El Papa versus el Presidente: cómo León se convirtió en un rival sin temor de Trump
A medida que intensifica sus críticas a la guerra con Irán, el trasfondo estadounidense del Pontífice le ha dado un rol en la política de EEUU distinto al de cualquier predecesor.
Por: Financial Times
Publicado: Jueves 16 de abril de 2026 a las 10:07 hrs.
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“No le tengo miedo a la administración Trump”, dijo esta semana el líder de la Iglesia católica, al convertirse en un punto de referencia global para los críticos del presidente estadounidense.
En los últimos días, el papa León XIV, un cardenal de bajo perfil hace apenas un año, ha intercambiado ataques verbales con Donald Trump, el hombre más poderoso del mundo. La disputa recuerda más a la rivalidad entre papas y emperadores medievales que a la cooperación entre el Vaticano y la Casa Blanca que ayudó a ganar la Guerra Fría.
“No somos políticos —no abordamos la política exterior con la misma perspectiva que él podría entenderla—”, dijo el hombre de 70 años oriundo de Chicago sobre el de 79 años de Queens, horas después de que Trump lo instara a “dejar de complacer a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran papa, no un político”.
Pero al intentar movilizar a sus compatriotas para detener lo que denomina una “guerra injusta” contra Irán, el papa León se ha adentrado de lleno en la política de su país de origen.
En un momento en que no existe una sola voz de oposición a Trump ni dentro ni fuera de EEUU, el ataque del primer papa nacido en ese país a las políticas de la administración podría tener consecuencias electorales en su tierra natal, al tiempo que implica riesgos políticos para el presidente.
“¡Ay de quienes manipulan la religión y el mismo nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la suciedad!”, dijo León durante un viaje a Camerún el jueves, en declaraciones que siguieron a días de enfrentamientos con el presidente estadounidense.
“Trump realmente no entiende que se ha enfrentado a una tradición teológica de más de 1.500 años —un conjunto de enseñanzas morales sobre la guerra y la violencia—”, señala Robert Jones, fundador del Public Religion Research Institute, un think tank independiente. “Probablemente no es lo más inteligente pelear con el papa”.
El pontífice, nacido como Robert Prevost, ha llevado el debate a Trump de una forma que su predecesor, el papa Francisco —quien hablaba poco inglés—, nunca pudo.
El papa también se diferencia de otros líderes que pueden tener más que temer del poder económico y militar de EEUU, que hace pocos meses fue utilizado para presionar a aliados de la OTAN en torno a Groenlandia.
“Donald Trump está acostumbrado a la adulación de líderes mundiales que generalmente están demasiado aterrados por sus represalias como para oponerse”, dice Thomas Wright, senior fellow en la Brookings Institution. “Trump no puede usar sus herramientas habituales de intimidación, como aranceles o abandonar compromisos de seguridad, contra el Vaticano”.
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Efecto en la interna
Las críticas del presidente al Papa han tocado una fibra incluso entre algunos aliados de Trump. Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, calificó su ataque contra León como “inaceptable”.
Dentro de EEUU, la popularidad del Papa parece superar ampliamente la de Trump. Una encuesta de NBC News del mes pasado le otorgó una favorabilidad neta de 34 puntos, frente a una calificación de -12 para el Presidente en el mismo sondeo.
En esencia, dicen funcionarios del Vaticano, la preocupación de León respecto de Trump refleja una creciente división ideológica entre Washington y la Iglesia sobre el futuro del orden global y la legitimidad de la violencia como medio para resolver disputas.
“León no está atacando a un Presidente”, dice el padre Antonio Spadaro, subsecretario del dicasterio de Cultura y Educación del Vaticano. “El conflicto es el síntoma visible de una colisión mucho más profunda entre dos sistemas operativos incompatibles del mundo”.
La Santa Sede está alarmada por una política más teológica, agrega Spadaro, en la que “se recurre a Dios para bendecir a los fuertes”.
León también se ha sumado a críticos que consideran que el enfoque de la administración Trump en materia migratoria es cruel e injusto. “Alguien que dice: ‘Estoy en contra del aborto pero estoy de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en EEUU’, no sé si realmente es provida”, dijo el año pasado.
