No hay una buena ocasión para dar malas noticias. Y eso es lo que los chilenos hemos recibido, malas noticias de golpe y porrazo. El Gobierno entrante nos ha tratado como adultos, nos ha recordado que el último antojo de Trump lo tiene más que enredado en su guerra sin horizonte con Irán y que los efectos en el precio del petróleo que escuchábamos en las noticias, para sorpresa nuestra, tendrían efectos mayores sobre la economía chilena. Nos recordaron una vez más que las arcas fiscales estaban vacías y que no era responsable tomar deuda para pasar el chaparrón. Y que dado lo anterior, tendríamos que enfrentar una subida mayor en los precios de los combustibles. No nos gustó.
No nos gustó, porque llevamos años siendo infantilizados a costa de la salud fiscal del país y con ello comprometiendo su crecimiento en el largo plazo. Si había problemas con las tarifas eléctricas, todos de acuerdo en patearlo debajo de la alfombra, si había que sufrir los rigores de la pandemia, terminamos con los chilenos comprándose autos y arreglando sus casas con las generosas ayudas estatales y el desangre del sistema previsional, si la invasión rusa a Ucrania afectaba el precio del petróleo métale subsidio para aliviar el mal rato. No sabremos si por convicción o por necesidad esta vez nos dijeron que había un problema y que papá Estado sólo se iba a preocupar de los más vulnerables, el resto a apretarse el cinturón no más.
Frente al shock aparecen los siempre ubicuos defensores del gradualismo. Como si el ciudadano se hubiese molestado menos si los combustibles hubiesen subido sólo un 50% del incremento real y se hubiesen postergado alzas con el consiguiente impacto fiscal. Hizo bien el Gobierno en transparentar y poner las malas noticias todas de una (en ese paquete hay que incluir la quitada de piso a la postulación de Michelle Bachelet). Al menos alguien ha leído El Príncipe de Maquiavelo en Palacio: “Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor”.
Por supuesto que ha habido desorden comunicacional. Lo del Estado en quiebra no fue precisamente lo más feliz, y la vocera hasta ahora parece siempre hablando de temas que no comprende en su magnitud y fondo. Acostumbrados a la comodidad de la crítica y al ataque de las campañas se han mostrado débiles en la fase defensiva que suele ser la más habitual a la hora de gobernar. Más vale que ajusten las perillas pronto, o si no lo van a pasar más que mal.
Siendo esto muy importante, no nos debe desviar del fondo. Se tomaron con carácter y audacia decisiones difíciles e impopulares. Hace mucho tiempo que no éramos testigos de aquello. La salud de nuestra economía depende en buena parte de ser capaces de absorber de buena forma estos tragos amargos y poder desplegarse una vez que el clima internacional se vuelva a normalizar. Sin duda, se requerirá cintura política para absorber el impacto en apoyo que tienen las medidas tomadas, pero cuando desde la izquierda con sorna y burla señalen “a disfrutar lo votado”, al menos por el momento se puede responder con una sonrisa cautelosa y levantando el pulgar con tranquilidad.