Fue la noticia de la semana para Estados Unidos. El pasado domingo por la noche, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (Fed), informó que el Departamento de Justicia entregó citaciones al banco central y amenazó con una posible acusación penal vinculada a su previo testimonio ante el Congreso sobre la renovación de los edificios del organismo.
Este hecho, en opinión de Powell, es solo un “pretexto” de la Casa Blanca para ampliar el control político sobre la Fed, el banco central de referencia para los mercados financieros de todo el mundo. Esto hace que, a juicio de Powell, se active un ataque más a la independencia de la Reserva Federal por parte de Donald Trump, una autoridad que lleva años criticando el actuar de este organismo. El hecho generó todo tipo de reacciones políticas y distintas críticas a la administración republicana, tanto de compañeros de su propio partido como de los demócratas.
Y otra reacción fue, claro, de los mercados. Si bien el ruido institucional suele ser veneno para la renta variable, los principales índices el lunes experimentaron ganancias, aunque los bancos sufrieron pérdidas, como JP Morgan, Wells Fargo y Bank of America. Algo similar ocurrió con las instituciones de tarjetas de crédito, como Capital One y American Express.
Pero más allá de este nerviosismo en el sector financiero, empezó a discutirse una tendencia que reaviva temores pasados y que tiene un nombre inquietante: Sell America (vender Estados Unidos). Se trata de una tendencia que nació en la primavera pasada —luego del anuncio de aranceles masivos por parte de EE.UU. a cientos de países—, y que se basó en la venta, en masa, de activos y bonos estadounidenses, además del dólar norteamericano.
De hecho, el lunes el dólar cayó un 0,25% frente a las divisas extranjeras, y los inversores vendieron bonos del Estado, lo que provocó que los rendimientos alcanzaran brevemente su nivel más alto desde septiembre. En paralelo, subieron los activos refugio: el oro creció 2% y la plata cerca del 6%.
Entonces, ¿habrá de nuevo un Sell América? ¿O estamos ante un gallito político que el mercado ya aprendió a digerir como parte del paisaje?
Por qué es importante
Después del Liberation Day de 2025, Moody’s rebajó la calificación crediticia de EEUU, pero afirmó que, de todas formas, mantenía una “perspectiva estable” para la economía estadounidense, gracias, en parte, al trabajo de la Reserva Federal.
Pero ahora, eso está en cuestión, a ojos de muchos en el mercado.
“La disposición a utilizar citaciones penales para presionar a la Reserva Federal hará que al próximo presidente le resulte aún más difícil convencer a los mercados y al público de su propia independencia tecnocrática, lo que dificultará el control de la inflación y las expectativas inflacionistas”, escribió Krishna Guha, de Evercore ISI, a sus clientes el lunes.
Para Emanoelle Santos, analista de XTB Latam, el actual enfrentamiento entre la Casa Blanca y la Reserva Federal “trasciende el ruido mediático cíclico para convertirse en un catalizador con bases estructurales, ya que el mercado está comenzando a descontar el fin de la excepcionalidad institucional estadounidense”.
Santos lo explica: “A diferencia de episodios anteriores en los que los ataques de Trump se percibían como retórica electoral, la actual ofensiva judicial contra Powell y la intención explícita de intervenir en la fijación de tipos han erosionado la confianza de los grandes tenedores de bonos extranjeros, quienes ahora exigen una prima de riesgo mayor debido a la incertidumbre regulatoria”.
“Aunque es probable que veamos rebotes técnicos motivados por la robustez del consumo interno, la tendencia de fondo sugiere una salida de capitales hacia activos que no dependan del ciclo político de Washington, consolidando un cambio de guardia en la dominancia de Wall Street a nivel global”.
Eso sí, el experto lanza una advertencia: “Si la autonomía de la Reserva Federal se ve finalmente comprometida por una dirección supeditada a los intereses del Tesoro, el sector bancario se enfrenta a un escenario de castigo prolongado debido a la destrucción de la previsibilidad en los márgenes de intermediación. Una banca que pierde el anclaje a una política monetaria independiente queda expuesta a la volatilidad de tipos dictados por el ciclo político, lo que incrementa el costo de capital y presiona a la baja las valoraciones de los gigantes financieros que ya lidian con propuestas de topes a las tasas de crédito”.
Y remata: “Si el mercado percibe que la Fed se convierte en un brazo financiero del gobierno para monetizar la deuda, la banca estadounidense sufrirá un ajuste de múltiplos que reflejará su transformación desde un sector estratégico a uno bajo control estatal, limitando su capacidad de competir en el escenario financiero internacional”.