El clero católico en el corazón del movimiento Maga de Trump ha hecho declaraciones aún más duras. El obispo Anthony Taylor, de Little Rock, Arkansas, habló en enero de “paralelos evidentes” entre la Alemania de los años 30 y las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, su sigla en inglés).
Pero esta semana la confrontación alcanzó nuevos niveles. El lunes, Trump dijo a periodistas que no veía necesidad de disculparse con el papa, a quien responsabilizó por la disputa. “Él lo hizo público”, afirmó. “Yo solo estoy respondiendo”.
Horas después, Trump dijo a CBS News que el papa estaba “equivocado en los temas”, agregando: “No creo que deba involucrarse en política”.
Durante décadas han existido temores en EEUU respecto de la influencia de un papa católico en la política estadounidense, desde los tiempos fundacionales del país, creado por protestantes estrictos.
El tema era tan sensible que en una visita a la Santa Sede en 1963, John F. Kennedy —el primer presidente católico del país— evitó arrodillarse y besar el anillo papal.
Ese espectro de influencia papal había sido en gran medida ilusorio, pero ahora, quizás, ya no.
El llamado directo del Papa
La semana pasada León hizo un llamado sin precedentes a ciudadanos estadounidenses para que contactaran a sus representantes en el Congreso y se opusieran a los ataques de Trump contra Irán.
“Cuando un Papa invita a las personas a contactar a sus representantes políticos, el mensaje implícito es: ‘este es un Gobierno que no está actuando en interés del pueblo’”, dice Massimo Faggioli, profesor de teología e historia religiosa en Trinity College Dublin.
“Una de las condiciones para la aceptación de los católicos en el proyecto político estadounidense era que el Vaticano no interfiriera en la democracia estadounidense”, añade. “El papa cruzó esa línea… Está claramente tratando de influir en los votantes en EEUU”.
León —heredero de una tradición católica progresista comprometida con la justicia social— se ve a sí mismo como defensor de los ideales del orden multilateral promovido por EEUU tras la Segunda Guerra Mundial, según funcionarios del Vaticano.
Esto está en línea con la visión moderna del Vaticano de un catolicismo universalista, humano y compasivo que debe ponerse del lado de los débiles y coexistir pacíficamente con otras religiones y creencias.
Choque entre cristianismos
En contraste, Trump a veces parece anticipar un nuevo orden mundial en el que grandes potencias militares —como EEUU, China y Rusia— tienen sus propias esferas de influencia. En Washington, altos funcionarios utilizan retórica cristiana para legitimar ese enfoque, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, un cristiano evangélico criticado por rezar por “violencia abrumadora” y “objetivos justos” en la guerra con Irán.
“Hay un claro choque de civilizaciones entre tipos muy distintos de cristianismo”, dice Faggioli. “El papa León es el rostro de la resistencia contra la militarización” de la fe.
La disputa resulta especialmente incómoda para el vicepresidente JD Vance, quien se convirtió al catolicismo en 2019 y pronto publicará un libro sobre su fe.
Vance dijo esta semana estar “frustrado” porque algunos miembros del clero han “atacado sin piedad a la administración Trump en materia migratoria”, dada su visión —cuestionada— de que criminales peligrosos han aprovechado controles laxos para ingresar a EEUU. “¿Cómo es humano permitir que narcotraficantes y traficantes sexuales traigan niños pequeños a través de la frontera sur?”, preguntó.
El vicepresidente insiste en que la administración “respeta” al papa. En Fox News afirmó que es “positivo” que León “defienda lo que le importa”, calificando como “razonable” que Washington y la Iglesia católica “discrepen en cuestiones sustantivas de vez en cuando”.
Pero ha instado al Vaticano a “ceñirse a temas morales”. El miércoles añadió: “Así como es importante que el vicepresidente de EEUU sea cuidadoso al hablar de política pública, también es muy importante que el papa sea cuidadoso al hablar de teología”.
En respuesta, Spadaro señaló: “La cuestión de la guerra y la paz es un tema moral y parte integral de la doctrina de la Iglesia”.
El choque ideológico entre Pontífice y Presidente representa una batalla por la mente y el corazón de los cerca de 53 millones de católicos en EEUU, alrededor del 20% de la población adulta.
La cuestión electoral
Con el Partido Republicano de Trump buscando mantener el control de ambas cámaras del Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, la disputa podría tener efectos electorales.
