A pesar del masivo despliegue logístico y técnico de la flota pesquera industrial de la Región del Biobío, las operaciones de búsqueda de cardúmenes de jurel en aguas de seis regiones del país, no han dado resultados positivos. La escasez del recurso mantiene las capturas industriales estancadas en un 30% de la cuota nacional anual, escenario que podría impactar severamente en el empleo que genera uno de los principales sectores productivos de la zona.
La tarea, coordinada por Pescadores Industriales del Biobío, movilizó a barcos de las principales compañías que capturan y procesan jurel, como Blumar, Camanchaca, Orizon y, de forma independiente, FoodCorp. Las labores de búsqueda incluyeron muestreo y análisis de la masa de agua, además de técnicas de observación lineal desde las zonas tradicionales de la Isla Santa María hasta la Región de Tarapacá, sin registrar indicios comerciales de la especie en alta mar.
“En la actualidad son 13 los barcos industriales buscando pesca: 4 al norte hacia Pichilemu y 9 hacia el sur en la zona de Quidico (…) sólo una embarcación realizó desembarque con jurel en la región, registrando 80 toneladas”, declararon desde el gremio.
De acuerdo a datos entregados por el gremio de la pesca industrial, tradicionalmente en este periodo del año, la cuota de captura bordeaba el 60%; sin embargo, la falta de biomasa con la talla disponible para su extracción, en aguas internacionales y de jurisdicción industrial presiona un ecosistema laboral altamente sensible en las comunas costeras.
Golpe al empleo
Macarena Cepeda, presindenta de Pescadores Industriales recordó que advirtió sobre la gravedad de la situación actual y los esfuerzos por mitigar la crisis laboral, señalando que “cerca de 3.500 empleos dependen de manera directa de la actividad del jurel (el 50% de ellos son mano de obra femenina), más cientos de pymes que trabajan exclusivamente con la pesca industrial”. En esa línea, enfatizó que el escenario ha obligado a duplicar los esfuerzos para no afectar la empleabilidad en una región que ya está golpeado por un 10% en la tasa de desocupación.
Es por eso que “estamos trabajando de manera muy coordinada con la Subsecretaría de Pesca, con Sernapesca, con la Universidad de Concepción y con el Instituto de Investigación Pesquera para, a través de la mejor información científica disponible, ir en la búsqueda del jurel y ver si esas apariciones de pulsos que ha habido dentro de las 5 millas, donde opera la pesca artesanal, permiten de alguna manera -no retomar la normalidad de nuestros procesos- pero sí que, a lo menos, junio y julio sean meses más activos.”, detalló Cepeda.
Sector artesanal
Una realidad distinta es la que vive el mundo pesquero artesanal. Cristián Arancibia, presidente de la Federación Regional de Pescadores Artesanales (Ferepa) Biobío, comentó la actividad continúa desarrollándose dentro de parámetros normales para esta temporada. “A la fecha, la cuota histórica de captura ya fue completada, equivalente a cerca de 30 mil toneladas, y actualmente existe un desembarque aproximado de 14 mil toneladas correspondientes a la cuota regional de uso común, derivada del aumento generado por la Ley de Fraccionamiento”, comentó.
Arancibia confirmó que la mayor parte “está siendo desembarcada y procesada por la industria pesquera regional, lo que además contribuye a mitigar parcialmente la situación económica que atraviesa dicho sector”.
Aunque las plantas industriales han recibido unas 45 mil toneladas de jurel capturadas por pescadores artesanales mediante acuerdos comerciales, este volumen resulta insuficiente para estabilizar el ritmo industrial. “El Jurel adulto o en condiciones de captura no está mar adentro, sólo el sector artesanal ha observado pulsiones de pesca de buena talla dentro de las 5 millas y en zonas muy acotadas, cerca de la Isla Santa María y Lebu”, explicó Macarena Cepeda, quien añadió que la materia prima artesanal no ha podido ser destinada a las líneas de producción de consumo humano, alterando el flujo normal de las plantas de congelados y conservas.
Fraccionamiento
El panorama sectorial se complejiza aún más por factores regulatorios recientes, como la Ley de Fraccionamiento, que redujo las cuotas globales de captura para el sector de la pesca industrial en beneficio del artesanal. Esta disminución de saldos históricos coincide con el actual bache biológico en alta mar, profundizando el impacto financiero sobre las compañías pesqueras y sus proveedores integrados.
“Tenemos un escenario productivo y empresarial muy complejo, pues además todas nuestras cuotas de captura fueron disminuidas por la Ley de Fraccionamiento. Sabemos que el doloroso impacto que estamos sufriendo ya se está comenzado a sentir en las actividades económicas ligadas a nuestro quehacer, cosa que lamentamos mucho. Si bien hemos visto algunos brotes verdes, esperamos que el jurel pueda volver a aparecer y comenzar a trabajar en beneficio de todos quienes dependemos de esta actividad”, concluyó la dirigenta industrial.
Al respecto, desde Ferepa, Arancibia plantea que es “preocupante instalar una narrativa orientada a justificar mayores apoyos hacia la industria, especialmente en el contexto de los efectos del fraccionamiento en favor de la pesca artesanal y frente a iniciativas legislativas como la impulsada por el senador Gastón Saavedra respecto a la apertura de la captura de la jibia con cerco y arrastre”.
Bajo esta perspectiva es que consideran apresurado hablar de una crisis estructural asociada a la ausencia de jurel en las costas del Biobío. “Se debe considerar que la industria pesquera opera sobre todo el litoral nacional y posee capacidad extractiva más allá de nuestra región”, dijo sobre la disponibilidad del recurso.
Manejo sustentable
Pese a la complejidad por la que la industria atraviesa, desde Pescadores Industriales enfatizaron que los estándares productivos y de sustentabilidad biológica del recurso se mantendrán, apelando a no extraer ejemplares fuera del peso y talla normados.
“La protección del jurel y su manejo adecuado es un elemento que ha posicionado a Chile en todo el mundo como ejemplo de manejo responsable. Pescar tallas juveniles atenta contra este equilibrio, compromete la sostenibilidad futura del recurso y pone en riesgo un modelo de administración pesquera reconocido internacionalmente”, puntualizó Macarena Cepeda.