No han sido semanas tranquilas en el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI). Este lunes se concretó -luego de días de rumores- la renuncia del subsecretario Rafael Araos por diferencias en la visión y conducción de la cartera con la ministra Ximena Lincolao.
Pero además se filtró parte de un oficio del Ministerio de Hacienda que sugeriría recortes en áreas clave del ministerio que, de materializarse, afectarían principalmente a la investigación y a las becas de postgrado en Chile.
La principal causa de las diferencias entre Araos y la ministra tendría que ver con la visión que busca instalar Lincolao en la cartera, una que privilegia la investigación aplicada, la tecnología y la innovación, por sobre la ciencia básica, la investigación en ciencias sociales y la formación de capital humano avanzado.
De hecho, en un correo enviado por la ministra a los funcionarios del ministerio luego de la renuncia de Araos visto por DF, Lincolao reconoció que “existieron diferencias de gestión y visión” entre ambos.
La semana pasada, además, se sumó otro elemento. Según un artículo de La Tercera, parte de lo que gatilló la salida de Araos sería una solicitud de la ministra Lincolao de despedir a unos 40 trabajadores del ministerio -cerca de un 30% de la dotación- mientras Lincolao participaba en una gira tecnológica en Silicon Valley, Estados Unidos.
Araos, en su calidad de ministro subrogante, se habría negado. En el correo enviado por Lincolao a los funcionarios, la autoridad dijo que las “eventuales desvinculaciones masivas” es algo “categóricamente falso”.
Más allá del rumor de las desvinculaciones, el ambiente que describen funcionarios consultados por DF es de “asustados y choqueados”, con preocupación por la incertidumbre laboral y por la señal que entrega la salida del subsecretario.
Desde la Asociación de Funcionarios del Ministerio de Ciencia y Tecnología (Anfucyt) dijeron a DF que se reunieron este martes con la ministra para esclarecer la situación, y que Lincolao “negó categóricamente que exista una lista de posibles desvinculaciones arbitrarias y que ella haya instruido al subsecretario Araos realizar desvinculaciones arbitrarias”.
Este mismo mensaje fue replicado por la autoridad ante los funcionarios del ministerio durante la jornada. De hecho, invitó a ver esta situación como una oportunidad de mejora junto con señalar que “sus puertas estaban abiertas para trabajar y despejar rumores”.
En una reunión con la asociación de funcionarios, Lincolao “negó categóricamente que exista una lista de posibles desvinculaciones y que ella haya instruido a Araos realizar desvinculaciones arbitrarias”.
Un diseño que no funcionó
La salida de Araos arrastró además la dimisión de dos figuras clave del “segundo piso” de la cartera: la jefa de la División Jurídica, Alejandra Tagle, traída a la cartera por el ahora exsubsecretario, y la jefa de gabinete, Camila Skewes.
Esta última ocupaba una posición particular en el organigrama. En el diseño inicial impulsado por Lincolao, la cartera operaría con una jefatura de gabinete única compartida entre la ministra y el subsecretario, con el propósito de tener comunicación fluida entre ambas autoridades. La fórmula no logró consolidarse durante los dos meses de gestión, según relataron fuentes del ministerio consultadas por DF, y terminó siendo descrita como uno de los antecedentes del distanciamiento posterior entre Lincolao y Araos.
También lamentaron su salida, pues “él y su equipo eran los que sabían de gestión del Estado, de políticas públicas. De hecho, para asumir como subsecretario, Araos tuvo que renunciar a un Fondecyt”, comentó una persona.
A las diferencias estructurales del modelo se sumaron las distancias de cultura de trabajo entre los equipos. “Lincolao viene del mundo startup y se mueve más rápido en la toma de decisiones; Araos, del mundo científico, era más cauto. Eso generó fricciones y la guinda de la torta fue el tema de los despidos”, dijo una persona conocedora de la interna del ministerio.
Las contrataciones de la ministra
Desde su instalación, Lincolao ha sumado una serie de personas a su núcleo de confianza directa, como la exsubsecretaria de Telecomunicaciones, Pamela Gidi, como asesora; la periodista Carolina Rossi, quien regresó desde Europa para asumir como jefa de la División de Tecnologías Emergentes y ahora ejerce como subsecretaria subrogante; o el periodista Sebastián Díaz, exdirector de Start-Up Chile de Corfo.
Una contratación que generó ruido interno fue la de Javiera Cuevas como jefa de la División Ciencia y Sociedad. Según señalaron fuentes del ministerio, Cuevas no cumpliría con los requisitos de antigüedad laboral y trayectoria que establece el decreto con fuerza de ley que fija la planta de la cartera para los cargos de jefatura de división. Su contratación se materializó en calidad de “experta”, mediante un decreto de excepción, modalidad habitualmente reservada para profesionales de gabinete y no para jefaturas técnicas con responsabilidad programática.
“Es una de las situaciones que también fue gatillando su salida (de Araos)”, comentó una fuente.
DF se comunicó con Araos para conocer sus razones para renunciar, pero declinó participar en esta nota.
¿Tecnología versus ciencia?
Si bien hasta ahora no se conoce un documento oficial con los recortes propuestos por Hacienda, para Ciencia y Tecnología las filtraciones señalan que entre lo que se recomienda “descontinuar” hay 11 programas, como el Fondo de Publicaciones Científicas y las becas de postgrado en el país, lo que afectaría directamente a las universidades y a la investigación científica. Esto, explicaron fuentes, tendría relación con el giro que el gobierno busca darle al ministerio.
Al respecto, el vicepresidente ejecutivo del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (Cruch), Emilio Rodríguez -que ha tenido “múltiples instancias de diálogo” con Lincolao y Araos-, dijo que Chile enfrenta un “déficit significativo de capacidades” para transformar el conocimiento en “innovación, productividad y mejores políticas públicas”.
En esa línea, enfatizó que en Chile “falta tanto ciencia básica, esencial para la creación de conocimiento, como también ciencia aplicada, fundamental para la transferencia tecnológica”.
Por otro lado, el director de Transferencia y Desarrollo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Álvaro Ossa, dijo que, ante el enfoque del gobierno orientado a la tecnología aplicada, “lo peligroso es que entendamos la ciencia como la última parte de la cadena y no veamos el panorama completo”. También advirtió que podría afectar a las universidades al generar una “mirada de corto plazo en términos de ciencia” y formación de capital humano avanzado.
Desde el mundo científico, el Premio Nacional de Ciencias, académico y candidato a rector de la Universidad de Chile, Sergio Lavandero, dijo que existe una “preocupación creciente” en la comunidad académica respecto de un eventual desplazamiento del equilibrio histórico entre la investigación básica, la formación avanzada y el desarrollo tecnológico aplicado que impulsa el Ministerio de CTCI.
Si bien reconoció que Chile “necesita fortalecer la transferencia tecnológica, la innovación y la articulación con el sector productivo”, advirtió que “ningún ecosistema científico sólido se construye únicamente sobre resultados a corto plazo”.
Un segundo frente que abrió el académico es la eventual descontinuación de las becas nacionales de magíster y doctorado, una medida que tendría un “impacto profundo” sobre el sistema, alertó. “No son un gasto suntuario, son una inversión estratégica en el desarrollo de Chile”, afirmó.