El Super Bowl LX, que se jugará el domingo 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, no será solo la final de la NFL entre Seattle Seahawks y New England Patriots. Será, otra vez, uno de los mayores espectáculos televisivos del mundo, con una audiencia global que supera los 100 millones de personas.
El show de medio tiempo estará a cargo de Bad Bunny, que fue elegido por la NFL y Apple Music -patrocinador oficial desde 2023- siendo el primer artista latino e hispanohablante en solitario en hacerlo. La decisión no fue casual, la liga buscaría consolidar su expansión internacional y reforzar su conexión con la audiencia latina, hoy una de las más relevantes en consumo deportivo. 8.000 personas participaron en la producción en la presentación del puertorriqueño que duraría de 12 a 15 minutos.
La noche tendrá más música además del medio tiempo: Green Day participará en la apertura, Charlie Puth cantará el himno nacional y habrá presentaciones especiales durante la ceremonia.
El cantante llega en el punto más alto de su carrera, tras ganar el Grammy 2026 al Álbum del Año, por su disco DeBÍ TiRAR MáS FOTos. En esa misma ceremonia, al recibir el premio el artista mando un mensaje directo contra la política migratoria de Estados Unidos y el rol del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas: “Fuera ICE. No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”, dijo textual desde el escenario.
La reacción desde el mundo MAGA no tardó. El asesor Corey Lewandowski afirmó que era “vergonzoso” que se eligiera a alguien para el Super Bowl “que parece odiar a Estados Unidos”. El propio Trump, según medios estadounidenses, dijo que no asistiría al partido y se definió como “anti-ellos” al referirse a Bad Bunny y a los otros artistas del show.
Incluso, grupos como Turning Point USA han lanzado el “All-American Halftime Show” alternativo con artistas como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett, como contraprogramación al espectáculo oficial, algo que nunca antes había ocurrido. Además, más de 100.000 personas firmaron una campaña en Change.org en Estados Unidos para reemplazar al puertorriqueño, a George Strait como sustituto.
En medio de toda esta polémica, se espera que el Super Bowl vuelva a romper récords publicitarios: cerca de 150 marcas tendrán presencia durante la transmisión en Estados Unidos y un aviso de 30 segundos cuesta en promedio entre 8 y 10 millones de dólares, sin considerar los gastos de producción. Se espera que la audiencia sea mayor a los 127,7 millones de espectadores del año pasado. En esa vitrina, las marcas vuelven a apostar por las celebridades: Pringles, por ejemplo, contará con la actuación de Sabrina Carpenter; Uber Eats reunirá a Bradley Cooper con Matthew McConaughey y Squarespace tendrá como rostro a Emma Stone, entre muchos más.
En nuestro país, el partido podrá verse en vivo por ESPN y vía streaming, con inicio cerca de las 20:30 horas, incluyendo el show de medio tiempo.