Vanessa Font se llama su personaje. Es la madre de un joven penquista que sale una noche a una discoteque y no vuelve más. La historia de una mujer que mueve cielo, mar y tierra para encontrar a su hijo.
Toda similitud con la vida real es evidente porque Alguien tiene que saber se inspira en el caso de Jorge Matute Johns, que a fines de los ‘90 conmocionó a la opinión pública. La serie de ocho capítulos es una producción de Fabula, dirigida por Pepa San Martín y Fernando Guzzoni. El guion fue escrito por un equipo dirigido por Rodrigo Fluxá, Pablo Manzi y Carla Stagno. La dirección de fotografía estuvo a cargo de Benjamín Echazarreta y Mauricio Veloso. La serie se filmó en 2024 entre Santiago (los interiores) y Concepción, donde el equipo se instaló un par de meses.
Paulina García cuenta que primero participó en el casting para interpretar a otro personaje de la serie, pero esa audición la llevó a convertirse en la protagonista, interpretando a la madre que se basa en María Teresa Johns. “El caso lo tenía fresco en la memoria, impactó bastante y las noticias constantes nos permitieron hacer una investigación muy apegada a la información”, dice Paly.
- ¿Cómo te preparaste para un personaje así? ¿Tuviste que trabajar especialmente la empatía?
- El trabajo fue muy responsable en ese sentido. Había una producción alineada con los actores y en particular con mi personaje. Fueron muy cuidadosos y delicados. El guion está muy bien escrito, eso me permitió hacer un viaje apegado al texto, más que a lo que pudo haber ocurrido realmente. Esto es una ficción. Y la serie presenta un arco dramático que permite elaborar un personaje sensible, conmovido por una tragedia inesperada. Vanessa va transformando su vida y su alrededor. Y tomé inspiraciones, porque mujeres que han perdido seres queridos y que no los han vuelto a ver en este país, desgraciadamente hay muchas. Entonces tenía referentes que me permitían encontrar el movimiento interior.
- ¿Como mamá trataste de imaginarte qué te habría pasado en una situación así?
- Sí, claro. Siempre hay un “¿y si me pasa a mí?”. Pero me gusta más trabajar con lo que he visto en otros. Cómo han reaccionado y cómo lo recuerdo porque me han conmovido. En esta serie hay una madre que busca primero a un hijo vivo hasta que años después encuentran sus restos. Todo ese tiempo le permiten ir decantando una realidad y eso va creando un peso.
- Inevitablemente cuando hay producciones inspiradas en la vida real, aunque sea ficción, se generan reacciones. ¿Qué te gustaría que trascienda con esta serie?
- Varias cosas. Que es una serie de fabricación nacional con un grupo de creadores sumamente comprometidos desde la primera idea hasta el último día. Con actores tan extraordinarios como Gabriel Cañas, Alfredo Castro, María Izquierdo, Lucas Sáez, Felipe Rojas, entre otros. Espero que la gente sienta que le pertenece. Por otro lado, se muestra una ciudad como es Concepción y sus alrededores. Los gringos son expertos en mostrar su país y creo que las producciones que se están haciendo en Chile, lo han comprendido bien. Y por otro lado, el nivel de producción; es un trabajo de alta calidad, que tiene una propuesta bien notable en todo sentido, visual, actoral, rítmica, de edición. Quiero que la gente la disfrute, la valore y que eso ocurra también internacionalmente, que podamos posicionarnos.
El salto glorioso
Su carrera como actriz durante la última década incluye producciones en Argentina, Perú, Panamá, Colombia, México, Uruguay, Costa Rica. Un salto definitivo que se produjo tras el éxito de Gloria (2013), cinta dirigida por Sebastián Lelio que incluso tuvo un remake estadounidense protagonizado por Julianne Moore.
“Gloria me puso en la palestra internacional, me abrió caminos inmediatamente. Y me puso también en Narcos, que fue otro hito”, repasa. “Ha sido alucinante porque un día estoy grabando en Panamá, otro día en Colombia, en Costa Rica. O en Perú, Argentina, Uruguay. Me ha permitido moverme”, señala.
