Si a usted no le gusta o nunca se ha interesado en Seinfeld tiene un problema grave, pero a diferencia de otros problemas este es de fácil solución. Para ello le propongo que vea uno de mis episodios favoritos: The Opposite. En ese episodio el maravilloso George Costanza cansado de sus fracasos en todo aspecto de la vida decide intentar una nueva estrategia, hacer exactamente lo contrario a lo que su instinto le indica. Debuta con su estrategia al acercarse a una linda joven desconocida en la barra del restorán: “Mi nombre es George. Estoy desempleado y vivo con mis padres”. Basta de spoilers, véalo o vuélvalo a ver, es insuperable.
El Gobierno ante el desangre en imagen pública que significaban los desaciertos políticos y comunicacionales de la exministra de Seguridad recurrió a la estrategia de George, y decidió poner en el cargo a su perfecto opuesto. Martín Arrau tiene amplia experiencia política -uno de los dos militantes de Republicanos en el gabinete- y territorial, es particularmente articulado y nada parece conmoverlo, lo que lo hace un buen comunicador, también es estructurado y meticuloso con la gestión. Hasta aquí todo miel sobre hojuelas, pero también a diferencia de Steinert, Arrau no tiene mayor experiencia nada menos que en seguridad. Casi nada. Es tan dura la política que en un par de meses y flecos el pobrísimo desempeño de Steinert nos hizo olvidar que había sido una eficaz y aguerrida fiscal lidiando con el crimen organizado.
Arrau es un tipo con pretensiones altas. De hecho en más de un lugar ha aparecido que en el corazón del Presidente está muy arriba en sus opciones de sucesión presidencial. Tan arriba que no hay nadie por sobre él. Eso es en abstracto, por supuesto, primero hay que ser competitivo. Arrau corría -corre quizás- el riesgo del síndrome de Alfredo Moreno (otro pelado, como Arrau, como Costanza): altas expectativas, altas capacidades, el respeto y respaldo del Presidente y de la elite política-económica, pero pese a estar en cargos teóricamente de alta exposición nunca consiguió que los chilenos en general supieran quién es.
Así de un día para otro, Arrau pasó a ser parte de la primera línea del gobierno de Kast. No hay duda de que estaba en un ministerio muy poderoso e importante como el MOP, pero las licitaciones, concesiones y cortes de cintas no conmueven a los chilenos. Los secuestros, homicidios y portonazos vaya que sí. El desafío es enorme y por tanto la oportunidad política también.
Si a Arrau le va bien, a Kast le va bien. Es por lejos su principal promesa y hasta aquí no tiene nada que mostrar, ya sea porque se ha hecho poco o porque no se ha sabido comunicar. Para efectos de la ciudadanía es prácticamente lo mismo. La tarea es particularmente difícil, pues no basta con mejorar en algunas estadísticas de seguridad, sino convencer a la población de que ha habido un cambio de mano profundo y que se lo debemos a Arrau. A diferencia de Seinfeld, este es un show sobre todo.