Con el peso de un recuerdo amargo dirigiendo a Argentina en 2002 y un ciclo positivo en Chile aunque sin títulos, Marcelo Bielsa busca una "tercera vencida" en su historia mundialista, en una nueva etapa no exenta de polémicas con la selección de Uruguay.
Fiel a sus características, Bielsa sorprendió a los hinchas dos veces en pocas semanas, primero dando a entender que su ciclo con la "celeste" estaba terminado, para luego aclarar que nunca había dicho que no seguiría en el cargo.
Confirmado tras la salida de Diego Alonso, el entrenador argentino impulsó un proceso de recambio generacional y una identidad basada en presión alta, intensidad y vocación ofensiva.
Con figuras como Federico Valverde, Darwin Núñez y Ronald Araújo, Uruguay mostró una rápida transformación que le devolvió competitividad y generó ilusión entre sus hinchas.
De la mano de Bielsa, la "celeste" buscaba volver a la senda de sus últimos éxitos, como las semifinales del Mundial 2010 o el título en la Copa América 2011 con Luis Suárez o Edinson Cavani, que durante la primera parte del ciclo siguieron vistiendo sus colores.
Los primeros resultados de Bielsa consolidaron el proyecto con victorias ante Brasil en Montevideo y Argentina en Buenos Aires, una Copa América 2024 finalizada en semifinales y el pasaje al Mundial que comienza en pocos días en una eliminatoria exigente.
Pero el rendimiento no fue lineal y el equipo atravesó una etapa de empates y derrotas que expuso límites tácticos y físicos.
No obstante, el lado más complejo del ciclo apareció fuera del campo. Las críticas públicas de Suárez y los conflictos internos generaron dudas sobre la gestión del grupo, la convivencia y el costo humano del método Bielsa. El propio entrenador admitió que esas declaraciones afectaron su autoridad, mientras la AUF optó por sostener el proceso.
"Yo soy tóxico. Relacionarse conmigo empeora al que se relaciona conmigo", declaró Bielsa en una rueda de prensa en noviembre, en la que anunció su continuidad en uno de los momentos más tensos al mando del equipo.
El fin de la era Bielsa pareció llegar en un momento inesperado. Tres semanas antes del inicio del Mundial, el DT anunció que su trabajo culminaba con la Copa del Mundo: "Voy a agradecerle a Uruguay toda la vida que me haya permitido vivir la experiencia de un Mundial".
Pero el lunes aclaró que no había dado por terminada su aventura con el bicampeón mundial, dejando la puerta abierta a la continuidad.
Tres experiencias y un punto en común
Bielsa dejó huella en Argentina, con una gran eliminatoria y el oro olímpico en Atenas 2004, pero también con el peso del fracaso en el Mundial 2002, donde el equipo quedó eliminado en la fase de grupos pese a que una serie de grandes actuaciones la habían puesto como uno de los candidatos al título.
En Chile fue el motor de un cambio que devolvió a la selección a un Mundial en 2010 y sentó las bases de sus mejores actuaciones. Aunque no logró títulos bajo su mando, la denominada "generación dorada" ganó dos ediciones de la Copa América ante la Argentina de Lionel Messi con sus sucesores en el banquillo.
"Con Argentina no logré que el máximo de rendimiento se extendiera para cuando era indispensable. En Chile fue una experiencia hermosa, por los jugadores y la relación que establecieron con su público", dijo el DT. "El punto en común con esas tres experiencias es la calidad de los jugadores".
En Uruguay, Bielsa logró sacudir estructuras, modernizar el juego y acelerar el recambio, pero su ciclo también reabrió el debate de hasta qué punto la rigidez y la confrontación permanente son sostenibles.
La "Celeste" volvió a competir de igual a igual con las potencias, pero a costa de tensiones que amenazaron la estabilidad del proyecto.
El desafío en el Mundial, donde Uruguay competirá en el Grupo H con España, Arabia Saudita y Cabo Verde, será probar si el impacto inicial de Bielsa puede transformarse en cohesión y resultados en el máximo escenario del fútbol, o si terminará repitiendo un patrón en su carrera.