La académica chilena que lucha para cerrar la brecha de género
La académica Josefa Aguirre está en una cruzada que busca entender por qué las mujeres ganan menos y tienen peores empleos. Se ganó un Fondecyt de 90 millones de pesos para investigar y el Ministerio del Trabajo y la Universidad de Columbia tienen puestos los ojos en ella.
Por: Isabel Ovalle
Publicado: Domingo 8 de noviembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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“¿Por qué crees que una mujer que estudió ingeniería civil, después de 12 años trabajando, gana mucho menos que un hombre? Y, ¿por qué hay menos gerentas mujeres o pocas senadoras?”, plantea la profesora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica, Josefa Aguirre (33).
Según la experta, definitivamente falta entender y estudiar las causas que provocan esa brecha de género. Y ella se propuso hacerlo. Así, postuló a un Fondecyt de Iniciación, y hace dos semanas, ganó el concurso de apoyo que el gobierno entrega a académicos en su etapa inicial. A través de éste espera establecer si promover la participación de mujeres en áreas de estudios de altos ingresos podría contribuir a reducir las brechas de género entre otros aspectos.
“Las mujeres están subrepresentadas en carreras como ingenierías o tecnología que son justamente donde hay mejores remuneraciones, y apenas un 25% está en altos cargos lo que significa una pérdida de capital humano enorme”, explica.
La tesis
Su foco está en encontrar el impacto causal: cuánto hubiera ganado una mujer si hubiera elegido una ingeniería versus una carrera humanista. Encuestó a más de 5 mil egresados de ingeniería entre 2000 y 2018 -con datos proporcionados por los ministerios del Trabajo y Educación-, y con las conclusiones armará dos papers que concluirán, por ejemplo, por qué las mujeres no eligen áreas como finanzas, minería o electricidad para trabajar o desmitificar la idea que la maternidad puede aguar el futuro laboral de una ingeniera civil.
Los $90 millones del fondo lo destinará a la ejecución de un cuestionario y la contratación de investigadores asistentes. Los resultados los espera presentar ante una comisión de la Universidad de Columbia con el fin de escalar esta bandera a nivel internacional y proponer políticas públicas.
El ministerio del Trabajo, a través de la subsecretaría liderada por Fernando Arab, ya mostró interés en el trabajo de Josefa y su equipo conformado por Juan Matta y Ana María Montoya. “No se trata sólo de fomentar la admisión de mujeres a carreras de ingenierías o tecnología, si no que el ecosistema sea consistente para que se puedan desarrollar de la misma manera que un hombre”, apunta la ingeniera.
La realidad
En 2014 estudió un doctorado en la Universidad de Columbia en Nueva York. Entonces, confiesa, se sintió parte de esa minoría “natural” propia de ambientes académicos conservadores y competitivos donde el grueso de sus compañeros eran hombres, y en los que había pocas referentes femeninas. En ese momento conoció a la ingeniera civil industrial y académica de PUC, Verónica Cabeza, quien la motivó a estudiar la relación entre economía y educación.
Para Josefa, Chile es un país sexista. Los datos lo confirman. Según el World Values Survey, cerca de un 34% cree que cuando los trabajos son escasos se le debería dar prioridad a hombres sobre mujeres. La misma fuente muestra que un 36% de los chilenos cree que si la mujer gana más que su marido podría causar problemas en el hogar, que más de la mitad de los chilenos piensa que la mujer debe estar al cuidado de los hijos y que son los hombres quienes deben proveer los recursos económicos. Estos números se observa también en países como Brasil, Colombia, México y Perú.
“Tener más mujeres y mejor posicionadas en la fuerza laboral contribuye a generar ambientes más inclusivos para ellas además de mejorar su networking”, comenta. Pero según sus estudios, la realidad no es así: las mujeres en Chile tienen la mitad de probabilidad que los hombres de tener un cargo gerencial y sólo el 8% de asientos en directorios de compañías grandes y apenas el 23% de asientos en el Congreso.
Con el fondo espera contribuir en políticas que impulsen el empleo femenino. En particular, contar con establecimientos educacionales y de cuidado de calidad para sus hijos y así compatibilizar trabajo y maternidad. Fomentar la flexibilidad laboral y el trabajo part-time es también relevante. En este sentido la actual pandemia y el aumento del teletrabajo podría contribuir a impulsar una transición.

Madres trabajadoras, hijas trabajadoras
“En el contexto actual en el cual la tasa de participación laboral femenina ha caído producto de la pandemia, puede influir sobre las actitudes futuras respecto al rol de la mujer”, señala la profesora de la escuela de gobierno de la PUC. Estudios internacionales indican que mujeres con madres trabajadoras tienen una mayor probabilidad de trabajar y que hombres con madres trabajadoras tienden a casarse con mujeres que trabajan. Así, las visiones culturales que se transmiten al interior de la familia son importantes a la hora de explicar cambios en las tasas de participación laboral femenina.
De la misma manera, la crisis actual le preocupa por el impacto que puede tener sobre las carreras laborales de las mujeres. El cierre de establecimientos educacionales ha aumentado la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Dado que el fenómeno recae especialmente sobre ellas, es posible que disminuyan sus posibilidades de acceder a altos cargos en el futuro.
“Promover una mayor corresponsabilidad al interior del hogar es fundamental para aumentar la participación laboral femenina. En este sentido, políticas que fomenten la participación de los padres en el cuidado de los hijos podrían contribuir a generar cambios de largo plazo”, concluye.
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