En 2025, Scotiabank Chile celebró 35 años de operaciones en el país, hito que fue destacado por el gerente general de la entidad, Diego Masola, en su carta a los accionistas, en el marco de la memoria anual del ejercicio.
“Nos hemos consolidado como uno de los principales bancos privados del mercado local”, aseguró Masola.
En términos de resultados, el ejecutivo recalcó que la entidad reportó un aumento de 5% en sus utilidades netas, impulsado por un alza de 4% en los ingresos anuales, mientras que los gastos crecieron 2%.
"Este último resultado, además, nos permitió elevar nuestro indicador de eficiencia a 39,7%, lo que nos posicionó en un lugar de referencia en la industria local", enfatizó.
En paralelo, sostuvo que el banco reforzó su foco en clientes, particularmente a través de la segmentación y el lanzamiento de “Singular”, orientado a personas de rentas altas. En esta línea, indicó que el objetivo es “convertirnos en el socio financiero más confiable de nuestros clientes”, apuntando a consolidar relaciones de largo plazo.
En cuanto a experiencia de clientes, el banco cerró el año con un NPS (indicador que mide la lealtad de los clientes con el banco) relacional de 71% en banca personas y 74% en PYME.
Las palabras de Said
Al igual que Masola, el presidente de Scotiabank Chile, Salvador Said, inició su carta con un recorrido por la trayectoria del banco en Chile desde la década de 1990, marcada por su ingreso al mercado local en un contexto de apertura económica y por un proceso sostenido de expansión de la industria financiera.
“En los últimos dos años hemos desplegado en Chile la nueva estrategia global del banco, cuyo propósito es convertirnos en el socio financiero más confiable para nuestros clientes”, contextualizó.
A partir de ahí, el foco de su carta a los accionistas, se trasladó hacia el entorno macroeconómico y lo que viene para el futuro del país.
“Durante los últimos años, Chile atravesó un periodo de incertidumbre prolongada. La inversión se contuvo, el crecimiento se moderó y muchas decisiones -familiares y empresariales- se postergaron. Ese ciclo dejó aprendizajes importantes y una certeza: sin crecimiento y sin inversión, no hay progreso sostenible”.
En ese contexto, añadió que: “Hoy el país comienza a entrar en una nueva etapa. Existen señales concretas -internas y externas- que permiten mirar hacia adelante con un optimismo prudente, pero firme”.
Said planteó que, en el plano externo, el cobre retoma un rol relevante como motor de inversión, empleo y desarrollo regional. Mientras que a nivel interno, destacó una mayor estabilidad del escenario político y una recuperación de certezas, factores clave para decisiones de inversión de largo plazo.
A ello sumó un pipeline relevante de proyectos, especialmente en minería y energía. “Si recuperamos lo esencial -la confianza para emprender, invertir, innovar y crear empleo-, no sería extraño que el país vuelva a expandirse en torno al 3% o incluso más”.
En este escenario, subrayó el papel de la banca en el crecimiento del país. A su juicio, “un banco no solo administra recursos: habilita decisiones. Permite que una familia compre su primera vivienda, que una pyme crezca, que una empresa invierta y que un proyecto estratégico se financie y se ejecute”.
Finalmente, advirtió sobre los riesgos del entorno global. “Este nuevo ciclo, sin embargo, no está garantizado. Vivimos en un mundo donde los riesgos globales pueden reconfigurar escenarios con rapidez. Por eso, el optimismo debe ir acompañado de disciplina, prudencia y una gestión sólida del riesgo”.