En diciembre de 2018, frente a los asistentes de la ProChile Innovative Summit de Miami, el ingeniero chileno Patricio Cabezas sumergió una bolsa en agua y esperó tres minutos hasta que el producto se disolviera. Acto seguido, tomó un sorbo de ese líquido para mostrar que seguía siendo potable. La bolsa era de Solubag, una firma chilena que se hizo famosa por fabricar un material soluble en agua, pensado para reemplazar las bolsas de un solo uso sin dejar residuos tóxicos.
Solubag buscaba entonces contratos e inversionistas en Estados Unidos, y en cierto sentido lo logró: en 2024 la compañía dijo que habían cerrado una Serie A de US$ 4,5 millones liderada por Exit Ventures, un conocido fondo dedicado al climate tech.
Aquel episodio en Miami ocurrió hace casi ocho años. El proyecto sigue activo y hoy está en el centro de una áspera disputa judicial en tribunales norteamericanos que enfrenta a los fundadores chilenos con la administración de la empresa. Uno de los socios originales, Cristian Olivares, acusa al CEO de Solubag USA, Michael Latham, de haberlos engañado para quedarse con el control de la compañía y sus patentes. La contraparte, eso sí, sostiene una versión opuesta: que Olivares quedó fuera de la firma por su propia conducta y que ahora conspira con otros accionistas para recuperar el mando por vías irregulares.
La llave de Miami
Solubag nació alrededor de 2014 en la zona de Concepción, de la mano del ingeniero comercial Roberto Astete, que venía de más de una década en la industria del plástico, y un grupo de socios entre los que estaba Cristian Olivares. La idea era reemplazar las bolsas de un solo uso por un material hecho con alcohol polivinílico, el mismo compuesto que recubre algunas cápsulas de medicamentos, que parece plástico pero se disuelve en agua.
El proyecto adquirió notoriedad en julio de 2018. Ese año ganaron el SingularityU Chile Summit y viajaron a Silicon Valley. Luego, en plena pandemia, uno de los “tiburones” de Shark Tank, Kevin Harrington, entró a la empresa. “Hemos empezado la producción y ventas en Chile y México, y ahora estamos listos para entrar al mercado de EEUU”, dijo en un video.
En Delaware constituyeron la sociedad Solubag USA. La idea era vender sus productos y captar la ola de consumo sustentable en Estados Unidos con bolsas para perros, packaging para el retail y láminas de detergente. Y para liderarla sumaron a Michael Latham, hoy su CEO. En octubre de 2024 cerraron la Serie A y en 2025 recibieron las llaves del condado de Miami-Dade.
La ofensiva
La primera demanda la abrió la propia empresa el año pasado y la dirigió contra nueve personas. Además de Olivares, en la acción figuran tres socios fundadores, Patricio Cabezas, Alejandro Castro y José Salvador Matte, y otros cinco inversionistas chilenos y colombianos.
El quiebre se gestó meses antes del libelo. En mayo, la empresa le puso término al contrato de Olivares y en la demanda lo describieron como un director que “se negaba a renunciar” a la mesa. La compañía sostuvo que desde enero de 2025 Olivares trabajaba con los demás demandados en una sociedad llamada Solubag Founders, destinada a quedarse con los productos, la tecnología y el negocio de Solubag. Para eso, agregaron, agendaron reuniones en Chile y crearon un chat privado de WhatsApp.
La demanda original despliega nueve cargos, desde violación de deberes fiduciarios hasta competencia desleal y conspiración. Pero Olivares rechaza esa versión. En octubre respondió dentro de la misma causa con una contrademanda, y en febrero sus sociedades presentaron una segunda acción judicial en contra de Solubag USA y el propio Michael Latham.
Según el relato de Olivares, fundó Solubag USA en 2018 y levantó unos US$ 2,4 millones de capital inicial. Chileno e hispanohablante, no conocía las reglas del negocio norteamericano y por eso contrató a la consultora Accuvise para reclutar a un ejecutivo local. Así llegó a Latham, a quien nombró Chief Growth Officer en julio de 2021. Hablaban casi a diario y, relata el escrito, Latham le prometió en al menos dos ocasiones que lo protegería de los inversionistas que quisieran arrebatarle la empresa.
El eje de la acusación de Olivares es la Serie A. En septiembre de 2023, en una cumbre en Salt Lake City, Olivares conoció a Paul Burgon, de Exit Ventures, y se lo presentó a Latham para que negociara una posible inversión. Según se describe en la demanda de los socios chilenos, Burgon se presentaba como un experimentado inversionista que afirmaba haber participado en la inversión de más de US$ 3.000 millones en cerca de un centenar de empresas a lo largo de su carrera.
A principios de 2024, con el argumento de Latham de que nadie invertiría en una empresa controlada por una sociedad chilena, los fundadores traspasaron a Solubag USA las 32 patentes y cuatro marcas que tenía la matriz chilena. Meses después, acusa el libelo, se firmaron los documentos del cierre de la ronda. Y en octubre de ese mismo año, Solubag informó que habían concretado la Serie A, liderada por Exit Ventures y en la que participaron otros fondos como Between the Coasts Ventures.
Menos de un tercio
A la empresa, sin embargo, entró bastante menos plata. Según documentos judiciales, el 10 de abril de 2025 Latham reconoció por correo que la ronda estaba cerrada y que la inversión final fue de US$ 1,4 millones, menos de un tercio de lo anunciado. Pero, según Olivares, ya se había reordenado la propiedad: la participación de Olivares bajó de 46,2% a 21,89% y la de los fundadores en conjunto pasó de 82,44% a 47,53%. No obstante, los demandantes afirman en los tribunales que al no haberse completado el monto total proyectado de la Serie A, su dilución real debió ser menor.
El presente
El capítulo más reciente de este conflicto quedó plasmado el 18 de junio de 2026 en una nueva ofensiva legal por parte de Solubag USA. En un escrito de más de 100 páginas, la compañía solicitó formalmente la aplicación de sanciones contra Cristian Olivares y sus sociedades, acusándolos de sostener una posición “frívola” en el caso.
De acuerdo con la empresa, Olivares ideó un plan para arrebatar de manera “unilateral” el control de la firma. La administración sostiene que la defensa del chileno “fabricó” una excusa falsa para dar por terminado el pacto de accionistas (Voting Agreement) que fijaba las reglas del directorio.
Hoy, la batalla por el control de la firma se mantiene abierta en dos frentes judiciales paralelos. Mientras no se resuelva, el control de Solubag todavía se mantiene en suspenso.