Cardenal Fernando Chomali: “Yo no me caso con ningún gobierno”
El arzobispo de Santiago viene llegando de una segunda reunión con el papa en Roma. Aunque insiste que no es comentarista político, aborda su relación con el Presidente José Antonio Kast, se refiere a la participación de su hermana May en el gobierno, y asegura: “Si alguien dijera que soy anti empresarios está equivocado. Eso sí, evidentemente, si tengo que jugármela por alguien, me lo voy a jugar siempre por el más débil, que son los trabajadores”.
Por: María José Gutiérrez
Publicado: Sábado 11 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Esta entrevista con el cardenal Fernando Chomali se pidió hace poco más de un mes, en los días que el Papa León XIV publicó su primera -y destacada- enclíclica Magnifica Humanitas, donde llamó a “desarmar” la IA y quitarle su rol como instrumento de poder económico y militar para que no se le permita dominar a la humanidad.
Pero los tiempos de Dios no son los mismos de los humanos.
Finalmente se concretó. Y aquí estamos, el martes 7 de julio, iniciando una conversación de una hora en la oficina del arzobispo de Santiago, en plena Plaza de Armas, para luego dirigirnos a la incendiada-tantas-veces Iglesia de San Francisco de Borja, emblema de la destrucción del 18-O, que la máxima autoridad eclesiastica del país pretende restaurar. Para ello, está creando una fundación que levantará los cerca de $ 6 mil millones que cuesta construir el nuevo Santuario de Nuestra Señora de Fátima que será diseñado en un concurso público de arquitectura.
Arzobispo de Santiago desde 2024 y cardenal desde 2025, Fernando Chomali Garib ha devuelto a la Iglesia la voz que había perdido -o sumergido- en los últimos años tras los escándalos de abuso sexual. Habla fuerte. Postea a diario. Escribe muchas cartas -mientras pedalea en la bicicleta que tiene suspendida en un rodillo conectada a su escritorio-. Ya no pinta tanto como quisiera (pero sí crea cuadros en su mente, dirá), ni toca la guitarra clásica que estudió en sus años de juventud antes de decidirse por Ingeniería Civil.
- A cuatro meses de instalado el Gobierno, ¿Chile está mejor o peor?
- Juzgar un Gobierno en cuatro meses es bastante superficial. Lo que sí creo es que en el Gobierno hay una muy buena intención de base. Yo no puedo poner en duda eso y tampoco puedo poner en duda que hay focos en los cuales claramente han tomado la responsabilidad que corresponde: la seguridad y el desempleo. Y creo que el mundo empresarial quiere colaborar y eso lo encuentro bueno. O sea, hay un grupo de ministros que están destrabando proyectos, me parece muy positivo. Pero igual siempre voy a tener un dejo de tristeza, en el sentido de esforzarse demasiado por un desarrollo económico sin que vaya de la mano un desarrollo espiritual, un desarrollo social, un desarrollo más integral.
- Usted ha dicho que “mientras no haya justicia social, la democracia va a ser imperfecta”. ¿Cree que el modelo económico que tiene Chile, que está -quizás- profundizando este Gobierno, va en la línea correcta?
- El modelo económico es muy perfectible porque en la práctica gira en torno al consumo, al lucro y a la competencia. Y una sociedad que gira en torno la competencia, al lucro y al consumo no tiene futuro.
- ¿Cuál es la alternativa?
- Vamos formando a los niños desde muy chicos a competir como la razón de ser de la vida y dejar de lado a la gente con menos posibilidades. Yo pienso que el Estado tiene que asumir un rol mucho más activo. De hecho, Juan Pablo II hablaba del Estado como un empresario indirecto, de tal manera que el desarrollo llegue efectivamente a todos, de la mejor forma posible y la manera más equitativa, cosa que no ha pasado en Chile.
- ¿Qué le parece la rebaja de impuestos que plantea el Gobierno?
- Son temas técnicos en los cuales no me meto. No tengo las competencias para decir si va a tener un efecto o no en la reactivación.
- Pero estudió Ingeniería, algo entiende...
