La chilena socia del VC en deeptech más antiguo de Nueva Zelanda
A sus 37 años, la ingeniera originaria de Osorno, María José Álvarez, es la única chilena en la primera línea del venture capital neozelandés. Como socia y managing partner de WNT Ventures, fondo especializado en deeptech actualmente valorado en US $ 50 millones, hoy “MJ” lidera el levantamiento de un cuarto fondo, el más grande en la historia de la firma. Aquí, un repaso por la trayectoria de la ingeniera que partió emprendiendo en sus pasillos universitarios.
Por: Catalina Vicuña
Publicado: Sábado 6 de septiembre de 2025 a las 21:00 hrs.
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María José Álvarez (37) se conecta a la reunión con 12 horas de diferencia horaria, desde Hong Kong, China. Su viaje, cuenta, responde a motivos laborales. El domingo llegó a la ciudad de Shenzhen y la próxima semana partirá a Taiwán para luego ir a Europa.
Oriunda de la Región de los Lagos, la ingeniera en biotecnología explica que está buscando y estableciendo relaciones de confianza con potenciales socios inversionistas para WNT Ventures, el fondo de capital de riesgo especializado en deeptech más antiguo de Nueva Zelanda -actualmente valorado en US$ 50 millones- en el que la chilena participa como socia y managing partner desde 2023.
Orgullosa, Álvarez asegura que hoy es la única chilena -e incluso latina- involucrada en la primera fila de la industria Venture Capital en el continente oceánico. Esa presencia, dice, le ha dado un gran reconocimiento en la región.
En 2015, recién egresada de la Universidad Andrés Bello, la ingeniera viajó a Nueva Zelanda para cursar un magíster en la Universidad de Auckland enfocado en ciencia y negocios. Una vez allá, cuenta, la latente oportunidad de entrar en el mundo del VC -que para ese entonces no era tan grande como hoy, precisa- le fascinó.
Entonces, “MJ”, como le llaman en el país oceánico, no se fue más.
El hecho de ser latina en un mercado como Nueva Zelanda te da una diferencia: a la gente le llama la atención saber sobre tu historia, qué te llevó a venir para acá, etc. Creo que eso sumado a mi personalidad me ayudó un montón a abrir puertas
Nueva York, Viña, Nueva Zelanda
Desde pequeña, María José Álvarez cuenta que siempre quiso salir de Chile a “ver el mundo”. En Osorno, su ciudad de origen, “fui la típica niña top de la clase, presidenta de curso, estaba en el grupo de debate, fui presidenta del centro de alumnos... todas esas cosas ligadas al liderazgo”, rememora.
A los 19 años, cuando egresó de cuarto medio, se trasladó a Santiago y entró a Ingeniería Civil Bioquímica en la PUC. El cruce entre ambos rubros le llamaba la atención. “Yo sabía que quería mezclar los negocios con la ciencia y pensé que esa carrera iba a ser un vehículo para eso”, cuenta Álvarez. “Pero, cuando entré, me di cuenta de que la carrera estaba mucho más orientada a la industria, al detrás de escena”, añade.
Entonces, cuenta, decidió salirse.
Mientras decidía qué hacer, Álvarez se fue a Nueva York a trabajar. Esa experiencia “amplió la visión del mundo que conocía”, dice. Trabajar como housekeeper en un hotel, prosigue, le enseñó cómo tratar con personas de carácter difícil -que, muchas veces, no respetaban su trabajo- e hizo más sólida su visión de cómo funcionaba la vida fuera de Chile.
De vuelta en el país, se matriculó en Ingeniería en Biotecnología en la UNAB, en la sede de Viña del Mar. Insistió en el mundo de la ciencia, explica, porque “aprender de ciencia era aprender a aprender otras cosas. Te ayuda a tener curiosidad para saber más de cualquier otro tema”, reflexiona.
En segundo año de la carrera, cuenta, tuvo su primer acercamiento con el mundo startup: para un ramo de emprendimiento, junto a dos compañeros, María José creó un método para extraer antioxidantes del vino y reutilizarlos en cosméticos o preservación de alimentos.
La idea, que llamaron VIDaOX, fue un éxito. El grupo ganó un concurso de la universidad que les entregó $ 1 millón en financiamiento; se certificaron con el instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos; recibieron fondos de Corfo e incluso llegaron a trabajar directamente con viñas.
A mí me enorgullece mi país y siempre lo digo: yo creo que Nueva Zelanda tiene mucho que aprender de Chile”.
Cuando salió de la universidad, sus compañeros y ella dejaron el negocio. “En retrospectiva, esa experiencia me enseñó un montón en cuanto a formación de empresa, levantar capital, trabajar con inversionistas, con socios, etc. (...). Pero ahí me di cuenta de que, si bien me gustaba la parte científica y de negocios, lo que había aprendido servía mucho más para ayudar a otras personas antes que para empezar otra empresa”, reflexiona.
