Empezó a ir de voluntaria a Battery Park en 2024. Fascinada con este parque de 10 hectáreas emplazado en el extremo sur de la isla, y con ganas de jardinear más allá de su terraza, entró al sitio web de
The Battery Conservancy. Ahí encontró que existía un voluntariado y que era muy sencillo participar de él. En ese entonces tenía un horario laboral que cumplir, pero como el parque no está lejos del departamento donde vive, muchas veces llegaba a las 6.45 am y se quedaba hasta alrededor de las 9.00. Sus labores eran sencillas: plantar bulbos, dividir plantas, podar.
“Una obrera del final del eslabón. Y me encantó. Muchas veces me tocó ver amanecer mirando el puerto”, cuenta desde una helada tarde neoyorquina la periodista y socióloga chilena, directora de revista Paula de 1998 a 2007.
Paula Recart vive en Estados Unidos hace casi dos décadas. Después de 12 años en distintos cargos ejecutivos de Ashoka, en 2019 asumió como President of Network and Media de Unfinished, proyecto del filántropo estadounidense Frank McCourt que propone reformular la convivencia cívica en la era digital. Llevaba ahí seis años y había cumplido una meta importante. Lo que venía por delante era un desafío más tecnológico donde sentía que tenía menos que aportar, comenta. Dejó la empresa en los mejores términos, incluso representa a McCourt en el directorio de The Shed, importante centro cultural ubicado en Hudson Yards que destaca además por su arquitectura.
Con las manos en la tierra
Una de las señales de que necesitaba un nuevo rumbo era que cada vez le costaba más dejar el jardineo en Battery Park para irse a la oficina. “Me di cuenta de que me apasionaba mucho más estar ahí y algo me empezó a hacer ruido, porque yo siempre he trabajado por pasión. Soy muy creyente de que uno tiene que abrirse a las oportunidades y nunca me ha resultado planear nada”, comenta Paula.

Decidió tomarse un año sabático durante 2025. Incrementó sus horas de voluntariado en Battery Park, tomó cursos y visitó otros parques. En eso estaba cuando surgió la posibilidad de sumarse a la campaña de la precandidata presidencial Carolina Tohá. Paula se vino a instalar tres meses a Chile y trabajó estrechamente con Tohá junto a Pía Mundaca.
“Me interesaba mucho defender ese proyecto político. Volvería a hacerlo de nuevo 100%. Hicimos un súper equipo, aprendí mucho y le puse todo lo que pude. La sorpresa fue la magnitud del resultado porque hasta el último día uno quiere ganar, pero fue una gran experiencia”, acota sobre su incursión en la candidatura que perdió frente a Jeannette Jara en junio del año pasado.
En medio del desgaste propio de una campaña electoral, una amiga de Nueva York le escribió: “‘Paula, el parque donde vas de voluntaria está buscando su nueva presidenta’ y me mandó el aviso”. Warrie Price, fundadora de The Battery Conservancy hace 30 años y quien lo ha dirigido desde entonces, se iba a jubilar y buscaban a su sucesor.
“Yo no soy paisajista, ni urbanista ni he trabajado en temas de ciudad, pero sentí el campanazo del destino a lo lejos. Mi amiga me insistió y me dijo que leyera la descripción del cargo y postulara. Y la verdad es que me sentí reflejada porque buscaban un director ejecutivo que tuviera visión para programar el parque, entendiera el tesoro que es y supiera conectarlo con nuevos públicos, además de levantar fondos, porque el parque no tiene ni un peso público”.
Le escribió por LinkedIn al headhunter que había publicado el aviso, y concertaron una llamada al día siguiente. “Yo estaba en Tunquén, hablamos como media hora, me contó cosas del parque y me dijo ‘tú eres la persona. El directorio va a decidir, pero si me preguntas a mí, creo que eres exactamente lo que están buscando’”, cuenta Paula.
Postuló, quedó seleccionada y entró a un proceso de cuatro meses junto a otros 150 postulantes. A fines de noviembre asumió como presidenta de The Battery Conservancy. “Nunca pensé que estos momentos casi escapistas y literalmente tan terrenales -ir a plantar, aprender, meter las manos en la tierra un rato antes de que la ciudad despertara del todo- iban a abrirme un camino vital completamente nuevo. Y sin embargo aquí estoy”, escribió Paula en su cuenta de Instagram el 17 de noviembre.
Enclave histórico, horizonte futuro
Su misión es pensar el parque como una plataforma de activación pública que sea un lugar de encuentro abierto a la ciudad. Battery Park está en la parte más antigua de Nueva York. “George Washington caminó por el parque. Herman Melville escribió sobre el puerto y la bahía”, apunta la periodista. Agrega: “Y tiene el encanto particular de estar enclavado junto a los primeros edificios altos de la isla”.
Las 10 hectáreas de terreno le pertenecen a la ciudad de Nueva York, pero su operación está a cargo de The Battery Conservancy, organización sin fines de lucro que tiene una licencia para administrar el parque. Paula explica que Central Park fue el primer parque que ocupó este modelo. Fue en un momento de mucho descuido, durante los años ‘70, cuando la ciudad estaba en bancarrota y un grupo de ciudadanos se juntó para levantar recursos privados y defender el parque. Se trata de una alianza público-privada que permite operar y levantar fondos con mayor agilidad, señala Recart.