- A ver, lo que creo es que las personas quieren ver que los impuestos efectivamente tienen un impacto en la sociedad, en los ámbitos que tienen que ver con la equidad, con la justicia, con la repartición de los bienes. Porque a mucha gente le molesta o tiene la sensación de que aumentan los impuestos, pero las cosas siguen igual. Desde ese punto de vista yo pienso que ha sido muy doloroso para el país ver la corrupción que es bastante más generalizada de lo que pensábamos.
- ¿La corrupción se agravó en los últimos años?
- Pienso que pasó una cosa muy seria: que la experiencia ética, moral, la pregunta sobre el sentido, ha quedado muy relegada respecto de la pregunta de cómo obtener recursos. Aquí hay un problema filosófico muy serio y es que el dinero es el resultado del trabajo bien hecho. Yo me alegro mucho cuando una persona trabaja, le va bien y tiene recursos para tener una casa, vivir, etc. Nadie puede negarse a eso, porque además los seres humanos estamos llamados a vivir con el trabajo, con el sudor de nuestra frente. Lo que pasa es que el dinero se convierte en un fin en sí mismo. Y cuando se convierte en un fin en sí mismo, da lo mismo cómo tú lo logras. Y eso es desastroso.
- Johannes Kaiser dijo: “Gobernabilidad no significa llegar a acuerdos. Significa que el poder político y democrático que uno recibe, lo implementa y lo utiliza para avanzar una agenda. La definición de poder no es acordar”. ¿Qué le parece ese estilo?
- Yo no soy comentarista de los políticos... Pero, a ver: la política tiene por misión velar por el bien común. Por eso Santo Tomás decía que una de las más altas y nobles tareas de un ser humano es dedicarse a la política. El poder tiene sentido cuando adquiere autoridad. Y la autoridad es una autoridad moral que se gana sirviendo. Lo otro interesante es que los seres humanos somos por naturaleza imperfectos y necesitamos de los otros. Nadie tiene 100% la razón y nadie está 100% equivocado. Entre todos tenemos que llegar a consensos, dialogar y tener algunas bases firmes para ponernos de acuerdo. Y la primera base firme es si una política pública ayuda y beneficia al más pobre o no. La segunda es que tiene que estar pensado no solamente en el hoy, sino que en el mediano y largo plazo. Y en ese sentido hace falta una mirada mucho más amplia de lo que está pasando. Por ejemplo, el tema de la natalidad hay que mirarlo a 50 años y hay que abrirse a políticas migratorias muy distintas a la que hay actualmente. Tenemos que pensar el impacto que va a tener, por ejemplo, la IA. Me junté con 150 sindicalistas en una reunión de dos horas. Los convoqué para decirles que era fundamental que se juntaran con las empresas, con el Gobierno, que nosotros podíamos participar y ver de qué manera se le va a dar empleabilidad a miles de trabajadores que van a quedar sin trabajo por la IA.
- ¿Echa de menos algún gobierno? ¿La Concertación?
- No, yo tengo una visión desde la historia especial. Yo pienso que todo es perfectible, pero el hecho que los gobiernos sean entregados ya es un buen signo, que la gente vaya a votar, que se sepan los resultados en algunas horas, etc. Pero todo gobierno tiene su aspecto positivo y negativo. Y yo, francamente, no me caso con ningún gobierno.
- Usted defiende la migración. ¿Qué le parece, por ejemplo, la zanja del norte?
- Es un tema que hay que mirar con mucha mayor profundidad, cosa que se lo hemos dicho al Presidente de manera respetuosa, a modo personal y también la Conferencia Episcopal. Por dos razones. Una, porque el aporte que hacen los migrantes en Chile es enorme desde el punto de vista profesional, económico, espiritual. Con los serios problemas de natalidad que tenemos, a los migrantes los vamos a necesitar. Y en segundo lugar, somos todos hijos de Dios. Yo pienso en una lectura de mayor misericordia respecto de muchos de ellos.
- ¿Pero qué pasa con los que llegan irregulares, con las mafias, los carteles que son también parte también de la migración?
