Segunda jornada de Lollapalooza 2023: el "ceacheí" de Rosalía y la decepción de Drake
Con un show conocido, la española encantó al público gracias a su potencia, coreografías y actitud. Algo muy distinto al rapero canadiense, que en 45 minutos elaboró una performance tímida y sin recursos visuales.
Por: Álvaro Marchant y Mateo Navas, desde Cerrillos
Publicado: Domingo 19 de marzo de 2023 a las 08:30 hrs.
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Más gente, más temperatura y más expectativas. No era para menos, el sábado 18 de marzo era una jornada que, con poco debate, tenía a los dos principales nombres del Lollapalooza 2023: Rosalía, que ganó el Grammy 2023 al mejor álbum alternativo (gracias a Motomami, una creación de 16 canciones con mezclas de pop experimental, reguetón y avant-grade), y Drake, el rapero canadiense que se presentaba por primera vez en suelo nacional y conocido por ser uno de los mayores exponentes del género urbano en el mundo.
Ella no decepcionó y él sí. Los detalles, más adelante.
El cantante de dancehall Stailok fue el encargado de abrir el segundo día, alrededor de las 13:00. Por primera vez el artista chileno se presentó en el festival, y su show, en el Costanera Center Stage, tuvo una duración de 30 minutos y contó con la participación de la crew de baile Monstarz.

Inmediatamente después Villano Antillano se hizo presente en el escenario del Banco de Chile. La artista argentina -que representa a la comunidad LGBTIQ+- cantó sus principales hits, donde destaca la sesión con su compatriota, el productor y DJ Bizarrap, quien recientemente estrenó el superéxito Bzrp Music Sessions, Vol. 53 con Shakira.
Al costado del escenario Costanera Center se encontraba, adornado con flores y piedras blancas, un memorial con históricos músicos que habían muerto a lo largo de los años: Freddy Mercury, Juan Gabriel, Jimmy Hendrix, Avicii y el argentino Gustavo Cerati. Un par de metros más allá, en el escenario Axe, su hijo, Benito Cerati, hacía su presentación.
Con un look de camisa azul eléctrica abotonada a la mitad, pantalón rojo y un peinado similar al de su padre en los años 80´cantaba sus principales temas, donde, incluso, incluyó Amiga mía del grupo nacional Los Prisioneros.

El sábado estuvo marcado por los artistas trasandinos. Después de Cerati fue el turno de Jaime Martín James -más conocido como Louta, fundador de la fiesta Bresh, la cual se realizó al término de la jornada en Espacio Riesco, también producida por Lotus (la misma que organiza Lollapalooza)-, que realizó un show de 45 minutos lleno de energía con Quererme y Ayer te vi.
El reloj marcaba las 15:33 y era hora del género urbano. ¿El encargado? Young Cister, el reguetonero chileno. Entre fuegos apareció "lo más xulo de tu Insta", como se denomina, quien comenzó con un show lleno sorpresas. Su principal hit, La base de Mosh -canción que tiene junto a su amigo Polimá Westcoast- encendió al público del Costanera Stage, que ya sufría con las altas temperaturas (alrededor de 32 grados).
Te quiero ver, Un verano sin ti y Llámame bebé, fueron otros de los éxitos que cantó el artista chileno, quien le devolvió la mano a Pailita, compañero de género que lo invitó a subirse al escenario en la primera jornada del festival.
“Vamos a un árbol para conseguir sombra”, le dice un adolescente cansado, tomando agua, a su madre. “¿Y dónde? prácticamente no hay, acá parece que la sombra se paga”, le responde.
Y algo de razón tiene. En el Parque Bicentenario de Cerrillos es difícil encontrar sombra, un activo fundamental bajo un sol que no da tregua desde que se abren las puertas hasta que llegan las 19:00.
Los asistentes que logran climas más frescos son los siguientes: (1) pagaron extra para ingresar al lounge, (2) hicieron fila para entrar a los puestos de marcas como Natura, Pepsi o Banco de Chile, o (3) se refugian en las pocas carpas de hidratación que están repartidas por el recinto. Más allá de eso, es complicado conseguir un ambiente cerrado para escapar de las altas temperaturas.
La mayoría de los asistentes ocupan sombreros, gorros y bandanas para evitar el sol directo. Los más creativos, abren sus sombrillas.
17:15. No eran Los Tres, pero la presencia de Álvaro Henríquez con la guitarra hacía confundir a algunos espectadores del Costanera Center Stage. A su espalda, “Pettinellis”, el nombre de su banda fundada en 2001, creada durante uno de los tantos recesos de Los Tres. Con un sonido un poco saturado y un ánimo serio, el vocalista cantó canciones como Niña, No hables tanto y Hospital. Esta última, la más conocida, la interpretó junto a su sobrino, Nicanor Henríquez, quien ya lo ha acompañado en otros shows.
Sin duda, Henríquez sobre un escenario siempre suma, pero el sonido -esta vez- pudo mejorar. Aunque con cuatro días de preparación es difícil lograr un show perfecto (reemplazaron a Willow, hija de Will Smith, cantante de pop y R&B).
El Perry’s Stage es el escenario que se encuentra más alejado del centro del festival. En él la cantante puertorriqueña Young Nico entró con un micrófono pintado con los colores LGBTIQ+, jogger gris y polerón negro. 17:15 y el fuego salió al unísono cuando rompió el dembow. La rapera boricua no decepcionó a sus fanáticos, la gran mayoría de ellos jóvenes de no más de 25 años, con un show de 60 minutos.
"Quedémonos aquí (Perry’s Stage), viene el MJ", se comentaba entre el público cuando Young Nico bajó del escenario. 18:00 y Cris MJ, rapero serenense de 21 años, no aparecía. "¡Agua, agua!" gritaban los fanáticos. Acto seguido, la producción comenzó a distribuir botellas para enfrentar el calor.
El brillo de las cadenas y el logo Gucci en el borde de sus anteojos fue lo primero que se logró ver del cantante chileno. Junto a su equipo de DJs, el cuerpo de baile y su corista, Cris MJ puso a bailar a toda la explanada, que se repletó de jóvenes. Fue, por lejos, el número que más llenó el escenario en estas dos jornadas.
Con la invitación a su amigo AK.420 interpretaron sus éxitos Me arrepentí y Sin seguro. Para finalizar, Cris MJ cantó Como tú ninguna, hit que tiene un remix con Pablo Chill-e.
19:15. Son pocos los que conocen bien el setlist de canciones de Tove Lo, la intérprete conocida como “la exportación más oscura del pop sueco”, por la revista Rolling Stone. Pero eso no le pareció importar al público, que saltó, bailó y gritó al ritmo del electropop.
“¡Santiago!”, gritó la vocalista para animar a una audiencia, que, quizás, estaba esperando al próximo artista en ese escenario: Drake. Pero no les pareció importar, porque Ebba Tove Elsa Nilsson (su nombre real) logró captar su atención gracias a éxitos como Habits, Heroes, Talking Body y Stay High. Cerró su actuación y era tiempo para la reina de la jornada.
“Ruuuuummmm, ruuuuummmm”. El sonido de las motocicletas es lo primero que se hace presente. Celulares arriba, bailarines entran al escenario vistiendo cascos iluminados. Rosalía los sigue. Se lo quita y mira desafiante al público. Gritos. Ha llegado la oriunda de San Cugat de Vallés. Completo furor en el escenario del Banco de Chile a las 20:20. Comienza Saoko. “Chica qué dice”, grita la española.
Lo anterior era una fórmula repetida por la intérprete en su tour mundial de Motomami, el álbum que le permitió ganar Grammys, Billboards y un puesto definitivo en la escena musical internacional. Podía haber sido Tokio, Los Angeles o Berlín. Pero esta vez, era Chile.

