La inteligencia artificial necesita territorio. No solo servidores, energía y fibra óptica, sino ciudad. En un momento en que la infraestructura digital se expande a una velocidad inédita, la pregunta ya no es solo cómo construir más data centers, sino cómo integrarlos al paisaje urbano sin convertirlos en enclaves cerrados. Esa discusión —que cruza tecnología, arquitectura y planificación— hoy tiene un capítulo latinoamericano diseñado desde Santiago.
En 2022, en un encuentro de la industria en la región, el equipo de Hyphen —estudio de arquitectura con base en Santiago y trayectoria internacional, que desde hace años trabaja en infraestructura de alta complejidad en Latinoamérica— conoció a Alessandro Lombardi, presidente de Elea Data Centers, quien buscaba equipo para el diseño de su segundo data center en Río. “No se trataba solo de resolver un programa técnico, sino de construir un estándar”, explica Matías Menichetti, director de Hyphen. Ese primer edificio debía expresar eficiencia, robustez y escalabilidad, pero también identidad. En retrospectiva, fue el prototipo de algo mayor.
Hoy, ese encargo inicial evolucionó hacia Rio AI City, un distrito de inteligencia artificial proyectado en el Parque Olímpico de Río de Janeiro. El plan contempla cerca de 30 edificios, más de un millón de metros cuadrados construidos y una capacidad energética renovable certificada de 1,5 GW. Pero la pregunta que activó el proyecto fue otra: ¿cómo puede una infraestructura crítica convertirse en ciudad?
Diseñar lo inevitable
“La capacidad instalada de data centers se triplicará hacia 2030. Eso significa que dejarán de ser piezas periféricas y pasarán a ocupar un lugar visible en el tejido urbano. Negar esa realidad sería un error”, señala Javier Moya, arquitecto asociado de Hyphen y especialista en infraestructura crítica. Para él, el futuro de los data centers ya no se jugará únicamente en su eficiencia técnica o desempeño operativo, sino también en cómo logren insertarse con responsabilidad en la ciudad, el paisaje y la vida de las comunidades que los rodean.
Tradicionalmente, estos proyectos son liderados por ingenierías. Son edificios optimizados para rendimiento y resiliencia. Pero cuando comienzan a formar parte de la ciudad, la lógica cambia. “Construir ciudad radica en integrar entorno, comunidades, tecnología e infraestructura”, afirma Moya.
En Río, el desafío es aún mayor: se trata de un campus tecnológico que debe cumplir estrictos estándares de seguridad, pero emplazado junto a zonas residenciales y en una ciudad cuya identidad está ligada al paisaje. Para resolverlo, se apostó por traer la ciudad al interior de la infraestructura tecnológica. “Es que la arquitectura tiene ese rol: el de mediar entre la exigencia técnica de la infraestructura crítica y la experiencia urbana y ambiental que la rodea”, agrega Moya.
El masterplan incorpora programas educativos vinculados a la tecnología, espacios exteriores cubiertos y una fuerte integración de vegetación nativa de la Mata Atlántica. La biodiversidad no funciona como ornamento, sino como estructura: ayuda a la gestión térmica, las lagunas de retención crean hábitats y los corredores verdes conectan el campus con su entorno.
“Cuando la infraestructura se piensa como ecosistema, deja de ser un problema industrial y se convierte en una oportunidad urbana”, sostiene Menichetti. Puede activar barrios, generar empleo calificado y redefinir la conversación sobre el futuro digital de una ciudad.
En el caso de Rio AI City, además, se reutiliza infraestructura instalada para los Juegos Olímpicos de 2016, integrándola en una nueva narrativa para Río: la de consolidarse como hub digital.
Una mirada desde Latinoamérica
La incorporación de referencias latinoamericanas al proyecto “tiene que ver con comprender el clima, el paisaje y la relación con el espacio público en esta parte del mundo”, explica Moya. La tradición regional —la sombra, la porosidad entre interior y exterior, los espacios intermedios— está presente en la propuesta.
Diseñar desde Chile para Brasil implicó colaboración estrecha con especialistas locales y un trabajo coordinado con actores públicos y privados. Para Hyphen, el respaldo institucional es clave cuando la infraestructura tecnológica aspira a hacer ciudad y no solo a operar como máquina.
Que un estudio con sede en Santiago esté detrás de uno de los primeros distritos AI sustentables del mundo es, para su equipo, una señal del nivel técnico alcanzado por el país. Pero el alcance va más allá del logro profesional. “Se trata de liderar la conversación sobre cómo deben ser las ciudades tecnológicas del futuro”, sentencia Menichetti.