- Lo mismo podrían decir en Europa y de Estados Unidos respecto a los chilenos que son carteristas. Y nadie podría pensar que todos los chilenos que están en Europa y en EEUU son carteristas. Yo creo que no se puede generalizar. Un delincuente es un delincuente y en un Estado de Derecho tiene que ser perseguido como cualquiera, tiene que tener un juicio justo e ir a la cárcel si corresponde. Pero intentar generar una duda, porque además la gran mayoría de los delitos que se cometen en Chile -y eso lo vimos en la cuenta pública de la PDI- son de chilenos. Creo que ha faltado mayor honestidad intelectual para mirar este fenómeno de manera más amplia. Y en mi opinión, el aspecto de la misericordia respecto de gente que tuvo que salir porque no tenían qué comer, porque vieron amenazada su vida, implica un compromiso hacia ellos, que creo que estamos bastante ausentes. Pero debo decir también que he visto un cambio en el Gobierno, pienso que ha comprendido con mayor profundidad que hay que mirarlo con más atención.
- Por lo pronto Kast dijo que era una metáfora, o una hipérbole, lo de echar a los 300 mil migrantes.
- Sí, por ejemplo.
- ¿Es cercano a Kast?
- Lo conozco de mucho tiempo porque él siempre ha estado en la arena política. Tuvimos una cercanía tal vez por su hermano, que era sacerdote y que dejó el ministerio, lamentablemente. Evidentemente que lo respeto como Presidente de la República. Y le dije lo mismo que le dije a Boric: que nosotros siempre vamos a colaborar con el Estado. O sea, hay separación, Iglesia-Estado, somos muy libres en eso, pero siempre vamos a colaborar con el Estado en todo lo que sea bueno, justo.
- ¿Le ha tocado ir a reuniones a La Moneda, o almorzar con él?
- Sí, he estado almorzando con él en La Moneda.
- ¿Lo hizo alguna vez con Boric?
- Mira, Boric tuvo un cambio. Al principio con la Iglesia fue tremendamente indiferente. Pero después cambió. Me invitó dos veces a La Moneda a conversar personalmente con él y teníamos elementos en los cuales no teníamos nada que ver, sobre todos los temas que tienen que ver con el aborto, la eutanasia. Pero había una cierta afinidad en los temas que tenían que ver con la justicia social. Con el Presidente Kast evidentemente que hay sintonía en el sentido valórico, pero nosotros siempre vamos a cuidar nuestra independencia cuando se trata de custodiar la dignidad de la persona humana.
- Más allá de esa afinidad valórica con Kast, ¿hay algo que le inquiete de él o su gobierno?
- Es que no me corresponde opinar sobre el Gobierno. Quiero que tomen medidas muy bien pensadas, prudentemente. Y creo que en eso hay un gabinete serio, responsable.
- Una doctora Chomali, por ejemplo.
- Bueno, nos separamos muy bien las aguas (ríe).
- ¿Le sorprendió que nombraran a su hermana May ministra en Salud? Ella no es de derecha…
- Mi hermana es una médico. Punto. Nunca ha estado en un partido político, no tiene ningún amigo político. No conoce a ningún político. Yo pienso que buscaron a una persona muy competente en la materia. Y creo que llegaron a la persona justa. Porque ella conoce el servicio público, estuvo en el servicio privado, es una gran epidemióloga, profesora universitaria. A ella la buscaron, y ella está prestando un servicio con mucha sencillez, con lo que sabe... pero no es del mundo político.
Su relación con los empresarios
El cardenal cuenta que está entrenando para correr 10K. Para eso trota cerca de 8 kilómetros diarios en las mañanas mientras escucha noticias. “Yo soy deportista, toda mi vida. Ahora ya más caminando rápido, si voy a cumplir 70 años”, dice. Por lo mismo, ahora trata de evitar las hamburguesas y las pizzas.
Por su cargo de arzobispo le pasan una casa -que compró hace 70 años el cardenal Raúl Silva Henríquez-, le pagan la comida y le dan un “aporte” de $ 600 mil al mes -“no me dan un sueldo, yo no tengo un contrato de trabajo”, explica-, del cual muchas veces le sobra. “Yo estoy en Fonasa, tengo una vida muy sencilla, pero siempre digo que cualquier chileno desearía tener lo que yo tengo: casa, comida y un poco de plata para moverse. Pero tampoco necesito más”, dice.
- Coincidió con Alfredo Moreno en la UC, trabajó con Manuel Pellegrini. ¿Cómo es su relación con ese mundo empresarial? ¿Son sus amigos?
