La incredulidad del venezolano quedó derrumbada por el sonido ensordecedor de aviones y helicópteros militares acompañado de detonaciones, iluminando a una Caracas dormida a las 2:00 am, aproximadamente, del sábado 3 de enero de 2026. Una situación así no se vivía desde los motines civiles de finales de los '80 y el intento de golpe de Estado a principios de los '90, cuando Hugo Chávez -entonces comandante del Ejército- buscaba llegar al poder por la fuerza.
La capital Caracas, y otras localidades cercanas como La Guaira y los estados Miranda y Aragua, sufrieron daños estructurales por las bombas que caían de las unidades aéreas de las Fuerzas militares estadounidenses.
Los objetivos de esas municiones: zonas estratégicas, como aeropuertos, puertos e instalaciones militares. La razón: extraer a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, mientras dormían en una fortaleza que no sirvió de mucho. En poco tiempo estaban dentro de un helicóptero que tenía como destino el buque estadounidense USS Iwo Jima presente en aguas caribeñas, con el avión que los trasladaría de inmediato a Estados Unidos, a Nueva York específicamente, donde serán procesados, según ha anunciado el Presidente de ese país, Donald Trump.
Los teléfonos comenzaron a sonar: ¿Cómo están? ¿Escuchan los aviones? La casa vibró por completo con las detonaciones. Vemos humo, vemos fuego. Huele a quemado.
Esas palabras marcaron las primeras comunicaciones por grupos de WhatsApp y llamadas telefónicas que, paradójicamente y ante una circunstancia como esta, no colapsaron nunca. Algunas zonas presentaron fallas de energía eléctrica, de los servicios de Internet y de suministro de agua.
Poco después llegó la confirmación desde Washington: Nicolás Maduro, el hoy líder del proyecto chavista con más de 25 años en el poder, había sido capturado y extraído del país.
Entre declaraciones vagas y generalistas por parte del régimen venezolano, los ciudadanos salieron a las calles pero no a celebrar ni a condenar lo ocurrido. A tratar de abastecerse con alimentos, combustible y a registrar el ambiente en medio de la incertidumbre de lo que está por ocurrir.
Largas filas en las bencineras, supermercados, tiendas de abarrotes y farmacias empezaron a verse dentro y fuera de Caracas. Los pocos locales comerciales que han podido abrir sus puertas, ante la falta de personal para atender porque no está funcionando el transporte público, organizaron la atención de los clientes.

Entraban de a grupos para no saturar las cajas para pagar. La comida la han racionado, se pueden adquirir de a seis productos por persona. No ha habido sobre precio, pero sí hay temor de que el costo de hoy no sea el mismo de mañana cuando comiencen a escasear los artículos y el tipo de cambio se dispare.
Desde el oeste de Caracas, cerca de la casa presidencial, María Eugenia contó a DF que pasadas las 12.30, hora local, lograron recuperar las comunicaciones. "Hay muchas zonas de Caracas sin comunicación, sin luz y sin señal de teléfono".
"Acaba de llegar la luz. Desde aquí, veo la calle sola y negocios cerrados", señaló.
Su hija, al otro lado de la capital relató: "Estamos en tensa calma. No hay mayor noticia oficial, tratando de entender qué va a venir ahora. Toda la noche despierta".
Dueños de una cadena nacional de farmacias dijeron que no habían logrado abrir las sedes en Caracas: "Hay gente haciendo filas, pero no hay personal para abrir; no hay transporte".

Una periodista, corresponsal de CNN Internacional, añadió a la anécdota que los medios de comunicación no tienen mayor información. "No hay muchos canales transmitiendo. Lo poco que se ve es por la estación oficial. Somos pocos los que logramos reportear y con temor de movernos lejos de zonas seguras".
Dentro de Venezuela la situación es tensa. La celebración que se podría esperar por parte de los venezolanos dentro del territorio está llena aún de miedo, preocupación y expectativa. Todavía quedan en el poder maduristas y grupos irregulares que se saben armados. La cosa es distinta y hasta envidiable fuera de nuestras fronteras, quienes con más razón, han derramado lágrimas de alegría, dado abrazos de felicidad y han festejado por quienes siguen adentro.