A los tres meses de egresada de la universidad, Álvarez tomó un pasaje de ida a Nueva Zelanda. ¿Por qué ese destino? La chilena hace memoria y cuenta que, tiempo atrás, había visto un reportaje en Tele13 donde se comentaba que el país oceánico tenía una de las mejores calidades de vida y los mayores avances en tecnología.
“Lo sentí en el estómago. Dije: ‘Yo quiero estar ahí’”.
Entrar al mundo deeptech
Para darle seguridad y confianza a su familia sobre su destino, Álvarez postuló a un máster en Bioscience Enterprise, carrera que sólo dictan dos universidades en el mundo: la de Auckland y la de Cambridge. El quedar seleccionada, cuenta, le significó dos préstamos al banco para financiar su primer año de estudios en el país oceánico.
Ya aterrizada en tierras neozelandesas, MJ dice que su paso por la universidad le ayudó a crear redes y empezar a conocer a fondo el ecosistema científico y tecnológico de la región. “Y yo creo que la ventaja que tenemos los chilenos es que nosotros sabemos crearnos oportunidades”, reflexiona. “El hecho de ser latina en un mercado como Nueva Zelanda te da una diferencia: a la gente le llama la atención saber sobre tu historia, qué te llevó a venir para acá, etc. Creo que eso sumado a mi personalidad me ayudó un montón a abrir puertas”, añade.
Sus primeros trabajos part time, cuenta, fueron como repartidora de flyers en la calle para una farmacéutica con la que, más tarde, trabajó como traductora -al español- de componentes e incluso como la voz de sus comerciales para Latinoamérica.
En 2017, se adentró de lleno al mundo del Venture Capital. Entre ese año y 2020 ayudó a invertir y gestionar el primer fondo creado por el brazo comercial de la Universidad de Auckland dirigido a startups fundadas por estudiantes. En 2020 entró como analista de inversiones senior a la firma NZ Growth Capital Partners, en la que gestionó el financiamiento de más de 50 startups por un monto cercano a los US$ 26 millones. Y a finales de 2021, fue invitada a entrar como investment manager a WNT Ventures, su lugar de trabajo actual.
La chilena explica que la firma fue fundada en 2014 por tres familias de emprendedores de alto renombre en Nueva Zelanda originarias de la ciudad de Tauranga: Steven Saunders, fundador de Robotics Plus; Beppie Holm, de la empresa de impresiones RAM3D; y Peter Wren Hilton, fundador de la agritech Wharf42.
WNT tiene foco en tecnologías que involucran ciencia, salud, medioambiente o computación cuántica para solucionar problemas complejos. Hasta la fecha, la empresa contempla un portafolio de 32 startups y han cerrado tres fondos con ayuda del estado de Nueva Zelanda. El más reciente, en diciembre del año pasado con US$ 13,5 millones que llegaron a 12 emprendimientos. Sobre el éxito de las startups en las que han invertido, asegura que hoy son el único fondo de Nueva Zelanda que ha devuelto capital a sus inversionistas durante los últimos seis años.
En marzo de 2023, MJ Álvarez pasó a ser managing partner -socia gerenta- de la firma y dueña de la mitad de ésta. La otra mitad, precisa, hoy le pertenece a su socio neozelandés, Carl Jones. Actualmente, la chilena está trabajando en el cuarto fondo del VC, el más grande de su historia. Su meta, adelanta, es levantar entre US$ 20 a 35 millones con inversionistas de más de 10 países para financiar a 15 emprendimientos.
María José Álvarez y su socio Carl Jones
¿Aprender de Chile?
En los últimos 10 años, MJ Álvarez ha visitado Chile tres veces. “Por mí yo iría todos los años, pero la verdad es que es difícil con todos los viajes que tengo por trabajo. Ir a Chile significa no ir a otra parte, entonces es como un trade off”, dice. Su última vez en el país fue en diciembre pasado y se quedó por cinco semanas.
- De esa visita, ¿cómo viste el ecosistema tecnológico chileno?
- Creo que están mejor de lo que piensan. El nivel de innovación, de emprendimiento y de capital allá no tiene comparación con el resto de Sudamérica. También he visto lo grandes que están los Corporate Venture Capital, cosa que en este lado del mundo no se ve mucho. Además, noto que hay más ejemplos de unicornios y exits. NotCo, por ejemplo, que es una de las empresas que más me gusta. Y otra cosa muy potente hoy en Chile es el gran financiamiento a startups que existe por parte de universidades. Eso no existía 10 años atrás.
Eso sí, la chilena añade: “Veo que falta un poco más de financiamiento para el mundo deeptech en Chile, porque la mayoría, por lo que veo, es e-commerce, fintech y software. Es algo obvio, porque ese mercado es inmediato, pero yo creo que la única manera en que vamos a enfrentar los desafíos y todas las cosas que están viniendo en la humanidad es con ciencia: climatech, healthtech, biotecnología, energías sustentables, etc. (...) Creo que esa es un área que todavía puede crecer más. Pero a mí me enorgullece mi país y siempre lo digo: yo creo que Nueva Zelanda tiene mucho que aprender de Chile”.
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