Jones afirma que los católicos blancos no hispanos han sido “muy críticos para el éxito electoral” de Trump en estados clave del Medio Oeste como Pensilvania, Michigan, Ohio y Wisconsin.
Encuestas recientes sugieren que el apoyo a Trump entre católicos ya venía debilitándose antes de la guerra con Irán, en medio del rechazo a su política migratoria y una crisis de costo de vida impulsada por altos precios de la gasolina y fuertes aranceles.
Un sondeo de CBS News/YouGov de este mes mostró que el 54% de los católicos estadounidenses desaprueba la gestión de Trump, frente a un 46% que la aprueba. La mayoría también rechazaba la acción militar contra Irán.
El estudio encontró que la asistencia a la iglesia es clave: el 58% de quienes asisten semanalmente aprueban a Trump, frente al 42% entre quienes van menos.
Pero los comentarios de Trump sobre Irán han sacudido incluso a su base católica.
“Con todo respeto, creemos que el presidente Trump está equivocado al decir que el papa León no debería opinar sobre esto”, afirma John Yep, fundador de Catholics for Catholics, grupo conservador que ha apoyado a Trump.
“Eso es precisamente lo que debe hacer como vicario de Cristo. No es una figura política, pero sí un padre espiritual para millones”.
Yep añade: “Un católico o cristiano nunca debería dar su voto por garantizado. Si no hablas, corres el riesgo de caer en un culto”.
Antecedentes de la historia reciente
Durante gran parte del siglo XX, los votantes católicos se alinearon con el Partido Demócrata, pero giraron a la derecha en los años 80 con Ronald Reagan y el movimiento antiaborto, además del establecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
Washington y el Vaticano también colaboraron contra el comunismo, unidos por la defensa de la libertad religiosa. Juan Pablo II trabajó estrechamente con Reagan, especialmente en apoyo al movimiento Solidaridad en Polonia.
Pese a tensiones por la invasión a Irak en 2003, su sucesor Benedicto XVI encontró puntos en común con los republicanos sobre el islam radical y la secularización.
El discurso del catolicismo estadounidense también se ha desplazado hacia la derecha, con influyentes laicos financiando think tanks, medios y conferencias conservadoras.
Sin embargo, las tensiones con Washington aumentaron bajo el papa Francisco, un argentino con una marcada crítica a EEUU, que puso el foco en temas como el cambio climático y la deuda de países en desarrollo.
“Era visto como un papa sesgado contra los Yankees”, dice Massimo Franco, autor de Popes, Dollars and Wars. “Era fácil caricaturizar su postura”.
Eso es mucho más difícil con León, aficionado a los White Sox y a la pizza, oriundo del sur de Chicago.
Pese a su falta de religiosidad —bromeó que no “llegaría al cielo”—, Trump ha sido elogiado por muchos católicos por nombrar jueces conservadores, incluidos tres en la Corte Suprema que contribuyeron a revertir Roe vs Wade.
Criado como presbiteriano, hoy se identifica como cristiano no denominacional y ha rodeado su administración de evangélicos y católicos conservadores.
Pero en el Vaticano creen que la Iglesia estadounidense se ha alineado demasiado con el Partido Republicano. Figuras como el cardenal Timothy Dolan respaldaron públicamente a Trump frente a demócratas como Joe Biden.
León, como Francisco, busca alejar a la Iglesia de ese partidismo y de las guerras culturales, enfocándola en temas como la desigualdad económica.
Spadaro habla de “la posibilidad de que el catolicismo estadounidense se redescubra como Iglesia y no como tribu”.
El poder del papa sobre los católicos “confunde” a Trump, dice Christopher Hale, exasesor de Barack Obama. “Desafía completamente su visión del poder, porque no proviene de la fuerza, sino de la autoridad moral”.
Muchos cristianos también se sorprendieron por el uso de insultos de Trump en redes sociales en Pascua y por una imagen generada con IA donde aparecía como Jesús.
John Kenneth White, profesor de política, cree que el ataque a León podría volverse en contra del Presidente.
“Es políticamente torpe. No tiene sentido”, afirma. “Los católicos son un voto oscilante más frágil de lo que Trump cree”.
“El papa es ahora el estadounidense más importante en el escenario mundial”, añade. “Trump simplemente no lo soporta”.
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