- Son personas muy valiosas, personas trabajadoras que han generado empresas. Yo también he generado empresas en Concepción: una lavandería y una cafetería. E implica mucho trabajo, mucho talento, mucha dedicación. Yo los admiro en eso. Desde ese punto de vista, ojalá tuviésemos más empresarios. Y creo que han cambiado también positivamente, en el sentido de que se dan cuenta que están mucho más insertos en la sociedad: se juntan, tienen gremios. Creo que hay un interés real por las personas y un interés real por el crecimiento del país innegable. Y de hecho me invitan mucho. Voy a Icare la próxima semana a hablar de IA… Lo que pasa que yo le agrego un ingrediente que está ausente en el modelo económico, no en ellos; y si está presente en ellos, es de modo más individual. Entonces yo trato de hacerles ver que la fe es un tema de una dimensión social. Pero si alguien dijera que yo soy anti empresas o anti empresarios está equivocado. Eso sí, evidentemente, si tengo que jugármela por alguien, me lo voy a jugar siempre por el más débil, que son los trabajadores. Yo no me pierdo en eso. Y ellos lo saben.
- ¿Pensó alguna vez en ser empresario?
- No, primero soñé con ser músico y estudié en la escuela de música cuatro años. Después, terminando Ingeniería, entré a Arquitectura. Miré, soy curioso. Y después terminé Ingeniería. Y de ahí entré al seminario y encontré lo que andaba buscando: una entrega a los demás.
- ¿Y cómo llegó a eso?
- Bueno, preguntarse por el sentido de la vida, qué quiere Dios de mí. Yo provengo de una familia católica, no practicante como yo quisiera, pero vi buenos ejemplos de sacerdotes entregados. Y ha sido un camino hermoso y difícil, como todos los caminos: los de los casados, de los adolescentes, de los adultos mayores. Yo no tengo una visión idealista de la vida. Tengo una visión de la vida como un drama. Y vivo ese drama como persona. Oye, si dos más dos son cinco, no son cuatro. Hay gente que cree tener todo ordenado en la vida y no es así.
El Papa
Chomali viene llegando del Vaticano. Es la segunda vez que se reúne con León XIV este año. Cuenta que durante el consistorio hablaron sobre los distintos temas que le inquietan a la Iglesia: la inclusión de las tecnologías, la guerra, la violencia, los jóvenes, la inestabilidad política. Y agrega que lo han invitado de muchas partes a hablar de la encíclica del Papa. Su rol, dice, es darla a conocer “y ver de qué manera toda la sociedad se hace cargo de ella para no perder lo propiamente nuestro que es nuestra humanidad, que tiene que ver con nuestra verdad, con la libertad, con la posibilidad de elección. Que no haya un poder supra humano que nos manipule”.
- Que justo hayan elegido a un Papa norteamericano que puede hacer el peso de igual a igual a Donald Trump, ¿lo ve como una inspiración divina?
- No, para nada. El Papa, su formación religiosa es más bien latina y él conoce muy bien el mundo que conozco yo de las parroquias, de la gente más humilde. Por lo tanto, él no tiene la impronta de venir de un país súper desarrollado ni mucho menos.
- ¿Hay posibilidades de que el Papa venga a Chile aprovechando su visita a Perú? ¿Esa gestión la tiene que hacer usted, o el Gobierno?
- El Gobierno tiene que hacerlo, pero nosotros como comité permanente lo invitamos formalmente en octubre. Pero eso depende de ellos.
- Usted ha dicho con bastante seguridad que no va a ser Papa. ¿Por qué lo tiene tan descartado?
- Yo le deseo al Papa muchos años, es un gran pontífice que nos ha regalado Dios sin lugar a dudas. Y yo tengo la misma edad de él.
- ¿Pero no es un gran sueño para un cardenal?
- Mi meta es tratar de ser feliz. Y es la meta que tiene todo ser humano: tener una vida buena de servir a la gente. O sea, ya estoy muy limitado como cardenal, imagínate como Papa...
- ¿Qué es lo que lo limita?
- Todo lo que yo digo, todo lo que yo hago, la gente se fija, lo publica.
- Pero también ha sido parte de su estilo. Tiene redes sociales, es súper activo políticamente, no partidista, pero se contacta con los empresarios, hace llamadas cuando se necesita…
- Mando un tuit todas las mañanas a las 6:00, ¿qué importa? Y llamo poco...
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