En 1994 Warrie Price se propuso hacer lo equivalente en Battery Park. “Pionera y con un fuerte ojo estético que defiende el rol del diseño, ella entendió la importancia histórica de este lugar, entonces casi puro cemento”, comenta Paula sobre su predecesora.
Se trata además de un sitio muy turístico, desde ahí se ve la Estatua de la Libertad y zarpan los botes que van a conocer el monumento. No tenía mucho sentido que así se presentara al mundo el lugar donde se fundó Nueva York. Convencida de convertirlo en un parque con naturaleza, y de encuentro entre ciudadanos y visitantes, Price fue visionaria al contratar al diseñador de paisaje neerlandés Piet Oudolf, importante exponente del paisajismo naturalista que años después diseñó el Highline. Battery Park fue su primer encargo en EEUU.
Dentro del parque, que está abierto 24 horas de lunes a domingo, hay 20 mil metros cuadrados de plantas perennes y también la huerta más grande de Manhattan, todo a pocas cuadras de Wall Street. Tiene un carrusel moderno inspirado en el océano y una serie de juegos infantiles que conviven con la vegetación. Además, al parque lo atraviesa una ciclovía que bordea la isla y por donde circulan miles de personas. “Es un enclave increíble. Un sitio por donde entraron 8 millones de inmigrantes a Nueva York y donde comenzó la urbe”.
Fuerza de la naturaleza
Además de ser un pulmón verde de respiro a ese sector de la ciudad, Battery Park debe operar como plataforma cívica al igual que otros parques de Manhattan como Bryant Park, Little Island o Madison Square Park. Ofrecer desde clases de yoga, actividades infantiles, conciertos y una curatoría cultural. “He tenido conversaciones súper interesantes con artistas destacados pensando cómo podemos hacer cosas específicas para el parque”, dice su nueva presidenta.
Destaca que este será un año importante para Nueva York por varias razones. Acaba de asumir como alcalde Zohran Mamdani, para quien los parques son muy importantes. El mismo día de la entrevista, Recart había hablado con su encargado de parques.
El 4 de julio se celebran 250 años de la independencia. También tendrá lugar el Mundial de futbol con varios partidos que se juegan en el área de Nueva York y New Jersey, y quieren instalar una pantalla gigante donde la gente pueda ir a ver los encuentros. Y además se cumplen 25 años del 11-S. El parque se encuentra cerca de lo que eran las Torres Gemelas y tras el atentado funcionó como sitio de evacuación marítima y estación de descanso para los bomberos que trabajaban en tareas de rescate, por lo que quieren organizar algo simbólico.
Battery Park es además una especie de laboratorio en cuanto a resiliencia costera. Como los niveles de agua por marea han ido aumentando debido al cambio climático, hay distintos estudios que buscan proteger zonas de Nueva York de los desastres de inundaciones. Tras el paso del huracán Sandy los equipos de horticultura del parque aprendieron mucho sobre qué plantas resistieron mejor y cuáles no, comenta Paula. “Es interesante estar aprendiendo cosas de las que no tenía idea y que tienen que ver casi con ingeniería del futuro, cómo se piensa la resiliencia en tiempos de cambio climático”, describe.
En la organización trabajan 25 personas de planta, además de voluntarios estacionales. “Yo con mi gorro de voluntaria quiero darle aún más potencia al voluntariado y convertirlo en una forma de participación más amplia, que no sea sólo para quienes les gusta jardinear, también podríamos tener voluntarios a cargo de encuestas para estudios demográficos. Y me gustaría armar un programa que sea como un Tinder, pero no tecnológico, para conocer amigos o posibles parejas en el parque. El potencial es gigante y muy entretenido”, dice Paula entusiasta.
La huerta es otra de las joyas del parque. Ocupa media hectárea de extensión y cumple con una función educacional. Miles de estudiantes de escuelas públicas de Nueva York llegan a ahí a aprender sobre alimentación, cadena de producción y procesos orgánicos. The Battery Conservancy mantiene una alianza con Community Fridge, organización sin fines de lucro que toma los alimentos que produce el huerto y los distribuye en refugios donde acogen a personas sin hogar.
Recart cuenta que Warrie Prince se mantendrá presente como miembro del directorio, y vuelve a tirarle flores: “Es una mujer maravillosa, una leyenda. La gente que la conoce la define como Force of Nature. Ella es fuerza de la naturaleza, con mucha visión y fortaleza para defender el parque todos estos años”. Le gusta el desafío de continuar su legado, dice.
“Cuando asumí la dirección de la revista Paula, tenía 27 años. La revista la había fundado Delia Vergara y yo tomé el mando después de Alexandra Edwards. Obviamente no me sentía para nada como ninguna de ellas, pero ese desafío a mí me motiva mucho. Sé que aquí voy a crecer y que voy a aprender todos los días”.