Perú volvió a entrar en una nueva fase de incertidumbre política tras las elecciones generales del pasado domingo 12 de abril. Medios locales reportan que recién la próxima semana se resolverán las actas impugnadas, las cuales serán de vital importancia en la definición de quién acompañe en la segunda vuelta a Keiko Fujimori, que hasta el cierre de esta edición se quedaba con el 17% de las preferencias.
La disputa está entre el izquierdista Roberto Sánchez (12%) y el conservador y exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga (11,9%), a quienes los distancian poco más de 13 mil votos, mientras que están en calidad de observadas el 6% de las actas, equivalentes a alrededor de 1 millón de sufragios.
En este escenario, es el avance de Sánchez, seguidor del expresidente Pedro Castillo (actualmente en prisión, condenado por conspiración para la rebelión) y su programa refundacional, lo que ha llevado al mercado a evaluar los efectos de un eventual cambio en el mapa político del país andino.
Sin embargo, conviene notar una paradoja muy particular que se da en Perú: aunque la última década estuvo marcada por alta rotación presidencial, la resiliencia macroeconómica persiste.
Así dan cuenta las cifras. En 2025, Perú creció 3,44%, por sobre lo previsto inicialmente, mientras que para 2026 el Fondo Monetario Internacional acaba de elevar su proyección de 2,7% a 2,8%.
Buena parte de esa estabilidad ha sido atribuida al presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, quien lidera la institución desde 2006 y se ha convertido en uno de los nombres más respetados por los inversionistas, elevándose como símbolo de estabilidad macroeconómica.
Su mandato, eso sí, concluye en julio, lo que abre interrogantes sobre su sucesión y sobre cuánto de la confianza económica del país descansa en la institución y cuánto en su figura.
Más allá de Velarde
De acuerdo con el gerente de Corredoras y Fondos de nuam, Julio César Plácido, la resiliencia macroeconómica está asociada al diseño del marco institucional del BCRP, donde “la Constitución del 1993 estableció equidad de condiciones para inversión extranjera” y le asignó la misión de velar por la “estabilidad monetaria a través de precios”.
En esa línea, el jefe del Departamento Académico de Finanzas de la Universidad del Pacífico de Perú, Diego Winkelried, señaló que dichas reformas permitieron “separar decisiones clave de política económica de la dinámica política de corto plazo”, gracias a la construcción de un marco fiscal basado en reglas, transparencia y prudencia.
“Este diseño institucional ha permitido que, incluso en un contexto de alta inestabilidad política, las variables macroeconómicas se mantengan bien ancladas”, enfatizó.
A ello se suma una cultura interna basada en criterios técnicos. El superintendente Adjunto de Estudios Económicos de la SBS peruana, Manuel Luy, afirmó que el “secreto del éxito” del BCRP ha sido combinar autonomía para tomar decisiones con “meritocracia y personal altamente calificado”.
“La mayoría de las personas vinculadas a la economía, conocemos que detrás de esa cara visible -que es Julio-, hay todo un equipo técnico detrás que le da el soporte que necesita”, señaló.
En ese contexto, Plácido aseguró que es la institución la que genera credibilidad. “Más que una sola persona, la institución ha generado ese ancla que sobrepasa lo que pueda ser Velarde”.
Salida y sucesores
Con el mandato de Velarde acercándose a su fin, una de las principales interrogantes del mercado apunta a quién encabezará el Banco Central en el próximo ciclo político.
Aunque su salida podría generar ruido inicial por el peso de su figura, analistas coincidieron en que una eventual transición no debería alterar el sesgo técnico que la institución ha consolidado en las últimas décadas.
Entre los nombres mejor posicionados figuran Paul Castillo, actual gerente general del BCRP, y Adrián Armas, gerente central de Estudios Económicos, ambos con larga trayectoria dentro del instituto emisor.
Luy sostuvo que “por la figura y lo que representa Julio, habrá un impacto”, aunque recordó que el propio economista ha transmitido confianza en la capacidad interna del banco.
“Cuando se va alguien así, quien viene es imposible que lo reemplace de inmediato, pero hay seguridad entre quienes conocemos al BCRP de que la entidad tiene staff más allá de Julio”, afirmó.
Winkelried señaló que el hecho de que su sucesor provenga del propio banco es “una señal muy potente de continuidad institucional”, lo que reduciría la incertidumbre.
Proyecciones
De cara a 2026, el escenario base de los analistas sigue apuntando a una economía peruana creciendo en torno al 3,2%. Luy sostuvo que, en ese contexto, el crédito podría expandirse entre 6% y 7%.
Sin embargo, el cumplimiento de esas estimaciones dependerá del desenlace político. Winkelried advirtió que si el resultado electoral es percibido por el mercado como un quiebre respecto del marco institucional que ha sostenido la estabilidad, el impacto sobre la inversión privada podría ser significativo.
Según él, mientras se preserve la independencia del BCRP y la credibilidad de la política monetaria, eventuales episodios de volatilidad cambiaria o presiones sobre la inflación tenderían a ser acotados.
Las señales respecto de la continuidad técnica del Banco Central serán especialmente observadas por el mercado. Mientras Fujimori ha manifestado disposición a ratificar a Velarde, Sánchez ha sido crítico de la actual conducción del instituto emisor. “Ningún hombre ni mujer es imprescindible (...). Queremos ser más estables en la macroeconomía, pero siendo también coherentes y justos con la microeconomía de nuestra gente”, señaló el izquierdista, recientemente. 