La actriz confidencia que antes no era tan buena para viajar, pero que ahora lo disfruta más. “No era de esas personas que tienen la ansiedad del viaje. Al contrario, me produce un poquito de angustia al comienzo. Empiezo a dormir menos, me despierto súper temprano y digo: ‘¡Oh, perdí el avión!’. Pero lo disfruto harto cuando estoy allá. Porque trabajar con otras maneras de producir, con otros lenguajes, con otros directores y directoras, te pone en un estado de alerta fundamental para la actuación y para buscar que la verdad aparezca”, relata Paulina.
- Volviendo a Gloria, ¿cómo te explicas, con la perspectiva del tiempo, que una película que muestra las vivencias de una mujer madura haya enganchado de esa manera con la audiencia?
- La otra vez hablábamos con Sebastián (Lelio) de la vigencia que tiene la película y él me decía: “Tengo la impresión de que hicimos un clásico”. Cuando la filmamos fue con la urgencia del tiempo que teníamos, la plata y las capacidades de ese momento. Pero creo que lo hicimos con honestidad y la relación actriz-director fluyó. Eso se traduce en la película sin ninguna pretensión más que contar una historia sincera. Y la ha mantenido 13 años viva.
- ¿Algo de Gloria se quedó en ti?
- Inevitable. Pero más bien creo que yo le puse ene a Gloria. Hay un director inglés que dice que Hamlet no aparece hasta que aparece el actor y Gloria aparece cuando aparece mi persona. Me resulta difícil separar cuánto de mí, cuánto de ella.
Paulina también interpretó a Hermilda Gaviria, la madre de Pablo Escobar, en las temporadas 1 y 2 de Narcos (2015). “Fue muy emocionante, me avisaron como del lunes para el martes. Agarré mis pilchas y me fui. ¿Qué iba a pensar? Estaba en una producción con José Padilha y Wagner Moura. Recuerdo que ese día no pasé por el hotel, llegué al rodaje directamente y me bajo de la van y viene Wagner (Moura) caminando con Pedro Pascal, y Wagner me abraza, me levanta en el aire y me dice: ‘Qué maravilla, qué emoción trabajar contigo’. Y coincidió que conozco bien a la familia de Pedro Pascal y en ese momento le hacía clases de teatro a su hermana Lux, entonces fue muy cariñoso. Luego llegó el director y dijo: ‘A ver, paremos un momento, ha llegado Paulina García’, descorcharon un vino chileno y le sirvieron un dedalito a cada uno. Yo estaba con la boca abierta. Venía del teatro esforzado, arrastrando trastes para allá y para acá, tratando de hacer coincidir horarios… y aterricé como estrella”, cuenta riendo.

El año pasado participó en tres películas y una serie que se encuentran en distintas etapas de postproducción o prontas a estrenarse. Una es Cuánto me quieres, de la directora peruana Camila Zabala. Otra es una producción de Costa Rica que se grabó en la zona de los palmares. “Amor es el monstruo, una película distópica donde sólo quedan mujeres. Y una abuela que pierde su nieta”, adelanta. También grabó Que se acabe todo, película de Moisés Sepúlveda sobre el caso La Polar donde también actúan Francisco Melo y Benjamín Vicuña.
Y participó en una serie, rodada en Uruguay, que se basa en la novela Catedrales de Claudia Piñeiro y cuenta con un importante elenco nacional. Por estos días viaja a Guadalajara para participar como jurado en el festival de cine de esa localidad y después irá a Canadá a filmar otra película.
“Esta semana fui a ver a Edith Fischer, eximia pianista chilena de 91 años y la vi tocar como si tuviera 15. Tocaba Beethoven, que es muy difícil. Dije: ‘quiero llegar con ese entusiasmo’. A los 91 pararme con esa vitalidad. Sentir que puedo saltar de energía actoral, de alegría de estar en el escenario, en el plató”, proyecta.
Aquí puedes ver y escuchar la conversación completa con Paulina García en Fuera de libreto, un podcast de DF MAS.