Para abastecer la demanda que se proyecta para los siguientes años, harían falta alrededor de 73 nuevas plantas nucleares, en un país que ha sumado pocos reactores en las últimas décadas y donde levantar uno puede tomar más de 10 años entre permisos, construcción y puesta en marcha.
Por ejemplo, OpenAI espera incrementar su capacidad energética 125 veces en ocho años, lo que supondría utilizar la misma energía que utilizan países como India actualmente.
En esa misma línea, se prevé que el suministro de energía de las empresas de servicios públicos a los centros de datos estadounidenses aumentará 22% este año, alcanzando los 61,8 GW, y alcanzará los 134,4 GW para 2030, según S&P Global en un informe de octubre, citado por Reuters.
Financiamiento
El salto en inversión también está cambiando la forma de financiarse. La corredora advierte que, aunque históricamente las big tech empujaban estos planes con su propio flujo de caja, hoy hay más recurso a deuda, con “emisiones récord” en Microsoft, Alphabet y Meta, y con Oracle como el caso más sensible.
En el informe se describe a Oracle como “termómetro del riesgo crediticio” del boom IA. Tras el anuncio de inversiones de OpenAI, el papel se disparó, pero el reporte subraya el tamaño del cheque y la infraestructura pendiente: habla de 4,5 GW de potencia y de cuestionamientos por una deuda que podría crecer desde US$ 10 mil millones a US$ 290 mil millones en 2028 para financiar el despliegue.
“Si la IA no genera los retornos esperados o los costes suben, podría verse en dificultades que se trasladarían al mercado de bonos corporativos”, explica el informe.
Un aumento en la inversión detrás de la IA también se está empezando a ver en el mercado de crédito. En 2025, las empresas estadounidenses colocaron US$ 1,7 billones (millones de millones) en bonos con grado de inversión, un nivel casi récord, impulsado en parte por el endeudamiento para financiar infraestructura de IA, de acuerdo a Financial Times.
Los préstamos vinculados a IA ya representarían cerca de 30% de la emisión neta. El mercado ya se prepara para un 2026 aún más cargado, señaló el medio.
¿Burbuja o no?
Desde la corredora también advierten sobre sobre la “financiación circular”; es decir, inversiones y relaciones cruzadas entre los mismos actores, en que un problema en un eslabón puede generar un efecto dominó “sobre la misma base inversionista y tecnológica”.
Con todo, Renta 4 matiza el riesgo: sostiene que no ve una burbuja generalizada en la IA, sino más bien “grietas” puntuales -como deuda y circularidad- que podrían gatillar una corrección selectiva en startups y compañías con apalancamiento excesivo, más que una caída transversal, dado que la tecnología subyacente “existe y tiene valor”.
En ese escenario, la corredora apuesta por mantener exposición, pero diversificada: no solo en los ganadores evidentes del hardware, sino también en la “segunda derivada” del boom -energía, agua y redes- y en sectores que capturen productividad por adopción temprana, como financieras, industriales, salud y consumo básico.