Las tierras raras y los metales críticos se han vuelto esenciales para sostener el crecimiento de la nueva economía. Son escasos, complejos de procesar y estratégicos para industrias clave. Están en teléfonos, pantallas, baterías, autos eléctricos y tecnologías médicas.
En ese escenario, Tarapacá empieza a posicionarse desde un ángulo distinto. No desde la extracción tradicional, sino desde la recuperación a partir de residuos electrónicos y desechos de la industria minera, dos flujos que en la región existen en volumen y de manera constante.
Un proyecto creado desde la Universidad Arturo Prat a cargo del académico de la Facultad de Recursos Naturales Renovables, Erico Carmona, busca avanzar en esa línea. Con $ 660 millones adjudicados a través de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, la iniciativa busca lograr tecnología para recuperar estos elementos y transformarlos en nanomateriales con aplicaciones industriales y médicas. La iniciativa obtuvo el primer lugar nacional en el Concurso Anillos Regulares de Tecnología 2025, uno de los instrumentos más competitivos en I+D aplicada en el país.
Erico Carmona, director del proyecto y académico de la Facultad de Recursos Naturales Renovables de la Universidad Arturo Prat.
El esfuerzo no parte de cero. Dos empresas regionales ya están integradas al proyecto. Se trata de Waste, dedicada al reciclaje de residuos electrónicos e Inteco, vinculada al manejo de residuos de la industria minera. Ambas operan en segmentos donde hoy existe material disponible, pero con bajo nivel de valorización.
Ahí aparece una de las principales ventajas competitivas. Mientras en otras zonas la disponibilidad de estos materiales es limitada, en Tarapacá se generan de forma permanente. La minería produce grandes volúmenes de desechos con presencia de minerales críticos que, en muchos casos, terminan acumulándose sin procesos de recuperación. A eso se suman los residuos electrónicos urbanos como placas de circuito impreso, celulares y equipos obsoletos, que contienen concentraciones relevantes de estos elementos.
En Chile, se generan más de 11 kilos de residuos electrónicos por persona al año y solo una fracción menor se recicla, según datos de Fundación Chile, lo que muestra que hoy hay material que no se está aprovechando.
“Lo que queremos es recuperar estos elementos valiosos de estos residuos, pero también darle un valor tecnológico más avanzado porque queremos transformarlos en nanomateriales, que tienen funciones mucho más avanzadas que cualquier tipo de otro elemento”, señala Carmona, el director del proyecto.
Valor agregado
El foco no está solo en la recuperación, sino en el valor agregado. Los materiales que se proyecta desarrollar tienen aplicaciones concretas en distintos sectores. En el área de sensores, por ejemplo, se trabaja en dispositivos capaces de detectar biomoléculas como dopamina o colesterol, con potencial uso en diagnóstico.
En el ámbito ambiental, se desarrollan soluciones para degradar fármacos presentes en el agua, un problema creciente en sistemas sanitarios. A nivel industrial, el foco está en recubrimientos que evitan el fouling (la acumulación de microorganismos y residuos) en infraestructura como tuberías y plantas desaladoras, lo que mejora su eficiencia y vida útil. En salud, el desarrollo apunta a materiales con potencial aplicación en regeneración de tejidos y en sistemas de liberación controlada de fármacos.
Se trata de nichos donde existe demanda activa y donde estos materiales, al pasar por procesos más avanzados, pueden alcanzar precios mucho mayores que los minerales en bruto.
Etapas del proyecto
Los $ 660 millones financian la etapa inicial del proyecto, que contempla investigación, pruebas de laboratorio y desarrollo de prototipos durante tres años. Sin embargo, el desafío está en el siguiente paso, pasar del laboratorio a la producción.
“Cómo llegar a recuperar miligramos, ojalá poder recuperar kilos o toneladas, porque eso es finalmente lo que necesitan las empresas, escalar estos procesos para poder recuperar. Y lo otro también empresas que están relacionadas con la venta de aditivos industriales, por ejemplo venta de materiales avanzados, empresas de nanotecnología. Yo creo que también es un nicho importante porque vamos a generar este tipo de materiales y por lo tanto necesitamos un partner que nos ayude a producir estos materiales y a comercializarlos” plantea Carmona, apuntando directamente al cuello de botella de este tipo de desarrollos, pasar de la validación técnica a la producción a escala.
Para eso, el proyecto ya está en búsqueda de nuevos socios. El foco está en tres perfiles, por un lado empresas interesadas en recuperar minerales críticos desde relaves y residuos mineros, por otro compañías vinculadas a la producción y comercialización de aditivos industriales y también actores del mundo de la nanotecnología que puedan llevar estos desarrollos al mercado.
En paralelo, el equipo explora financiamiento complementario a través de instrumentos de fomento productivo, como Corfo, con el objetivo de acelerar la transición hacia una fase preindustrial.
El componente de transferencia tecnológica también está considerado. La Universidad Arturo Prat cuenta con una oficina especializada y con mecanismos para la creación de empresas de base tecnológica, lo que abre la posibilidad de que el desarrollo derive en spin-offs o licenciamiento de tecnología.
En esa línea, el proyecto no solo busca validar una solución técnica, sino avanzar en una nueva cadena de valor en la región, transformando residuos que hoy no se aprovechan en insumos para industrias de mayor valor