Y aunque fuera una salida repetida, fue efectiva: los asistentes estuvieron expectantes, aplaudiendo y grabando. La diva del pop hispano había vuelto a Chile (en agosto de 2022 repletó el Movistar Arena) y el público estaba listo para escucharla.
Rosalía comenzó a bailar en perfecta coordinación con su equipo de bailarines las canciones Candy, Bizcochito y La fama.
Luego, hace una pausa. “Estoy muy feliz de estar acá. He practicado una canción mucho tiempo que me ha costado preparar. La haré acapella, así que necesito que todos estén en silencio”.
Lo logró. “¡Chi chi chi, le le le, viva Chile!”, gritó la española. “Y ahora ustedes!”, volvió a decir, logrando que el público coreara, una vez más, la arenga nacional.
Siguió con sus éxitos, como La noche de anoche, donde bajó las escaleras, agarró una bandera chilena y se grabó, ella misma, con el público cantando. Luego, subió al escenario y entonó versiones cortas de Despechá y Blinding Lights (de The Weeknd).
“¡Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños!”, le gritaban algunos fanáticos. No era para ella, sino que para celebrar el primer año de su álbum Motomami. “Es verdad”, dijo Rosalía, “hoy cumple un año y me hace mucha ilusión estar celebrando con ustedes”.

Después de esta pausa fue tiempo del piano, donde encantó al público con su balada Hentai.
Y aunque al cierre le faltó intensidad, logró pasar temas conocidos como La combi Versace, Con altura y Chicken teriyaki.
Sin duda un show contundente, con distintos ritmos, coreografías, géneros y ambientes. Un golazo de la española que deja unos mejores shows -hasta ahora- en el festival.
Rosalía dejó la vara alta y era el turno del rapero canadiense Drake. Veinte minutos antes del show la explanada estaba llena, más de lo que se vivió el día anterior, a la misma hora, con Billie Eilish.
21.30 y no habían muestras del intérprete de One Dance. En el escenario su equipo revisaba la tarima y confirmaban que todo estuviera en orden.

A las 21.47 se proyectó el logo de Drake en la pantalla grande. Era hora de la potencia en el Costanera Center Stage.
Con una chaqueta similar a un chaleco antibalas negro, reluciendo sus tatuajes y con unas llamas de más de 3 metros de altura, el rapero inició el último espectáculo del segundo día.
El set list incluyó canciones de sus comienzos, como Headlines. Pero cuando iban recién 10 minutos, la gente de la producción subió al escenario con micrófono en mano y paró el show por temas de seguridad.
Luego de eso el espectáculo se desarrolló con normalidad. Pese a que muchos asistentes no coreaban todas sus canciones, sus fieles fanáticos al borde del escenario, cantaron todos sus temas.

Si bien los grandes éxitos de Drake levantan un show por sí solos, la puesta en escena fue simple en relación a lo que se espera para un número de cierre.
Un solitario Drake fue lo único que se pudo apreciar en la tarima. Sin bailarines, infraestructuras, ni material audiovisual, el canadiense realizó un show de 45 minutos, la misma duración que su concierto en Buenos Aires el día anterior. Dejó con gusto a poco.
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